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Partida entre DeepBlue y Kasparov

En 1997, Deep Blue, un superordenador de IBM derrotó al campeón mundial de ajedrez Gary Kasparov por cuatro juegos a dos en una serie de seis juegos. La victoria de Deep Blue cambió el ajedrez, pero no en la forma en que la gente esperaba y se predijo.

La metodología soviética bajo la que se había formado Kasparov era realmente maquinal, tenía la misma lógica que luego utilizó Deep Blue.

El ajedrez revolucionario napoleónico había exaltado al peón y el romántico la belleza de la sucesión de movimientos, la era de Capablanca había sido pragmática como el positivismo filosófico de la época y el ultraísmo había llevado al ajedrez el atrevimiento geométrico bolchevique, descubriendo líneas de fuerza y proyecciones insospechadas en la lucha por el poder. El ajedrez stalinista fue otra cosa completamente distinta. No pretendía cambiar la lógica del juego, ni siquiera ser coherente, ni bello. Solo pretendía ganar. Para ello inauguró una extraña forma de aprender, que exaltaba tanto la sistemática como se complacía en la falta de imaginación.

Durante la guerra fría, la asociación soviética de ajedrez era un verdadero bunker. Su arma secreta: el registro en fichas de cartón de miles y miles de partidas que los elegidos para la alta competición podían estudiar y utilizar.

Se entrenaba a los jugadores para memorizar gigantescos árboles de decisión y a partir de ahí, aprender a reconocer heurísticamente por dónde continuar la partida con más probabilidades de victoria, por contraintuitivo que fuese y aunque el tiempo y la capacidad no les dieran para calcular la sucesión de jugadas.

Calcular los árboles de decisión más completos posibles a base de fuerza bruta, es decir, de pura capacidad de cálculo y recursos, fue el estirón de la IA de la época de Deepblue. Añadirle a eso heurística (mediante Montecarlo) fue el camino de la siguiente generación, la primera que intentó asaltar el Go/Baduk/Weiqi… sin éxito.

Pero no adelantemos. Lo interesante de 1997 es que DeepBlue y Kasparov tenían ya una misma lógica de juego y aprendizaje. Es más en 1997 se vendían ya CDs con todas las partidas del archivo secreto del bunker ruso. Fue ese CD el que había cambiado el juego. No una IA que todavía tardaría unos años en resultar accesible.

De hecho la democratización de las IAs de ajedrez, que fue el verdadero cambio, solo radicalizó la mirada stalinista sobre el juego. Emocionalidad fuera. Defensas blindadas. Pragmatismo para ocupar el centro del tablero. Paciencia inmisericorde hasta encontrar el error en el contrario. Si el ajedrez ruso de la guerra fría fabricaba blindados, el ajedrez influido por IA los hacía mejores. Nadie parece echar de menos a la caballería ligera.

Hoy los chicos memorizan y reviven jugadas, y sus maestros repasan sus partidas con software basado en IA. Nuevas jugadas y soluciones creadas por máquinas, em>inhumanas pero efectivas, son la señal de buen entrenamiento. No es que ya no haya revistas y libros. De hecho ahora son, posiblemente, mejores que nunca. Pero ya no son la base de la formación ajedrecística. Son entretenimiento, reflexión. Literatura comunitaria.

Un detalle importante. Los libros y las fichas de papel han desaparecido. Los entrenadores no. ¿Por qué? Porque el software te puede decir cuándo te equivocaste, qué camino tendrías que haber seguido a partir de una jugada determinada. Pero eso no te ayuda a pensar mejor en términos estratégicos, a crear esas reglas difusas que llamamos estilo de juego. El entrenador sí. El entrenador es ése que sabe los porqués, que te da reglas de pensamiento, filosofía de juego, el que te enseña que hay algo que demostrar que solo puede demostrarse ganando. El que te ayuda a darle trascendencia al juego. Algunos de los grandes maestros de Go -y no pocos escritores que quedaron capturados por el juego, de Leibniz a Thomas Mann pasando por Kabawata- le llamaban encontrar la verdad o descubrir el lenguaje de las piedras. La IA no sabe de eso. La IA solo sabe ganar.

Tal vez por eso el ajedrez ha generado una variante mixta: humanos y máquinas juegan formando equipo. Fue el propio Kasparov quién más hizo por tornarlo popular. El «ajedrez centauro» en un deporte extremo que mide los nervios de los contrincantes: ¿cuándo he de dejar de seguir lo que la máquina sugiere? ¿cuándo tengo algo realmente diferente delante de mi que la máquina no sabe ver? ¿qué me está diciendo el humano al otro lado con esa jugada? ¿o es su máquina que está llevándole a un lugar que no se ver? Conforme la IA es mejor, mejores tienen que ser sus jinetes… aunque solo sea para dejarles hacer.

Tim Berners-Lee

Hace unos años, señalaba la neutralidad de la red o la privacidad como los principales retos a los que se enfrentaba Internet. Si tomabas a alguien al azar de la calle, te decía que la Web era genial. Ahora, te dirá que no es digno de confianza, que es un lugar donde te sientes manipulado, donde has perdido el control… Por eso imaginamos el «contrato para la Web», que requiere muchos cambios, especialmente para las empresas de nuevas tecnologías. También pide a la gente, a los gobiernos, que discutan lo que necesitamos para hacer de la Web un lugar mejor y más abierto.

…Creo que la gente debería tener control sobre sus datos, acceder a ellos, hacer cosas interesantes con ellos. El hecho de que los datos personales se almacenen y queden atrapados en silos ha hecho que la gente pierda poder: si quiero trasladar mis datos de LinkedIn a Facebook, es demasiado complicado. La gente ha perdido poder, incluyendo el poder de compartir con quien quieran. Devolver el poder al individuo significa permitirle utilizar un software que integre sus datos en la vida cotidiana, utilizar la inteligencia artificial y cosechar los beneficios. La gente no se da cuenta del poder que sus datos podrían darles.

Para Tim Berners-Lee, inventor de la World Wide Web, Internet ha llegado a un punto de no retorno. Su propuesta para recuperar Internet se basa en devolver al usuario el control de sus datos. Desde 2016 trabaja con el MIT en un proyecto de código abierto llamado «Solid». El objetivo: crear un nuevo sistema de gestión de datos personales para «capacitar» a los usuarios de Internet sobre sus datos. Esta plataforma, aún en sus primeras etapas, permitiría separar los datos generados al utilizar servicios y aplicaciones. Así, cada usuario de Internet podría poseer sus datos, almacenándolos en una especie de caja fuerte digital (cápsulas en el servicio en nube que elija). También podría decidir qué tipo de datos quiere compartir y con quién.

El informático británico, crítico habitual del poder de los GAFA (Google, Apple, Facebook, Amazon), no duda en pedir de forma abierta la descentralización de Internet en cada conferencia o entrevista que concede. Sin embargo, para que «Solid» pueda funcionar necesita de su colaboración ya que los prestadores de los servicios deberían desarrollar sistemas de compatibilidad entre sus plataformas y «Solid». Aunque parezca tarea difícil no es imposible, más cuando ya han dado un gran paso. Meses atrás, Google, Facebook, Microsoft y Twitter anunciaron la portabilidad de datos entre sus diferentes servicios. Según Berners-Lee, esta iniciativa demuestra que

las empresas «admiten explícitamente que, desde un punto de vista ético y filosófico, los usuarios tienen derecho a sus datos».

En el mundo de Solid, por ejemplo, se nos asignará al entrar un identificador personal y un personal online data store (POD), un lugar de almacenamiento de datos individual, sobre el que tenemos control absoluto. A partir de ahí, nada de contraseñas, aplicaciones que no se comunican unas con otras o archivos privados almacenados quien sabe donde.

Contrato para la Web - projecto de Tim Berners-Lee

Un nuevo contrato para Internet

En el Web Summit de 2018 celebrado en Lisboa, Tim Berners-Lee presentó un nuevo contrato para Internet cuyo objetivo es proteger a Internet de la manipulación y hacerla «segura y accesible» para todos. Esta campaña, llamada #ForTheWeb, busca sensibilizar a usuarios, empresas y gobiernos. Propone una serie de compromisos básicos a partir de los cuales se elaborará mediante un proceso participativo un «Contrato para la Web» completo, que establecerá las funciones y las responsabilidades de los gobiernos, las empresas y los ciudadanos.

Los gobiernos se comprometen a:

  • Asegurarse de que todos y todas puedan conectarse a Internet: De manera que cualquier persona, sin importar quién sea o dónde viva, pueda participar activamente en línea.
  • Mantener todo Internet disponible, todo el tiempo: De manera que a nadie se le niegue su derecho de acceso completo a Internet.
  • Respetar el derecho fundamental de las personas a la privacidad: De manera que todos y todas puedan usar Internet libremente, de forma segura y sin miedo.

Las empresas se comprometen a:

  • Hacer que Internet sea accesible y asequible para todos y todas: De manera que nadie quede excluido del uso y el desarrollo de la web.
  • Respetar la privacidad y los datos personales de los consumidores: Para que las personas tengan el control sobre sus vidas en línea.
  • Desarrollar tecnologías que apoyen lo mejor de la humanidad y desafíen lo peor: De manera que la web sea realmente un bien público en donde prevalece el interés de las personas.

Los ciudadanos se comprometen a:

  • Ser creadores y colaboradores en la web: De manera que la web tenga contenido rico y relevante para todos y todas.
  • Construir comunidades fuertes que respeten el discurso civil y la dignidad humana. Para que todos y todas se sientan seguros y bienvenidos en línea.
  • Luchar por la web. Para que la web permanezca abierta y sea un recurso público global para las personas de todas partes, ahora y en el futuro.

Hasta el momento, los gobiernos de Francia, Alemania y miles de empresas y organizaciones han suscrito los compromisos de partida.

  • Miembros del núcleo «duro»: Google, Microsoft, Gobierno de Francia, Gobierno de Alemania, AnchorFree, Change.org, CIPESA, The NewNow, y WWW Foundation.
  • Miembros del Grupo de Trabajo: Aproximadamente 100 representantes de empresas, instituciones públicas y organizaciones de la sociedad civil.
  • Firmantes: Más de 8.000, y sumando

Derechos de Ciudadanía Digital