Análisis

El localismo contemporáneo

República de los Consejos de Baviera

Cuando en 1919 se formó la «República de los Consejos de Baviera», su moneda -que nunca llegó a emitirse- se llamó, no por casualidad «Freigeld», dinero libre. Libre de interés. Su creador: Silvio Gesell. Un socialista no marxista, católico, economista autodidacta y georgista, partidario de la nacionalización de la tierra y del fomento de la pequeña empresa privada. Un europeo influido por el populismo americano que, viviendo en Buenos Aires y sufriendo la crisis monetaria del 89 dedica su vida al aprendizaje y la crítica de la teoría monetaria. Comienza a publicar en el 91 y no para hasta su muerte en 1930. Keynes en la «Teoría General» le dedica unos párrafos cariñosos reconociendo en su trabajo «la mitad de una teoría sobre el tipo de interés» a falta de un análisis de la «preferencia por la liquidez», fundamental para entender la trampa de liquidez y los mecanismos de las crisis.

¿Qué encuentra Keynes en Gesell realmente interesante? Algo en lo que no puede dejar de identificarse: un socialismo de mercado que ve en el diseño de la política monetaria la forma de generar demanda efectiva. Porque, efectivamente, Gesell pretende «oxidar» el dinero, fomentar el consumo a través de una moneda cuyo valor se erosiona por el hecho de ser retenida, desincentivando la acaparación y aumentando el valor de las inversiones a largo plazo. Persiguiendo el sueño del «dinero sin interés» Gesell había creado en realidad una divisa «inflacionaria por diseño», una divisa con interés… negativo.

Poco después de la muerte de Gesell, en el pueblo de Wörgl, Austria, uno de sus numerosos seguidores, Michael Unterguggenberger (1884-1936), fue elegido alcalde. El pueblo tenía 200 familias sin ningún tipo de ingreso y 500 parados a los que había que sumar un millar más en las proximidades. Unterguggenberger tenía un magro capital municipal: 40.000 chelines austriacos. En vez de gastarlos los puso en un depósito bancario, emitió compromisos de pago con esa garantía y comenzó a pagar con ellos el trabajo en obras públicas locales. La nueva moneda local tenía un -1% de interés mensual, por lo cual quien cobraba con ellos sentía rápidamente el incentivo de gastarlos cuanto antes.

El resultado fue espectacular -el desempleo prácticamente desapareció y el pueblo mejoró notablemente sus infraestructuras públicas- y cientos de pueblos austriacos quisieron seguir el ejemplo. El conflicto con el Banco Central austriaco, que hizo entonces valer su derecho de monopolio en la emisión de dinero acabó con la prohibición legal de emitir «dinero de emergencia». Nacía la leyenda de las «monedas complementarias».

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