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Si es tiempo del fintech islámico ¿por qué no de las «fintechs éticas»?

Finanzas éticas

Desde el gobernador del banco central malayo a los responsables de las zonas de desarrollo especial del Golfo, en estas semanas ha sido constante el llamamiento  a la banca islámica para dar el salto al fintech. Hay desde luego razones de oportunidad implícitas:

  • Posiblemente, el mercado musulmán asiático tendrá una inflación en los precios del sector alimentario durante el próximo año debido al fenómeno del Niño, con lo que la demada de créditos al consumo, adelantos de nóminas, etc. entre la gran masa de desbancarizados se multiplicará.
  • En Africa, el otro gran espacio de la banca islámica, las fintech dedicadas al crédito sin colaterales, están sofisticándose cada vez más y aumentando la masa de usuarios. Empresas como Finca, con 1.8 millones de clientes, están demostrando la existencia de un mercado que hasta hace poco los grandes agentes del sector consideraban marginal o demasiado arriesgado.

Pero también hay razones desde la perspectiva del cambio social y cultural: el Islam crece en Africa. Su peso crece no solo poblacionalmente sino también identitariamente, en buena parte del continente y con él, la banca islámica, prestigiada por su participación en proyectos de desarrollo puede encontrar nuevos nichos en las clases medias ascendentes del Magreb y Egipto… pero también del Este africano.

Es este elemento identitario el que llevaría a plantearse la oportunidad de su equivalente europeo: el salto de las «finanzas éticas» a las «fintech éticas». 

Cuando los dos grandes bancos españoles superan en los últimos estudios el 35% de rechazo de marca y algunos bancos intervenidos llegan casi al 75%, no debe extrañarnos que en una reciente encuesta a los 5.000 usuarios de la principal plataforma española de préstamo p2p, las principales razones de participación mencionadas sean la utilidad social de financiar a PYMEs y el deseo de no trabajar con la banca minorista establecida.

El sesgo generacional del usuario fintech europeo se solapa además con el perfil del ciudadano que siente rechazo a la banca y el deseo de formas de interacción financiera en la que sienta «control sobre lo que se hace» con su dinero. Las apps además exigen menos compromiso que la apertura de una cuenta bancaria, por lo que es muy posible que  el mercado potencial sea mayor que el de la «banca ética» que no acaba de desprenderse de la asociación con un perfil de cliente militante.

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