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Macron durante discuros sobre IA y redes digitaless

El día 7 de febrero, el presidente Emmanuel Macron dio un discurso en la «École de Guerre». Era la primera vez desde De Gaulle que un presidente francés, sentaba, en tanto que comandante de los ejércitos nacionales, la doctrina militar frente a los mandos y cuadros de las fuerzas armadas y de seguridad.

La razón era establecer y responder a una serie de rupturas, que hemos visto emerger y ahora consolidarse, durante los últimos cinco años, que en conjunto producen un cambio global de la profundidad e importancia equivalentes a las de la caída del bloque soviético en 1989-92. Estas tres rupturas son de orden estratégico (competencia entre EEUU y China), jurídico (crisis del multilateralismo y el orden legal internacional) y finalmente, tecnológico.

La tecnología es, de hecho, un problema, un perturbador y un árbitro de los equilibrios estratégicos al mismo tiempo. El despliegue de 5G, la nube para el almacenamiento de datos, así como los sistemas operativos son ahora infraestructuras estratégicas en el mundo de hoy. En los últimos años, sin duda hemos considerado con demasiada frecuencia que se trata de soluciones comerciales, simplemente industriales o comerciales, mientras que estamos hablando de infraestructuras estratégicas para nuestras economías, obviamente, y para nuestros ejércitos.

La aparición de nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial, las aplicaciones de la física cuántica y la biología sintética, ofrece muchas oportunidades, pero también una fuente de inestabilidad futura.

La tecnología digital es una fuente de innovación sin límites, e inspira todos los entornos físicos. Al convertirse en un campo de confrontación por derecho propio, su dominio exacerba las rivalidades entre las potencias, que lo ven como un medio para adquirir superioridad estratégica. También ofrece posibilidades sin precedentes para la vigilancia masiva de las poblaciones y el ejercicio del autoritarismo digital.

En tiempos de crisis, estos avances tecnológicos pondrán más énfasis en nuestras capacidades analíticas y de toma de decisiones, que se encuentran divididas entre la exhaustividad, la veracidad y la capacidad de respuesta. En este sentido, aumentan los riesgos de deslizamiento y exigen la aplicación de mecanismos sólidos y transparentes de desconexión.

No solo la referencia al riesgo de deslizamiento por soluciones creativas de las IAs -en el manejo del arsenal nuclear, por ejemplo- apunta a preocupaciones mucho más sofisticadas de las habitualmente recogidas en la prensa. Existe una preocupación franca por la relación entre soberanía y tecnología. El Presidente no podía ser más claro al afirmar que:

Para construir la Europa del mañana, nuestros estándares no pueden estar bajo el control americano, nuestras infraestructuras, nuestros puertos y aeropuertos bajo el capital chino y nuestras redes digitales bajo la presión rusa.

Es decir, las estructuras tecnológicas no son meros soportes a la actividad comercial. Son elementos estratégicos centrales de cualquier política de seguridad nacional en nuestro siglo.

Este es el caso de las infraestructuras 5G, la nube, que es decisiva para el almacenamiento de datos, los sistemas operativos, las redes de cable submarino, que son el centro neurálgico de nuestra economía globalizada. A nivel europeo, también necesitamos controlar nuestro acceso al espacio y decidir por nosotros mismos las normas que se imponen a nuestras empresas.

Esta política de normas, esta política de infraestructuras estratégicas, es esencial. Y es esencial para nuestra seguridad colectiva y nuestra capacidad de actuar. Vivimos en un mundo de interoperabilidad, con equipos cada vez más digitales. Gastar lo que estamos gastando para tener un equipo perfecto y entregar la infraestructura de conexión, entre nuestro equipo y nuestros países, a otros, sin ninguna garantía, seguiría siendo extrañamente ingenuo. Disculpen sin no deseo participar.

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