Blog

Inversiones fintech China

Todavía bajo el shock general por la valoración de Ant (el brazo fintech de AliBaba) que le pone al nivel del quinto banco chino, las inversiones fintech están en explosión en todo Asia. El gigante del comercio electrónico japonés Rakuten, dueño además de Viber (el whatsapp japonés) compra Azimo para tener un sistema de pagos y transferencias como forma de expandirse en Asia.

Esta semana se conoció también el volumen de inversión fintech en Asia Pacífico durante 2015: 43.000M€. Un dato significativo de un análisis generalizado: en China menos de un 12% de la financiación obtenida por las PYMEs en el último año fue provista por bancos, el resto lo fue en su mayoría por sistemas de crédito interpersonales y bancos «underground», un espacio que se espera tomen las fintech.

Pero el Asia musulmana tampoco va a la zaga y Malasia se postula como la capital del fintech de las finanzas islámicas, es decir, de la adaptación de este jugoso submercado hasta cierto punto equivalente a las «finanzas éticas» europeas… quienes por cierto, no tienen todavía su update fintech.

En el perfil de cliente más alto, el panorama en los Emiratos Árabes resulta aun más llamativo: En Dubai el fintech está modificando la industria de inversión a través de apps como:

  • Beevihe: un p2p para inversores y PYMEs
  • Bayut: El portal que lidera la inversión inmobiliaria en Emiratos
  • Dubizzle: La app y portal para inversión en productos de lujo y coleccionismo (aviones, automóviles históricos, etc.)
  • Durise: Un crowdfunding para la inversión inmobiliaria

El mercado fintech dubaití y de emiratos en general está orientado, como puede verse, a un perfil alto de inversor que utiliza las apps y las páginas webs de servicios de inversión como una suerte de entretenimiento personal al margen de las grandes carteras institucionales. Este modelo que se muestra en el uso social de Dubizzle, tiene una conexión obvia con el sector del seguro.

Es el momento para tomar la idea y mejorarla abriendo la inversión inmobiliaria y coleccionista al inversor de alto perfil característico de los países del Golfo.

Seguros a demanda

No es la primera vez que hablamos de microseguros como un emergente. La extensión del seguro a segmentos de población donde la previsión no estaba contemplada, unida a la masificación del uso de móviles conectados a la red ha dado lugar a un jugoso mercado en el que están surgiendo nuevos competidores que comienzan jugando bajo estas reglas. El concepto de asegurar cosas concretas en un momento determinado cuenta además con otro gran apoyo en el segmento opuesto de la población: jóvenes, tekis, chicos cool que abrazan una nueva forma de consumo al calor de la economía colaborativa.

El pago por uso se está convirtiendo en una tendencia bien acogida por los usuarios. En 2015 AXA apareció para «solucionar» un problema operativo de BlablaCar y sentó precedente. Hace poco apareció Next Seguros, que tras lanzar el seguro de auto basado en pago por uso anunciaba seguir en el camino de productos a la carta y mercados B2B.

Trov es la primera aseguradora a la carta del mundo. Es una plataforma on demand que permite a los usuarios comprar seguros para productos específicos durante un determinado tiempo. Es un pago por uso, que no se limita a la oferta que realiza la aseguradora, como en el caso de los autos. Trov ofrece asegurar los objetos que el cliente decida en cada momento. El desarrollo tecnológico necesario no es menor, pues supone habilitar espacio en un servidor virtual donde cada usuario puede tener una galería de los objetos que necesitará asegurar, clasificados en cuatro categorías: electrónica, entretenimiento, moda y artículos del hogar. Para activar el seguro de un objeto sólo es necesario acceder a la aplicación, seleccionarlo y establecer el tiempo de uso. La aplicación calcula el precio e inicia el proceso de pago. Para establecer el valor de los productos, Trov solicita marca, modelo y fecha de compra de cada uno. El usuario tiene posibilidad de realizar una copia de seguridad de toda su información.

Por su modo de funcionamiento, Trov, más que una aseguradora es un representante autorizado. En determinadas regiones, se asocia con compañías aseguradoras para operar. A sus socios les aporta usuarios actuando como broker, éstos le cubren el riesgo de balance financiero y riesgo regulatorio, pero todos los pagos y reclamaciones se gestionan a través de la aplicación. Dadas las características de su target de cliente, utilizan bots para evitar someter a sus usuarios a llamadas telefónicas. En Trov se definen como un equipo de personas que están reinventando el seguro para la generación de usuarios digitales, haciéndolo simple, flexible y transparente.

«En un mundo donde tengo el control absoluto sobre el entretenimiento, la banca y otros servicios, por qué no puedo escoger las cosas que me importan y protegerlas durante el tiempo que necesite», declara su fundador, Scott Walchek. En lugar de tomar el viejo modelo del seguro, Trov está actuando como puente para las compañías tradicionales ayudándolas a crear productos atractivos para la nueva generación que huye de la lógica todo o nada que opera en el seguro, para adaptar los servicios a las necesidades, según sus propios términos.

AXA será el partner para el despliegue de Trov el próximo año en Gran Bretaña. Fundada en San Francisco en 2012, Trov anunció esta semana el cierre de una ronda de capital por 25,5 millones de dólares.

Usuarios de metro

Las herramientas para el análisis de datos que están disponibles para todas las compañías no son un store restringido de las startups. De hecho, las empresas parten de una ventaja a priori generada a lo largo de años por el desarrollo de sus actividades en el mercado: interacciones con clientes, proveedores, socios… Las tres evidencias que demuestran el principio de la ventaja son: (i) Los datos provienen de una actividad real, no de simulaciones, modelos o estudios; (ii) Los datos tienden a generar más datos; (iii) Las plataformas tienden a ganar.

Sin embargo, no todos los datos son igual de válidos. Todas las actividades producen información, pero ésta no se transforma en datos a menos que involucren una aplicación, un dispositivo o un sensor. Cuando Google desplegó su flota de coches para fotografiar medio mundo poco imaginaron que estaba en marcha una estrategia para ofrecer una nueva gama de servicios a partir de los datos recopilados de los usuarios finales y empresas de su inocente Google Maps. Es difícil saber a ciencia cierta cuáles son las actividades que reportarán mejores datos desde el punto de vista comercial, lo que es seguro es que la información transformada en datos es el nuevo capital de las empresas, si éstas lo saben aprovechar. Es un caso en el que el coste de oportunidad de «no estar» es mucho mayor que el coste de implementar una estrategia que se demuestra errónea. Si no eres parte de una transacción o una interacción cuando ésta ocurre, tu oportunidad de capturar sus datos se perderá para siempre. 

Los primeros movimientos de capitalización de datos están ocurriendo en el ámbito de la investigación científica bio-neurológica. Se está produciendo un aumento considerable de la inversión en el sector tecnológico en el ámbito de la neurociencia. Un paraguas amplio en el que se están englobando disciplinas de neurología, psiquiatría y ciencias del comportamiento. Este interés está relacionado con la búsqueda de soluciones basadas en la inteligencia artificial para la automatización de procesos. Los resultados iniciales, aún rudimentarios, toman la forma de bots. Pero aún queda mucho desarrollo hasta alcanzar una experiencia que pueda sustituir a las personas en entornos conversacionales complejos. Y para conseguirlo será necesario utilizar mucho «big data psicológico». Los agentes que dispongan de información en cantidad suficiente como para someterla a procesos de análisis útiles para el diseño de herramientas tecnológicas conseguirán una posición de ventaja en el mercado. Bajo este enfoque cabe pues preguntarse, si podría resultar interesante ofrecer determinados productos, y además de segmentar la oferta de servicios, estar en disposición de realizar un posterior aprovechamiento de los datos.

Resulta además llamativo encontrar aplicaciones de autoayuda, control de estrés o depresión entre las apps móviles más demandadas por los usuarios y las declaradas de mayor utilidad por los profesionales médicos. Entre sus usuarios destaca un segmento de edad joven que, una vez integrados en el mercado laboral no encuentran acomodo de acuerdo a sus expectativas. En España, donde el uso de terapeutas aún no termina de estar normalizado, resulta más sencillo seguir pautas a través de un dispositivo móvil que acudir al soporte personal y hacer pública una derrota.

Generación Millennial

Hay una constante en las informaciones que hemos destacado esta semana: el choque entre los modelos de negocio nacidos al amparo del discurso del fintech y la cultura de unos consumidores e inversores a los que ninguna consultora ha preguntado por sus valores.

En primer lugar, empieza a ser un consenso de la industria que el modelo de crecimiento de las start up no funciona en el fintech. Y cuando parece hacerlo -como en el caso de Acorn- hay que desconfiar. Esto es algo que aprendieron ya, con sangre, Lendit y las p2p que salieron al mercado y que no han dejado de perder valor desde entonces. Un artículo de The Atlantic sobre la relación entre la clase media americana y el dinero explicaba por qué: la tendencia a jugar con nuestros ahorros o los familiares no depende exclusivamente de las ofertas, de las comisiones y de los tipos. Nuestra relación con la fortuna familiar es más que una función maximizadora, incluso en las sociedades más influidas por el calvinismo. Mientras se siga ignorando en los planes de negocio es muy difícil que cumplan expectativas.

En segundo lugar, es más que dudoso que la robotización vaya a obtener una respuesta positiva por parte de los clientes de banca minorista y seguros. La tendencia cultural está cambiando en buena parte del mundo: los «early adopters» son cada vez más reticentes a probar o privilegiar nada por ser simplemente nuevo, innovador o incorporar una nueva tecnología por revolucionaria que sea. De hecho puede que cuanto más revolucionaria peor porque se vea como «menos auténtica». Si el típico perfil del «early adopter» empieza a criticar la falta de autenticidad de los hoteles «high tech», no es probable que vaya a sustituir de buena gana a su asesor en el banco por un robot. 

Cuando las compañías de seguros avanzan hacia la robotización total de los seguros de vida en el mercado británico, argumentando que los clientes contrastan a los mediadores con la información que obtienen en Internet, seguramente erran el tiro. No es que el consumidor empoderado no quiera o no necesite una relación humana directa. Es que desconfía de la experiencia de relación histórica con los mediadores y con los gestores financieros. 

Cuando tu gestor en la sucursal cambia cada seis meses es el banco el que está degradando y temiendo constantemente que el cliente establezca una relación personal con la institución, no el cliente el que desdeña la fidelización. El sector financiero necesita con sus clientes una verdadera «terapia de pareja», no poner una pantalla led entre su back office y ellos. 

A partir de ahí invocar el fantasma de la generación del milenio pasa a ser una púdica excusa. Entre otras cosas porque si hacemos caso a los publicistas la generación del milenio es la más larga y homogénea de la historia. En teoría nació para definir a aquellos que cumplieron veinte años alrededor del cambio de siglo, pero los anunciantes la han ido desplazando hasta los quinceañeros de hoy. Curiosamente, a pesar de la diferencia de experiencias vitales entre esos dos bloques de edad -en especial en relación con la crisis- las etiquetas y valores asociados seguirían siendo los mismos. Son cada vez más los sociólogos que no solo rechazan el concepto y la supuesta homogeneidad de perfiles, sino que  lo reducen a un segmento cada vez más acotado dentro del mercado norteamericano. El abuso de la idea «milenaria» por los publicistas se parece demasiado al cambio climático para ser verdad: hace obligatorio aquello que nuestras buenas intenciones, nuestra pereza para innovar realmente y sobre todo nuestra mala conciencia, presentan como deseable.

Pero la realidad es tozuda y al final solo prospera en el mercado aquel que lidera el cambio cultural. Dos luces esta semana: Trov y WealthSimple.

Trov ha hecho de un oxímoron («seguros sólo cuando los necesitas») su producto. Y triunfa. A consecuencia de ello no solo reduce a las grandes compañías locales a un API, sino que les dice cómo ha de ser ese API y las reduce a poco menos que gestoras de sus carteras y productos. Un modelo que nos recuerda demasiado a la relación que establecieron en su día Blackberry y Apple con las operadoras de telefonía. Las operadoras siguen lamentándose hoy de que al haber quedado atrás en la innovación se les «colara» un extraño entre ellos y sus clientes. Pero si quedaron atrás entonces y quedan atrás ahora las aseguradoras no es por no invertir suficiente en innovación, sino por no entender las tendencias subyacentes en el cambio cultural. El usuario de los noventa quería llevar el mail consigo. El cliente de aseguradoras de hoy no quiere comprar seguros prediseñados para sus objetos cotidianos sino comprarlos a medida, sin rituales comerciales y cuando los estrena.

La canadiense WealthSimple, ganadora esta semana de un premio Webby a la mejor web financiera, está haciendo algo muy sencillo que la banca minorista nunca supo hacer: convertir la inversión en valores en algo «cool» renegando de cualquier explicación técnica y a las finales convirtiendo la gestión de carteras en una caja negra que el usuario no necesita conocer, solo disfrutar. Es otra aplicación del modelo Apple de producto cerrado que hace gala de ser opaco a un cliente que solo quiere ver resultados. Aceptémoslo: Linux es un producto que refleja como nos gustaría que fuera la clase media y profesional (transparente, sólido, flexible, universal, cargado de valores, socialmente útil y fiable); Apple hace productos para el modo de vida que la clase media entiende como deseable (vistoso pero rígido, muchas veces banal, casi siempre opaco y siempre, aún en lo masivo, pretendidamente elitista). Linux se ha convertido en el estándar de la industria, la inteligencia que corre bajo los sistemas fiables (desde Google a la NASA o la OTAN) pero Apple es el que ha triunfado entre los profesionales y la mesocracia. Seguramente en fintech lo inteligente es hacer productos «estilo Linux» para la banca minorista, pero para ganar al consumidor de productos financieros de clase media, el modelo triunfador está más cerca de WealthSimple.

Street food Asia

Servicios como m-Pesa o BKash, en países como Kenia, Bangladesh,Tailandia o Indonesia se presentan gracias a las fintech como el próximo gran negocio del retailing… lo que no queda claro es si harán falta bancos o las fintech podrán bastarse solas y si las regulaciones financieras de estos países, donde el negocio financiero ha estado tradicionalmente tan concentrado como poco extendido entre la base de la pirámide social, podrá evitar inestabilidades significativas. 

Las ideas del Gobernador del Banco Central Tailandés, Suthichai Yoon, asegurando que en buena parte del continente empezando por su país, las fintech sustituirán el papel jugado hoy por la banca, han sido muy comentadas en toda la prensa asiática. Las declaraciones han sido seguidas de una lluvia de análisis en distintos medios especializados asegurando que el futuro de los seguros y la banca vendrán dados por el del fintech y el insurtech en grandes mercados subbancarizados como India, China y América del Sur. Y que la sudafricana Zoona anuncie que ha procesado pagos por más de 1000M$ es señal de que Africa también ha de ser tenida en cuenta, sobre todo cuando en Sudáfrica vemos el ascenso de WiGroup, un gigante de los pagos online desde el mercado local. Y en India Ujjivan, una plataforma de microcréditos online que tiene el 11% de la cuota de mercado local, se convierte en banco con la ayuda de inversores extranjeros en medio de una contratación masiva que se anuncia sobrepasará los 2.300 empleos.

En países periféricos pero desarrollados tecnológicamente y con capitales muy concentrados como Singapur o Corea del Sur sin embargo, los análisis apuntan en sentido contrario: más que erosionar a los agentes tradicionales, las fintech los están reforzando, como hemos visto con la asociación entre Wirecard y VISA. De hecho en algunos países con baja bancarización como Tailandia ese es el discurso que están tomando también los bancos: pudimos leer esta semana al presidente de KBank declarando que «la disrupción fintech tiene que ser reforzada».

Y por si sirve de indicador, GoldMan Sachs anuncia que «sale de compras» por India buscando start ups fintech en las que invertir cantidades relevantes de capital y con las que construir alianzas a largo plazo. Y kueski, la principal app mexicana de microcréditos  ha anunciado esta semana que ha cerrado ya con un grupo de inversores internacionales una ronda de 35M$ entre deuda y participaciones, la mayor inversión hasta el momento en una fintech mexicana.

Banca y robotización

Surgen cada vez más críticas entre los analistas a la perspectiva de la robotización de los asesores financieros.

La crítica financiera focaliza en el «Global Investment Performance Standards» (GIPS), un conjunto de principios éticos estandarizados para toda la industria que provee a los gestores de inversiones de guía para calcular el resultado de sus inversiones y hacer report a sus posibles clientes. La ausencia de informes GIPS sobre robo-asesores se está convirtiendo en un flanco débil cada vez más recurrente.

Desde el punto de vista de relación con el cliente, aseguran otros analistas, los ejemplos de las cadenas de videoclubs o tiendas de música no son válidos en banca. Fueron arrasados por Internet porque ponían personas en el medio de una cadena que podía ser digitalizada y convertida en un servicio directo. Pero no es así con la banca. De hecho, según los estudios sobre banca minorista, los más jóvenes, los «mileniales», son precisamente los más propensos a poner en valor la sucursal y discutir cara a cara.

Y para rematar, desde el MIT apuntan si la ola de bots americanos no serán el resultado de un malentendido sobre el éxito y las funcionalidades de los chatbots chinos, que no son solo específicos, sino muchas veces basados en menús de opciones, lejos de la emulación conversacional que se pretende para servicios avanzados o basados en voz… para los que aun quedaría una década como mínimo.

Y sin embargo otros leen el resultado del informe de CapGemini que comentábamos la semana pasada como una muestra de cómo los esfuerzos por mejorar la experiencia de usuario de los clientes financieros puede aumentar ligeramente la satisfacción de estos, pero no tiene una incidencia perceptible en el volumen de negocio. Es decir, que en realidad no existen incentivos para que el sector mantenga el elevado nivel de coste de las redes de sucursales y los asesores telefónicos. Está por ver sin embargo que la elasticidad de la demanda a la bajada de costes en atención sea tan rígida como lo ha sido al incremento del esfuerzo.

Banco de pruebas virtual

Las preocupaciones regulatorias derivadas de la expansión de las fintech han sido uno de los temas recurrentes de esta semana. La FCA británica («Financial Conduct Authority»), ha anunciado un laboratorio («regulatory sandbox»). Pero ¿cuáles son sus claves?

El laboratorio se da dentro de un proyecto para fomentar la innovación en el mercado de servicios financieros del Reino Unido, tanto de los participantes en el mercado fintech como de las instituciones financieras ya establecidas, con el objetivo de que la regulación futura promueva la competencia a través de la innovación disruptiva. Este espacio de experimentación regulatoria tiene como objetivo proporcionar un espacio seguro para el ensayo de productos y servicios innovadores sin que se dispare el conjunto aplicable de consecuencias reglamentarias. El objetivo es fomentar la innovación mediante la reducción de las barreras administrativas y los costes para las pruebas de productos y servicios innovadores, al tiempo que garantiza que los riesgos de las pruebas no se transfieren a los consumidores. Por eso todas las empresas, tanto las financieras como las tecnológicas pueden participar. 

Las fintech podrán obtener una autorización restringida para probar productos o servicios innovadores sin tener que obtener autorización completa. Cualquier actividad regulada posteriormente fuera del entorno limitado todavía requerirá autorización completa, pero la FCA espera que la plena autorización de un producto o servicio que ya ha sido probado en el laboratorio se pueda obtener más rápido y más fácilmente.

Quienes deseen probar un producto o servicio innovador que pueda no encajar fácilmente en el marco regulador existente, pueden desear obtener una mayor claridad acerca de las reglas aplicables antes de la prueba. Para estas empresas, la FCA prevé la prestación de asistencia de las siguientes maneras:

  • La emisión de orientación individual sobre la interpretación de ciertas normas en el contexto de la prueba. 
  • La concesión de exenciones o modificaciones a las reglas de la FCA, aunque obviamente no a las reglas europeas.
  • La emisión de cartas de exención activa. La FCA considerará la utilización de este instrumento con mucho cuidado y sólo para los casos en que no sea capaz de emitir una guía individual o conceder excepciones. Siempre y cuando el destinatario de la carta colabore estrechamente con la FCA, se mantenga dentro de los parámetros de prueba acordados y trate a sus clientes de manera justa, no se enfrentará a medidas disciplinarias de la FCA, incluso si algo va mal inesperadamente durante la prueba. Sin embargo, la carta sólo se aplicaría durante la duración de la prueba en el laboratorio.

Criterio de elegibilidad

Los parámetros exactos de cada prueba serán acordados con la empresa pertinente sobre una base de caso por caso. Sin embargo, la FCA ha desarrollado y publicado ya un conjunto de estándares en los siguientes campos:

  • La firma o el modelo de negocio debe estar en el ámbito de la FCA
  • El producto o servicio debe ser una auténtica innovación
  • Tiene que haber un beneficio para el consumidor
  • Tiene que ser necesaria la necesidad de la empresa de probar su producto en clientes reales porque el proceso regulatorio estándar sería demasiado complejo o costoso.
  • El producto debe estar listo para su prueba con usuarios reales

Los parámetros exactos de cada prueba serán acordados con la empresa pertinente sobre una base de caso por caso. Sin embargo, la FCA ha desarrollado y publicado ya un conjunto de estándares en los siguientes campos:

  • Duración, generalmente de tres a seis meses
  • Número de clientes: El tamaño de la prueba y el número de clientes participantes se limitará estrictamente. Sin embargo, la FCA reconoce que el número de clientes debe ser lo suficientemente grande como para obtener datos estadísticamente relevantes.
  • La selección del cliente: La empresa debe encontrar a los clientes para la prueba. El tipo de clientes debe ser apropiado para el producto o servicio a ensayar, el mercado previsto y el riesgo que implica.
  • Garantías de los clientes: Las empresas deben tener garantías de los clientes. La lista y perfil de cliente será acordada con la FCA sobre una base caso por caso.
  • Consentimiento informado: Las empresas deben revelar información sobre la prueba y la compensación disponible (incluso en caso de quiebra de las empresas) para los clientes que están participando bajo el consentimiento informado.
  • Datos: La FCA afirma que no es responsable del uso de los datos de los clientes.
  • Planes de pruebas: los planes de prueba deben establecer claramente el calendario, los principales hitos, medidas de éxito, parámetros de prueba, las salvaguardas de los clientes, una evaluación del riesgo y una estrategia de salida para los clientes que participan en el examen para evitar consecuencias negativas para estos clientes.

La FCA espera informes semanales con los hitos y principales resultados de gestión del riesgo. Una vez terminada la prueba, las empresas tendrán que producir y presentar a la FCA un informe final. La FCA tiene como objetivo publicar los resultados de las pruebas aunque reconoce que tendrá que revisar lo que se puede publicar caso por caso para asegurar que cualquier información comercialmente sensible está protegida.

Inicialmente, la FCA ha previsto que dos grupos de empresas al año sean aceptadas en el programa.

Al introducir el «regulatory sandbox» en la «Innovate Finance Global Summit 2016» Christopher Woolard, director de Estrategia y Competencia de la FCA, afirmó que la FCA fue el primer regulador en el mundo en poner en marcha un programa de esta naturaleza: «un proyecto audaz y complejo para cualquier regulador». Pero como remarcó, si el regulador tiene que afrontar la innovación del mismo modo que lo hace el sector financiero y tecnológico: innovando para no quedar atrás.

Karl Marx

Escuchando a los banqueros minoristas y leyendo entre líneas los estudios de las consultoras, se hace inevitable un escalofrío: la vieja idea marxista está aquí de nuevo.

Puede que Marx aspirara a «hombre nuevo» y lo idealizara en el Prometeo del «proletario consciente liberado» y la banca se conforme con un «cliente nuevo» idealizado en un «milenial» imaginario, pero la idea -errónea- de base está ahí: cambia la estructura y cambiará la cultura automáticamente sin que tengas que preocuparte por nada más.

Lo que es peor, el fintech está desarrollando un discurso marxista-leninista, soñando una especie de alianza tecnológica de las masas sub-bancarizadas del mundo desarrollado con las masas des-bancarizadas de los países en desarrollo.

Pero al margen de las estructuras mitológicas -por lo que se ve muy persistentes- del siglo XX, la realidad es bien otra: el centro de la reducción de escalas está en la economía productiva, en las nuevas PYMEs -cada vez más protagonistas de la innovación y de la rentabilidad- y sus necesidades. Eso es a lo que no se ha adaptado lo suficientemente rápido Goldman y por lo que sufren sus resultados, no por una supuesta y repentina pauperización de las clases medias norteamericanas imposible de verificar estadísticamente.

Bancos blockchain 2016

Dos «mineras» Antpool con un 23,52% del procesamiento de bloques y DiscusFish/F2Pool con un 23’06% acaparan más de la mitad de los bloques creados. A base de electricidad gratuita y potencia de cálculo tienen ya capacidad para modificar las reglas a su antojo. Todo porque el sistema de minería tiende a centralizar el funcionamiento del blockchain de bitcoin.

Mientras, cada vez más analistas comienzan a ver más interesante el uso de blockchain en el sector del seguro que en banca porque ven en él una forma de separar el aseguramiento del reaseguramiento. Sin duda se trata de algo distinto y separado de bitcoin, pero las limitaciones técnicas y la posibilidad de captura del blockchain obligan a replantear el diseño de infraestructuras de base. La solución más sencilla es la centralización en consorcios liderados por grandes bancos o entidades financieras. Es el camino que ha seguido por ejemplo Barclays que ha tomado cabeza en la carrera por explorar este sistema alimentando start ups y grupos de trabajo que le han permitido presentar ya su primera generación de contratos digitales basados en blockchain.

Lo que da un nuevo sentido a las para algunos sorprendentes declaraciones de la Reserva Federal norteamericana que preparan una regulación pública… y global.

Aplicaciones financieras

Los británicos recuperan parte de la confianza en las instituciones financieras pero se tornan más demandantes. A destacar: solo un 20% confía en su aseguradora.

En cuanto al sector en general, solo un 18% estaría satisfecho exclusivamente con servicios online. Sin embargo, uno de los puntos más interesantes es que la experiencia del online es mucho más valorada… aunque no gracias a los bancos y las aseguradoras, sino a los revendedores de productos financieros a través de apps y servicios webs que han sido capaces de generar una experiencia de usuario mucho mejor que la dada por el estándar de bancos y aseguradoras.

La principal ventaja de bancos y aseguradoras: la confianza sobre la seguridad de los datos personales. Un 86% percibe que sus datos personales están más seguros en un banco o aseguradora que en ninguna otra empresa o institución.

¿Qué demandan los clientes? Según Matt Hutchkins, director de UKI Assurance: personalización y nuevos canales. Y lanza un mensaje muy claro en el estudio: cuánto más sofisticado es el cliente, más digital es. Un marco que renueva la apuesta de Accenture por el «Robo-advice», el consejo robotizado en la atención al pequeño inversor y cliente de aseguradoras.

Impulsamos organizaciones más abiertas y democráticas