Blog

Tim Berners-Lee

Hace unos años, señalaba la neutralidad de la red o la privacidad como los principales retos a los que se enfrentaba Internet. Si tomabas a alguien al azar de la calle, te decía que la Web era genial. Ahora, te dirá que no es digno de confianza, que es un lugar donde te sientes manipulado, donde has perdido el control… Por eso imaginamos el «contrato para la Web», que requiere muchos cambios, especialmente para las empresas de nuevas tecnologías. También pide a la gente, a los gobiernos, que discutan lo que necesitamos para hacer de la Web un lugar mejor y más abierto.

…Creo que la gente debería tener control sobre sus datos, acceder a ellos, hacer cosas interesantes con ellos. El hecho de que los datos personales se almacenen y queden atrapados en silos ha hecho que la gente pierda poder: si quiero trasladar mis datos de LinkedIn a Facebook, es demasiado complicado. La gente ha perdido poder, incluyendo el poder de compartir con quien quieran. Devolver el poder al individuo significa permitirle utilizar un software que integre sus datos en la vida cotidiana, utilizar la inteligencia artificial y cosechar los beneficios. La gente no se da cuenta del poder que sus datos podrían darles.

Para Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web, Internet ha llegado a un punto de no retorno. Su propuesta para recuperar Internet se basa en devolver al usuario el control de sus datos. Desde 2016 trabaja con el MIT en un proyecto de código abierto llamado «Solid». El objetivo: crear un nuevo sistema de gestión de datos personales para «capacitar» a los usuarios de Internet sobre sus datos. Esta plataforma, aún en sus primeras etapas, permitiría separar los datos generados al utilizar servicios y aplicaciones. Así, cada usuario de Internet podría poseer sus datos, almacenándolos en una especie de caja fuerte digital (cápsulas en el servicio en nube que elija). También podría decidir qué tipo de datos quiere compartir y con quién.

El informático británico, crítico habitual del poder de los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), no duda en pedir de forma abierta la descentralización de Internet en cada conferencia o entrevista que concede. Sin embargo, para que «Solid» pueda funcionar necesita de su colaboración ya que los prestadores de los servicios deberían desarrollar sistemas de compatibilidad entre sus plataformas y «Solid». Aunque parezca tarea difícil no es imposible, más cuando ya han dado un gran paso. Meses atrás, Google, Facebook, Microsoft y Twitter anunciaron la portabilidad de datos entre sus diferentes servicios. Según Berners-Lee, esta iniciativa demuestra que

las empresas «admiten explícitamente que, desde un punto de vista ético y filosófico, los usuarios tienen derecho a sus datos».

En el mundo de Solid, por ejemplo, se nos asignará al entrar un identificador personal y un personal online data store (POD), un lugar de almacenamiento de datos individual, sobre el que tenemos control absoluto. A partir de ahí, nada de contraseñas, aplicaciones que no se comunican unas con otras o archivos privados almacenados quien sabe donde.

Contrato para la Web - projecto de Tim Berners-Lee

Un nuevo contrato para Internet

En el Web Summit de 2018 celebrado en Lisboa, Tim Berners-Lee presentó un nuevo contrato para Internet cuyo objetivo es proteger a Internet de la manipulación y hacerla «segura y accesible» para todos. Esta campaña, llamada #ForTheWeb, busca sensibilizar a usuarios, empresas y gobiernos. Propone una serie de compromisos básicos a partir de los cuales se elaborará mediante un proceso participativo un «Contrato para la Web» completo, que establecerá las funciones y las responsabilidades de los gobiernos, las empresas y los ciudadanos.

Los gobiernos se comprometen a:

  • Asegurarse de que todos y todas puedan conectarse a Internet: De manera que cualquier persona, sin importar quién sea o dónde viva, pueda participar activamente en línea.
  • Mantener todo Internet disponible, todo el tiempo: De manera que a nadie se le niegue su derecho de acceso completo a Internet.
  • Respetar el derecho fundamental de las personas a la privacidad: De manera que todos y todas puedan usar Internet libremente, de forma segura y sin miedo.

Las empresas se comprometen a:

  • Hacer que Internet sea accesible y asequible para todos y todas: De manera que nadie quede excluido del uso y el desarrollo de la web.
  • Respetar la privacidad y los datos personales de los consumidores: Para que las personas tengan el control sobre sus vidas en línea.
  • Desarrollar tecnologías que apoyen lo mejor de la humanidad y desafíen lo peor: De manera que la web sea realmente un bien público en donde prevalece el interés de las personas.

Los ciudadanos se comprometen a:

  • Ser creadores y colaboradores en la web: De manera que la web tenga contenido rico y relevante para todos y todas.
  • Construir comunidades fuertes que respeten el discurso civil y la dignidad humana. Para que todos y todas se sientan seguros y bienvenidos en línea.
  • Luchar por la web. Para que la web permanezca abierta y sea un recurso público global para las personas de todas partes, ahora y en el futuro.

Hasta el momento, los gobiernos de Francia, Alemania y miles de empresas y organizaciones han suscrito los compromisos de partida.

  • Miembros del núcleo «duro»: Google, Microsoft, Gobierno de Francia, Gobierno de Alemania, AnchorFree, Change.org, CIPESA, The NewNow, y WWW Foundation.
  • Miembros del Grupo de Trabajo: Aproximadamente 100 representantes de empresas, instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil.
  • Firmantes: Más de 8.000, y sumando

The Western Journal - Cabecera

Parece claro que la política editorial de The Western Journal es manipuladora, que sus contenidos son en exceso partidistas y que la ética periodística no es lo suyo. Pero no es menos cierto que las tecnológicas están jugando sucio.

Puede que no sea un nombre muy conocido, pero pocas publicaciones han tenido el alcance y la potencial influencia en la política estadounidense como The Western Journal. Su cuantiosa audiencia ha eclipsado a muchas de las plataformas de noticias más grandes del país. Hablamos, según algunos medios, de más de 36 millones de personas de fuerte tendencia conservadora, que si bien consumen a diario su información no saben gran cosa sobre la compañía, ni sobre quién está detrás de ella.

En una investigación del New York Times, Nicholas Confessore y Justin Bank descubrieron que The Western Journal, dedicado a alimentar la indignación y a elaborar un relato donde los conservadores y sus valores son objeto de constantes ataques, está en el medio de un virulento enfrentamiento entre Silicon Valley y Washington. The Western Journal ha luchado por mantener su audiencia a través de los cambios algorítmicos de Facebook y Google destinados a reducir la desinformación, acciones que los líderes del medio ven como evidencia de sesgo político.

A continuación ofrecemos un resumen ejecutivo de los hallazgos y conclusiones de la investigación.

La publicación no hace casi ningún reportaje original, sino que selecciona, agrupa y edita historias que encuentran en otros lugares y que encajan en los discursos de la derecha. En su funcionamiento, el editor es el responsable de la selección de una historia adecuada para la transmisión de su mensaje, la envía a un grupo de escritores externos contratados que tienen un tiempo medio de 30 minutos para escribir una historia. La mayoría de estos grupos no trabajan por tanto en la redacción como tal.

En su sitio web de noticias y opiniones, los usuarios, nacionalistas conservadores, se encuentran con asaltos continuados de fanáticos anticristianos, migrantes enfermos y simpatizantes de Trump falsamente acusados de delitos de odio. También con artículos sobre un político mexicano que amenaza con la toma de posesión de varios estados americanos, oficiales de policía que son expulsados de un Starbucks en Arizona, o reportajes en profundidad sobre Kamala Harris, la candidata presidencial demócrata que propone ayudas por 100 mil millones de dólares para familias negras.

A pesar de su creciente auge existe un manto de opacidad sobre The Western Journal. Aunque publica decenas de artículos cada semana sobre política nacional, la empresa no tiene redacción u oficina en Washington ni en otro lugar. De hecho, rara vez envía periodistas a eventos para recoger noticias de primera mano y hasta hace poco, algunos de sus escritores más prolíficos utilizaban seudónimos.

Este modelo funcionó sorprendentemente bien durante un tiempo. De marzo de 2016 a marzo de 2019, es decir, en tan solo tres años, las publicaciones del Western Journal en Facebook consiguieron 750 millones de acciones, likes y comentarios; casi tantos como el total sumado de 10 organizaciones de noticias líderes en Estados Unidos.

Pero los gigantes tecnológicos entraron en acción y comenzaron a limitar el alcance del medio. Google News lo incluyó en su lista negra al identificar prácticas empresariales engañosas, Apple News hizo lo mismo alegando que The Western Journal producía historias que promovían «puntos de vista rechazados abrumadoramente por la comunidad científica». Facebook rebajó su calificación después de que sus contenidos quedaran repetidamente en evidencia en los sitios de verificación de datos.

El fundador de The Western Journal, Floyd G. Brown, es un activista político que ha elegido las letras como arma. Comenzó su carrera con el diseño del anuncio oficial del candidato republicano Willie Horton durante la campaña presidencial de 1988. Los vídeos mostraban fotos de un condenado por asesinato de raza negra para avivar los temores de que el candidato demócrata, Michael Dukakis, fuera blando con el crimen. En la década de 1990, creó y vendió teorías de la conspiración sobre Bill Clinton e investigaciones para la oposición. En la década de 2000, ayudó a formar una red de comités de acción política que hicieron anuncios atacando a Barack Obama, incluidos los virales que presentaban a Obama como posible musulmán secreto. The Western Journal también tiene vínculos inusualmente estrechos con un PAC pro-Trump, America Fighting Back, del que Brown es presidente.

Los directivos del medio no aceptaron las explicaciones dadas por las tecnológicas sobre por qué la publicación había sido rebajada o suspendida, haciéndose eco de la queja común en los medios conservadores de que las big tech estaban contra ellos.

Con Patrick Brown, hijo del fundador, al frente comenzaron una serie de cambios para implementar prácticas de los medios de comunicación tradicionales. Lanzaron una página de correcciones y contrataron a editores del periodismo tradicional. Eliminaron miles de artículos antiguos, publicaron estándares editoriales y rebautizaron su ejército de páginas de Facebook para vincularlas a una sola marca. El resultado, aunque creciente, les ha dejado en un volumen de aproximadamente la mitad de su tamaño anterior. Pero además de la estrategia de contenidos, los Brown han anunciado el lanzamiento de una aplicación destinada a eludir la censura de las Big Tech.

Los esfuerzos de Silicon Valley por tomar medidas enérgicas contra las fake news y las campañas de desinformación han reducido el tráfico hacia The Western Journal. «Facebook ha decidido sacar del negocio a The Western Journal», escribió Floyd Brown en un correo electrónico en junio a los 1,6 millones de suscriptores del boletín informativo del sitio.

Incluso algunas figuras de la extrema derecha han sido expulsadas de medios sociales por violar las reglas contra la incitación al odio. Por su parte, políticos y activistas republicanos han alegado que las tecnológicas están censurando injustamente a la derecha, amenazando la capacidad de los conservadores para influir en la opinión pública y ganar las elecciones. El mismo Presidente Trump ha sido el principal impulsor de estos ataques a las tecnológicas. Aunque él y sus ayudantes atribuyeron una vez su victoria en 2016 al poder de Facebook y Twitter, ahora acusan rutinariamente a las mismas compañías de parcialidad. En el mes de julio, el presidente Trump organizó una «cumbre de medios sociales» en la que participaron activistas conservadores que afirman haber sido censurados por servicios online. Es más, la administración Trump está redactando una orden ejecutiva que impondría la supervisión federal de las políticas de moderación de contenidos de las plataformas, lo que supone un sorprendente alejamiento de décadas de ortodoxia desreguladora de los republicanos.

Por su parte, la empresa matriz del Western Journal contrató los servicios de un cabildero de Washington para mostrar su oposición a la censura digital. En su propio medio han ido publicando una serie de artículos y estudios internos que afirman que las nuevas normas de Silicon Valley han discriminado a los editores y políticos conservadores. Los Brown también han tratado de unirse a la cruzada del presidente Trump contra Sillicon Valley, enviando a Herman Cain, el antiguo candidato presidencial y destacado colaborador del Western Journal, como representante en la cumbre sobre social media celebrada de la Casa Blanca en el mes de julio. Un día antes del arranque de la cumbre, Facebook restauró la página principal de The Western Journal.

«Estamos comprometidos con la verdad», dijo Patrick Brown. «Somos gente de verdad. Somos una empresa de medios digitales», continuó. «No somos desinformación».

Tanto Facebook como Google han negado que censuren sistemáticamente las opiniones conservadoras. Muchos casos de supuesta censura han sido rastreados para identificar si el comportamiento de usuarios asociados a The Western Journal fue el desencadenante de las medidas tomadas por las redes sociales. En este sentido, el propio Facebook informó de la suspensión de la cuenta del director de social media de The Western Journal porque había sido identificada como un bot y en consecuencia se habían aplicado las medidas contra spam y suplantación de identidad pertinentes.

«Aplicamos nuestras políticas de forma enérgica, coherente y sin tener en cuenta las tendencias políticas percibidas de cualquier sitio», afirmó Maggie Shiels, portavoz de Google.

El 20 de agosto, se hicieron públicos los resultados preliminares de un informe encargado por Facebook al ex senador estadounidense Jon Kyl con el objetivo de revisar de forma externa las denuncias de censura. El informe, titulado «Covington Interim Report» concluye que

«las políticas de Facebook y su aplicación pueden restringir la libertad de expresión» y que, «dada la popularidad y ubicuidad de la plataforma, se trata de un peligro que debe tomarse muy en serio».

Facebook ha reconocido la importancia de nuestra evaluación y ha tomado algunas medidas para abordar las preocupaciones que hemos descubierto. Pero aún queda mucho trabajo por hacer para satisfacer las preocupaciones que hemos escuchado de los conservadores y, a medida que avancemos, seguiremos analizando los temas que más les preocupan.

Por su parte, Facebook dijo que haría más transparentes sus políticas de moderación de contenidos.

El debate sobre la censura pone de relieve el enorme poder de las plataformas tecnológicas y la opacidad, a veces desconcertante, con la que lo ejercen. Las políticas de actuación en constante evolución y los procedimientos secretos de aplicación de Silicon Valley determinan cómo fluyen las noticias a miles de millones de personas. El resultado es que los esfuerzos de adaptación de la industria han perturbado tanto las estrategias políticas como los modelos de negocio, especialmente para los conservadores.

Los sitios de noticias altamente partidistas de la derecha superan en número a los de la izquierda, según un recuento publicado el otoño pasado por la empresa de análisis NewsWhip. El estudio señala que los lectores conservadores dependen significativamente más de los sitios hiperpartidistas para obtener noticias que los liberales, pero eso no es esencialmente algo malo. El mismo estudio también señala que Facebook en sí mismo sigue siendo una fuente importante de noticias para los estadounidenses mayores, que serán el centro de la suerte electoral de los republicanos el próximo año.

Parece claro que la política editorial de The Western Journal es manipuladora, que sus contenidos son en exceso partidistas y que la ética periodística no es lo suyo. Pero no es menos cierto que las tecnológicas están jugando sucio, aplicando de forma arbitraria sus políticas de control de contenidos para perjudicar a este y otros medios, por la simple razón de que pertenecen al bando político contrario.

Debemos luchar contra la manipulación informativa, la desinformación y las fake news pero no puede ser a costa de vender nuestra alma al diablo y caer tan bajo como el rival. Debemos ponerlos en evidencia y buscar herramientas para que la maledicencia y la conspiración caigan por su propio peso, pero en cualquier caso, sin trampas.

Crickhowell campaña impuestos

En 2015, en un pequeño pueblo turístico de Gales, Crickhowell, los orgullosos y pequeños comerciantes locales decidieron rebelarse y darle una lección al gobierno. Empezó con la apertura de un supermercado perteneciente a una gran cadena. El rechazo al gran distribuidor «de fuera» muchas veces procede de un localismo exacerbado, de un pueblerinismo cansino, pero en este caso, el tema era más interesante.

La idea de que una gran empresa -sea un hipermercado, una planta de ArcelorMittal o una sede de Google- se instale en tu territorio, creando cientos o miles de puestos de trabajo, incluso empleos cualificados, atrae a cualquiera, sobre todo a las administraciones públicas de las que depende que eso se haga realidad y que se llevarán los laureles por ello.

Sin embargo, todos sabemos que la instalación de esa empresa conlleva exenciones impositivas, acuerdos ventajosos para tarifas eléctricas, donaciones de suelo, edificios, etc. En muchos casos, esas negociaciones con la administración se convierten en puro chantaje por parte de las grandes empresas, que amenazan con llevarse su planta a otro lado, dejando a miles de trabajadores en la calle si no se les da lo que piden. A veces, simplemente la empresa factura desde un lugar fiscalmente ventajoso y por tanto no devuelve apenas en impuestos aquello que se regaló. El puesto de trabajo, al final, resulta bastante caro a la administración.

El trabajador de la gran empresa, dependiente por completo de las decisiones de los de arriba, quizá preferirá que se ceda al chantaje. El pequeño empresario, sin embargo, que mientras sostiene al país con sus impuestos ha de sufrir los abusos del Estado, los precios del suelo y luchar por que la factura de la luz y los impuestos no lo arruinen, puede no verlo de la misma manera.
Volviendo a Crickhowell, todo empezó con la preocupación de los pequeños comerciantes locales por una pérdida de clientes ante la llegada de la gran superficie, un viejo debate. Pero la cosa se puso seria cuando éstos descubrieron que la gran cadena no pagaba apenas impuestos gracias a ciertos mecanismos legales de elusión propios de las grandes empresas multinacionales. La indignación pasó a mayores al enterarse de que esta empresa no era una excepción. Cuando uno de ellos descubrió que su pequeño comercio pagaba (proporcionalmente) 7 veces más impuestos que Facebook, decidieron pasar a la acción.

Los pequeños comerciantes locales se unieron. A la cabeza estaban la cafetería, el ahumador local de salmones, la óptica, la tienda de ropa de aventura, la panadería y la librería. Juntos, diseñaron un plan de impuestos DIY que presentaron ante el HMRC (Her Majesty’s Revenue and Customs) y que imita las prácticas de elusión (que no evasión) de grandes empresas como Google, Facebook, Apple, Starbucks o Caffe Néro en Gran Bretaña. Todo legal. El objetivo real, era, sin embargo, que la BBC filmara todo el proceso, que incluyó visitas de los comerciantes a la Isla de Man o a las islas Caimán. El resultado fue un documental, «The Town That Took On The Taxman», que se emitió en BBC 2 en 2016, con la idea de ampliar la campaña de protesta a nivel nacional.
Todos afirmaron que no tienen nada en contra de pagar impuestos y que siempre han pagado hasta el último céntimo exigido por la ley. Lo que no estaban dispuestos a dejar pasar por más tiempo, es que sus competidores más grandes y poderosos jugaran con ventaja mientras ellos financiaban los servicios públicos.

El popular cómico británico, Heydon Prowse, presentador del documental, comentó que «tan pronto como se tapa un agujero en la ley contable, se abre otro. Los comerciantes de Crickhowell están hartos y cansados de soportar la carga de todo el sistema. A ellos no les invitan a esas reuniones íntimas con los jefazos del HMRC, a las que sí van las grandes corporaciones, y sin embargo son la columna vertebral de la economía británica».

Aunque pagar proporcionalmente lo mismo que Google debe producir un gran placer, su innovador plan fiscal no dejaba de ser una reivindicación, una petición para que el gobierno haga más justo el sistema de pago de impuestos para las empresas. Esa fue la razón última del documental y también de su amenaza de compartir ese conocimiento con otras localidades, para dar lugar a una verdadera rebelión fiscal.

Unos meses después de que saltara la noticia, justo antes del estreno del documental, el grupo de comerciantes volvió a aparecer en los medios de comunicación denunciando las presiones de los tories, en concreto del diputado conservador por Gales Lord Crickhowell, que según declararon, se había puesto en contacto varias veces con ellos para instarles a abandonar su campaña y apoyar al ministro Osborne, que según él era una víctima más de un sistema fiscal injusto pero inevitable.
En uno de los e-mails, Lord Crickhowell llegó a amenazar con no apoyar un debate parlamentario sobre el sistema fiscal si el grupo no modificaba su estrategia. Después de una reunión presencial con él, Steve Lewis, dueño del Café del pueblo y líder del grupo en ese momento, se quejó de su condescendencia, su paternalismo y sus aires de superioridad, tratándoles «como a una banda de campesinos que no entienden como funciona ‘el gran juego’».

Lewis afirmó entonces que el resto de comerciantes consideraba el estreno del documental como el final de la campaña mientras que él lo consideraba el principio. Estaba dispuesto a llegar a los tribunales incluso si ello suponía perder el apoyo del resto del grupo. El referendum del Brexit cambió el foco de la atención mediática poco después. La plataforma de recogida de firmas «Fair Tax Town» sigue activa.

Inteligencia Artificial

Los chatbots se han incorporado a la industria del seguro, hasta ahora, de forma mayoritaria en áreas de gestión administrativa y reclamaciones. Tras estas primeras experiencias las empresas estudian cómo incorporar la inteligencia artificial a procesos más complejos como la toma de decisiones.

Seguramente los chatbots con mayor repercusión han venido de la mano de nuevas empresas fintech e Insurtech; es el caso de Lemonade, que tiene a Maya, para suscribir pólizas y a Jin, que se encarga de las reclamaciones. En Europa, SPIXII, se ocupa de la venta de pólizas de automóvil, el nuevo asistente virtual, Kate, puede contestar preguntas sobre coberturas de la póliza y dar información sobre facturas y cargos. Entre las aseguradores tradicionales, Allianz utiliza a Allie para dar asistencia 24/7, Marc es el robot de Credit Agricole para el seguro de salud.

Sin embargo son muchas las que todavía no han dado sus primeros pasos en este mundo y, antes de hacerlo, hay algunas consideraciones básicas a tener en cuenta:

  • Análisis de las cadenas de valor de los seguros para identificar los procesos susceptibles de automatizar.
  • Estudio de las implementaciones realizadas por la competencia, ya sea la empresa tradicional o los nuevos agentes.
  • Desarrollar una estrategia de transformación digital que incluya: objetivos y finalidades; diseño de arquitectura tecnológico; forma de implementación, rediseño de procesos de trabajo, transformación de la cultura corporativa, comunicación a clientes, proveedores, y comunicación pública.
  • Primar al máximo el lenguaje natural de los nuevos empleados-robot.

Nueva concepción del trabajo

Wharton School y la compañía de banca móvil Moven han publicado un libro blanco en el que abordan la relación entre Fintech y el futuro del trabajo.

Analizando el periodo comprendido entre 2005 y 2015, avanzan que si bien en EE.UU. se ha dado mucha importancia a la transformación que la sharing economy tendría en la organización del trabajo, las cifras de ocupación no terminan de respaldarla. Entre los estudios que cita se encuentra el de los economistas de Princeton y Harvard respectivamente, Alan Kruger y Lawrence Katz, y que afirman que los trabajadores on demand (que desempeñan trabajos ocasionales en plataformas de servicios tipo Uber, TaskRabbit) representan sólo el 0,5% de la fuerza de trabajo de Estados Unidos, desacreditando las afirmaciones que lo situaban en un 22%.

Para los autores del libro blanco el fenómeno al que no se ha prestado atención en relación a la nueva organización del trabajo tiene que ver con la tendencia de las empresas a estructurar plantillas flexibles. Hecho que ha supuesto el aumento significativo del número de freelance o trabajadores autónomos que ofrecen su servicio a una serie de proveedores más o menos fijos. En 2016 representaron el 16% de la fuerza laboral de Estados Unidos, frente al 10% en 2005. Algunas compañías tecnológicas aventuran que en 2020 estos nuevos trabajadores flexibles supondrán el 40% de las plantillas en 2020. Para el trabajador este hecho supone gestionar además de su tiempo, sus finanzas de una forma completamente diferente. Es ahí donde el estudio evidencia un nuevo y jugoso nicho de negocio para las soluciones Fintech. Satisfacer las necesidades de un trabajador con necesidades mucho más sofisticadas y diversas.

Jóvenes en la montaña

Uno de los analistas de Wharton Fintech analiza el funcionamiento y éxito de una aplicación para la reserva de hoteles que fue éxito de descargas en 2015 a modo de inspiración para que la banca resulte atractiva a la generación del Milenio. Las observaciones pecan tal vez de obvias y se podrían resumir en simplificar la oferta para disminuir el número de opciones que se le presentan al usuario, usar un sistema de categorización básico y ofrecer un producto lo más personalizado posible a la necesidad de cada cliente.

Para ello el banco debería ser capaz de hacer un análisis de información y determinación de perfiles que permita diseñar toda una gama de productos que tienen en común la lógica de una aplicación, un uso, aunque eso sea a costa de la sofisticación del producto.

Big Fish

Un nuevo informe publicado por KPMG, «Empower for the future, insurance reinvented», asegura que solo la mitad de los aseguradores encuestados creen que pueden obtener algún valor real de las iniciativas de transformación mientras que el 57% confesaba que sus esfuerzos hasta el momento no habían producido los resultados deseados.

Casi un tercio de los encuestados declaró que buscaba inspiración en otros sectores. Distintos analistas de KPMG insisten en que las aseguradoras están demasiado enfocadas en el cumplimiento regulatorio y están perdiendo de vista las necesidades de los clientes, una opinión que encaja con la idea de que serán los cambios tecnológicos, de la mano del fintech, los que propiciarán los cambios en los modelos de negocio.

Por otro lado PWC ha publicado otro informe de similar temática, «Opportunities await: How InsurTech is reshaping insurance». Según este informe un 48% de los aseguradores temen que hasta un 20% de su negocio se pierda a manos de empresas fintechs de nicho durante los próximos cinco años. Casi dos tercios (68%) de las compañías encuestadas dicen que han dado pasos concretos para enfrentar los retos y oportunidades fintech.

Vida rural

MetLife ha publicado recientemente dos estudios realizados en EE.UU. Uno de ellos relacionado con uno de los nichos de mercado que mas claramente despuntan en el seguro de salud: El envejecimiento.

Comunidades y relaciones intergeneracionales son los principales modelos que analiza el estudio para mostrar su impacto positivo en la salud y bienestar de las personas mayores. Por otro lado, el estudio analiza cómo las personas establecen los compromisos financieros en relación a sus familias.

Óscar Herencia, director general de MetLife para el mercado ibérico subraya que las decisiones familiares

«son tomadas en base a responsabilidades y obligaciones que difieren entre generaciones. Es curioso verificar, por ejemplo que los mileniales, están más dispuestos a ofrecer apoyo financiero a sus hijos para que cumplan sus objetivos.»

Igualmente es interesante observar cómo un porcentaje de las personas que tienen un seguro de vida aumenta a medida que avanza la edad. Los mileniales (55%) representan un segmento muy interesante de la sociedad. Parece tener sentido redoblar los esfuerzos para concienciar sobre la importancia de contar con un seguro de vida y dirigirse desde las compañías aseguradoras a una franja de edad más joven. Algo que según apuntan desde MetLife ya vienen haciendo con iniciativas en el área de educación financiera.

Modelos de negocio seguros p2p

Bajo la etiqueta «seguros p2p» existen al menos cuatro modelos de negocio diferenciados entre las startups europeas y norteamericanas.

  1. Los grupos de compra de seguros sobre perfiles comunes como Bought by Many en GB
  2. Los que complementan a las aseguradoras organizando comunidades de amigos y ofreciéndoles reducciones de las cuotas de hasta un 40% si no reportan siniestros, como Friendsurance en Alemania.
  3. Los que cubren mediante la asociación de grupos de amigos riesgos complementarios a los cubiertos por las aseguradoras. Entre estos Inspeer en Francia.
  4. Los que ofrecen seguros «completos» como Guevara (automóvil) y Cycle Sindicate (bicicletas) en GB, Be Sure y Gatherins (PYMEs) en Canadá o Common Easy en Holanda (discapacidad)

En busca de rumbo

Según el director de YNext, que agrega datos digitales para instituciones financieras, en el desarrollo de los flujos generados por el fintech se aprecian tres tendencias:

  1. Reducción de escalas de préstamos y enfoque en nichos cada vez más estrechos
  2. Roboadvisors cada vez más sofisticados y omnipresentes
  3. Enfoque hacia la generación milenio

En este último punto insistió también Rich Richie, ex-CEO de Barklays Capital, quien se destacó esta semana con unas declaraciones en las que insistía en que el fintech era «fundamental para devolver el atractivo de las finanzaas para la Generación Milenio».

  • 1
  • 2

Derechos de Ciudadanía Digital