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¿Hacia una banca invisible?

Realidad Virtual

En el fondo del bullicioso debate fintech de la última semana, cruzando los estudios y las encuestas de las consultoras aparece, cada vez más definido, el horizonte de una «banca invisible» que evoluciona hacia marca blanca de si misma.

Las fintech no solo han mordido ya una parte considerable del negocio potencial futuro (los usuarios no bancarizados de rentas bajas en países segmentos sociales periféricos) sino que empiezan a erosionar los mercados de mayor valor para las entidades financieras en los países desarrollados. Un reciente estudio australiano levantó todas las alarmas al mostrar que el 64% de los consumidores que han utilizado algún servicio bancario fintech independiente no creen que vuelvan nunca a pisar una sucursal, es decir, serán difícilmente recuperables por los «cuatro grandes» bancos minoristas australianos.

La banca se ve en un dilema: por un lado entiende que el futuro pasa por la reducción de escalas, tanto en los clientes -acercándose a los sistemas automatizados de crédito rápido- como las propias, robotizando la atención al cliente online y cerrando sucursales.

Pero se siente en desventaja y con razón: lo que las fintech venden es una experiencia y no solo un servicio. Este el marco del debate «colaboración o competición» que con tintes a veces sensacionalistas alientan las grandes consultoras y jalean los medios especializados.
Si unimos esto a la depresión anímica del sector tras la crisis de 2008 entendemos por qué se está afianzado como tendencia la invisibilización de los bancos. Los bancos saben muy bien hacer APIs, sistemas a los que otros sistemas e interfaces ajenos (como las fintech) pueden hacer preguntas obteniendo datos y creando una capa entre la operativa y el cliente. A fin de cuentas llevan casi dos décadas haciéndolo en forma de pasarelas de pago. Se sienten seguros ahí y lo que es más importante: los clientes finales confían en ellos para eso. Según el informe sobre banca minorista de Cap Gemini el 87.9% de clientes confía en gran medida o completamente en sus proveedores fintech, pero según un informe de Accenture sobre el consumidor británico aparecido también esta semana, el 86% de los clientes totales percibe que sus datos personales están más seguros en un banco o aseguradora que en ninguna otra empresa o institución.

La tentación obvia es la colaboración invisibilizadora: dejar que las fintech agreguen una experiencia al servicio, innoven en interfaz y atención al cliente… y darles el servicio como una suerte de nuevos mediadores.

Este modelo de banca API o banca invisible es el que está testando Saxo Bank en su expansión en China. Ha anunciado esta semana un acuerdo con proveedores de contenidos y servicios chinos que convierte al banco en una API prácticamente invisible al usuario final que utiliza los servicios bancarios a través de sus proveedores de información financiera y experiencia online.

¿Es el futuro del banco ser un API mientras otros agentes online luchan por captar clientes y atenderlos?

Es también el modelo de JPMorgan Chase’s asociándose con OnDeck y parece tener tan solo la alternativa de BBVA comprando Simply y otras fintech «de interfaz». Es decir, la alternativa se dirime entre un API abierto a varios proveedores de nicho o de experiencia y un API interno con plataformas fintech propiedad del propio banco. En todo caso lo que parece claro es que la banca empieza a asumir el modelo de «capas» común en el mundo de las start ups tecnológicas: y la capa de servicios es cada vez más autónoma de la capa de atención y captación de clientes.

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