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Street food Asia

Servicios como m-Pesa o BKash, en países como Kenia, Bangladesh,Tailandia o Indonesia se presentan gracias a las fintech como el próximo gran negocio del retailing… lo que no queda claro es si harán falta bancos o las fintech podrán bastarse solas y si las regulaciones financieras de estos países, donde el negocio financiero ha estado tradicionalmente tan concentrado como poco extendido entre la base de la pirámide social, podrá evitar inestabilidades significativas. 

Las ideas del Gobernador del Banco Central Tailandés, Suthichai Yoon, asegurando que en buena parte del continente empezando por su país, las fintech sustituirán el papel jugado hoy por la banca, han sido muy comentadas en toda la prensa asiática. Las declaraciones han sido seguidas de una lluvia de análisis en distintos medios especializados asegurando que el futuro de los seguros y la banca vendrán dados por el del fintech y el insurtech en grandes mercados subbancarizados como India, China y América del Sur. Y que la sudafricana Zoona anuncie que ha procesado pagos por más de 1000M$ es señal de que Africa también ha de ser tenida en cuenta, sobre todo cuando en Sudáfrica vemos el ascenso de WiGroup, un gigante de los pagos online desde el mercado local. Y en India Ujjivan, una plataforma de microcréditos online que tiene el 11% de la cuota de mercado local, se convierte en banco con la ayuda de inversores extranjeros en medio de una contratación masiva que se anuncia sobrepasará los 2.300 empleos.

En países periféricos pero desarrollados tecnológicamente y con capitales muy concentrados como Singapur o Corea del Sur sin embargo, los análisis apuntan en sentido contrario: más que erosionar a los agentes tradicionales, las fintech los están reforzando, como hemos visto con la asociación entre Wirecard y VISA. De hecho en algunos países con baja bancarización como Tailandia ese es el discurso que están tomando también los bancos: pudimos leer esta semana al presidente de KBank declarando que «la disrupción fintech tiene que ser reforzada».

Y por si sirve de indicador, GoldMan Sachs anuncia que «sale de compras» por India buscando start ups fintech en las que invertir cantidades relevantes de capital y con las que construir alianzas a largo plazo. Y kueski, la principal app mexicana de microcréditos  ha anunciado esta semana que ha cerrado ya con un grupo de inversores internacionales una ronda de 35M$ entre deuda y participaciones, la mayor inversión hasta el momento en una fintech mexicana.

Banco de pruebas virtual

Las preocupaciones regulatorias derivadas de la expansión de las fintech han sido uno de los temas recurrentes de esta semana. La FCA británica («Financial Conduct Authority»), ha anunciado un laboratorio («regulatory sandbox»). Pero ¿cuáles son sus claves?

El laboratorio se da dentro de un proyecto para fomentar la innovación en el mercado de servicios financieros del Reino Unido, tanto de los participantes en el mercado fintech como de las instituciones financieras ya establecidas, con el objetivo de que la regulación futura promueva la competencia a través de la innovación disruptiva. Este espacio de experimentación regulatoria tiene como objetivo proporcionar un espacio seguro para el ensayo de productos y servicios innovadores sin que se dispare el conjunto aplicable de consecuencias reglamentarias. El objetivo es fomentar la innovación mediante la reducción de las barreras administrativas y los costes para las pruebas de productos y servicios innovadores, al tiempo que garantiza que los riesgos de las pruebas no se transfieren a los consumidores. Por eso todas las empresas, tanto las financieras como las tecnológicas pueden participar. 

Las fintech podrán obtener una autorización restringida para probar productos o servicios innovadores sin tener que obtener autorización completa. Cualquier actividad regulada posteriormente fuera del entorno limitado todavía requerirá autorización completa, pero la FCA espera que la plena autorización de un producto o servicio que ya ha sido probado en el laboratorio se pueda obtener más rápido y más fácilmente.

Quienes deseen probar un producto o servicio innovador que pueda no encajar fácilmente en el marco regulador existente, pueden desear obtener una mayor claridad acerca de las reglas aplicables antes de la prueba. Para estas empresas, la FCA prevé la prestación de asistencia de las siguientes maneras:

  • La emisión de orientación individual sobre la interpretación de ciertas normas en el contexto de la prueba. 
  • La concesión de exenciones o modificaciones a las reglas de la FCA, aunque obviamente no a las reglas europeas.
  • La emisión de cartas de exención activa. La FCA considerará la utilización de este instrumento con mucho cuidado y sólo para los casos en que no sea capaz de emitir una guía individual o conceder excepciones. Siempre y cuando el destinatario de la carta colabore estrechamente con la FCA, se mantenga dentro de los parámetros de prueba acordados y trate a sus clientes de manera justa, no se enfrentará a medidas disciplinarias de la FCA, incluso si algo va mal inesperadamente durante la prueba. Sin embargo, la carta sólo se aplicaría durante la duración de la prueba en el laboratorio.

Criterio de elegibilidad

Los parámetros exactos de cada prueba serán acordados con la empresa pertinente sobre una base de caso por caso. Sin embargo, la FCA ha desarrollado y publicado ya un conjunto de estándares en los siguientes campos:

  • La firma o el modelo de negocio debe estar en el ámbito de la FCA
  • El producto o servicio debe ser una auténtica innovación
  • Tiene que haber un beneficio para el consumidor
  • Tiene que ser necesaria la necesidad de la empresa de probar su producto en clientes reales porque el proceso regulatorio estándar sería demasiado complejo o costoso.
  • El producto debe estar listo para su prueba con usuarios reales

Los parámetros exactos de cada prueba serán acordados con la empresa pertinente sobre una base de caso por caso. Sin embargo, la FCA ha desarrollado y publicado ya un conjunto de estándares en los siguientes campos:

  • Duración, generalmente de tres a seis meses
  • Número de clientes: El tamaño de la prueba y el número de clientes participantes se limitará estrictamente. Sin embargo, la FCA reconoce que el número de clientes debe ser lo suficientemente grande como para obtener datos estadísticamente relevantes.
  • La selección del cliente: La empresa debe encontrar a los clientes para la prueba. El tipo de clientes debe ser apropiado para el producto o servicio a ensayar, el mercado previsto y el riesgo que implica.
  • Garantías de los clientes: Las empresas deben tener garantías de los clientes. La lista y perfil de cliente será acordada con la FCA sobre una base caso por caso.
  • Consentimiento informado: Las empresas deben revelar información sobre la prueba y la compensación disponible (incluso en caso de quiebra de las empresas) para los clientes que están participando bajo el consentimiento informado.
  • Datos: La FCA afirma que no es responsable del uso de los datos de los clientes.
  • Planes de pruebas: los planes de prueba deben establecer claramente el calendario, los principales hitos, medidas de éxito, parámetros de prueba, las salvaguardas de los clientes, una evaluación del riesgo y una estrategia de salida para los clientes que participan en el examen para evitar consecuencias negativas para estos clientes.

La FCA espera informes semanales con los hitos y principales resultados de gestión del riesgo. Una vez terminada la prueba, las empresas tendrán que producir y presentar a la FCA un informe final. La FCA tiene como objetivo publicar los resultados de las pruebas aunque reconoce que tendrá que revisar lo que se puede publicar caso por caso para asegurar que cualquier información comercialmente sensible está protegida.

Inicialmente, la FCA ha previsto que dos grupos de empresas al año sean aceptadas en el programa.

Al introducir el «regulatory sandbox» en la «Innovate Finance Global Summit 2016» Christopher Woolard, director de Estrategia y Competencia de la FCA, afirmó que la FCA fue el primer regulador en el mundo en poner en marcha un programa de esta naturaleza: «un proyecto audaz y complejo para cualquier regulador». Pero como remarcó, si el regulador tiene que afrontar la innovación del mismo modo que lo hace el sector financiero y tecnológico: innovando para no quedar atrás.

Bancos blockchain 2016

Dos «mineras» Antpool con un 23,52% del procesamiento de bloques y DiscusFish/F2Pool con un 23’06% acaparan más de la mitad de los bloques creados. A base de electricidad gratuita y potencia de cálculo tienen ya capacidad para modificar las reglas a su antojo. Todo porque el sistema de minería tiende a centralizar el funcionamiento del blockchain de bitcoin.

Mientras, cada vez más analistas comienzan a ver más interesante el uso de blockchain en el sector del seguro que en banca porque ven en él una forma de separar el aseguramiento del reaseguramiento. Sin duda se trata de algo distinto y separado de bitcoin, pero las limitaciones técnicas y la posibilidad de captura del blockchain obligan a replantear el diseño de infraestructuras de base. La solución más sencilla es la centralización en consorcios liderados por grandes bancos o entidades financieras. Es el camino que ha seguido por ejemplo Barclays que ha tomado cabeza en la carrera por explorar este sistema alimentando start ups y grupos de trabajo que le han permitido presentar ya su primera generación de contratos digitales basados en blockchain.

Lo que da un nuevo sentido a las para algunos sorprendentes declaraciones de la Reserva Federal norteamericana que preparan una regulación pública… y global.

World Economic Forum

Una llamada de atención sobre la necesidad de crear nuevos estándares globales para que las oportunidades creadas por el sector no se desborden y desestabilicen al sector financiero en su conjunto. En resumen seis grandes riesgos:

  1. Que las finanzas p2p independientes descompongan el tejido financiero tradicional
  2. Que los algoritmos determinen el mercado
  3. Que incremente el cibercrimen
  4. Que incremente el uso ilícito de los datos de los clientes
  5. Que los agujeros en los sistemas de pagos tuerzan las políticas monetarias
  6. 6. Que la regulación se base en clasificaciones de los agentes y no tanto en su actividad, llevando a algunos a la quiebra

Y cuatro ejes de trabajo:

  1. Clarificar los límites del uso de los datos
  2. Una versión financiera del WTF
  3. Mejor regulación y supervisión
  4. Corporatización y autoregulación industrial

Inteligencia artificial

Un estudio publicado esta semana por «Citi» evalúa en hasta un 30% las reducciones de plantilla medias a las que llevará el desarrollo de los bots en la relación con clientes en banca minorista y «pequeña banca de inversión» y patrimonios. La ligazón entre la ansiada reducción de escala y la robotización está bien establecida y sin embargo ni las start ups fintech parecen dar en el clavo ni los bancos se animan a experimentar mientras no vean un retorno más claro en los productos que les llegan.

Y es que la robotización está levantando poco a poco una verdadera marejada social… sin haber tenido instalaciones significativas.

No es solo entre los trabajadores ni puede reducirse a un brote ludista. Es claro que toda reducción de escalas en un sector que históricamente ha creado el tipo de empleos que definían a la clase media profesional, como la banca comercial, va a producir desazón y resistencias, sobre todo en un contexto de crisis, «bad economy» y subempleo.

Lo interesante es que el discurso contrario a la robotización está emergiendo desde relatos de consumo, como expresión de un miedo cada vez más explícito del consumidor a la ausencia de flexibilidad en los procedures de relación con el cliente. Ya se criticaba la reducción de lo humano a un interfaz en la atención técnica y comercial de las telecos y es ese modelo -ejemplo de frustración permanente y objeto de sátiras y chistes- es el que da el molde para la imaginación por el consumidor de una banca robótica. El detalle más destacable es que los tradicionales cajeros automáticos no aparecen como referencia en estos relatos que llegan ya a los «think tanks» especializados en Internet y cambios sociales que proponen cada vez con más claridad la idea del «open source» como punto de encuentro con lo que entienden una tendencia imparable.

El código libre y el open source en relación con el cliente bancario tiene ya un cierto recorrido a través de la experimentación con APIs, protocolos de comunicación abiertos al público que permiten la integración de sistemas del banco (o de agentes nacidos de la oleada tecnológica anterior como Paypal) en otras webs y servicios.

La idea emergente es que si se manejan unos estándares abiertos, las inflexibilidades del procedimiento de un banco concreto podrían ser suplidas por desarrollos particulares externos a él. Dicho en claro, podría aparecer un mercado de «interfaces», apps creadas por start ups que suavizaran esos procedures con ayuda personalizada, y formas de representación más agradables para el cliente final. Es decir, la capa de servicio se podría separar de la capa de atención al público que constituiría todo un negocio en si mismo.

Desde esa perspectiva, las compras de BBVA en EEUU, Gran Bretaña o Finlandia de lo que no son más que interfaces para la interacción entre el cliente y el servicio financiero, sería en realidad un paso atrás, no un avance. Porque al final no se trataría de tener la capa-cliente más competitiva, sino tener la mejor integración posible para que otros compitan por los clientes usándola.

Bitcoin

Durante los últimos años las start ups han configurado un verdadero mercado de innovación para la banca minorista. Bien ofreciendo servicios marca blanca, bien ofreciéndose para posibles compras en vistas a integrarse en el modo de trabajo de bancos asentados en el mercado. Las compras de Simple en EEUU primero y Atom en GB después por BBVA serían el ejemplo más claro de este segundo modo: comprar innovación. Es una respuesta correcta ante lo que parece un nuevo consenso: las apps transaccionales de los bancos no prenden y están perdiendo el tren en un mercado -el del usuario móvil- que ha multiplicado por tres durante el último año el tráfico de datos.

El balance de este tipo de orientación sigue sin embargo siendo negativo para la banca minorista. Seguramente porque a pesar de las esperanzas, por lo general van poco más allá de lo que el usuario hacía ya con su banco. Solo transforman el cómo, mejorando el lenguaje gráfico y la interacción, pero no aportando un nuevo tipo de relación.

Algo parecido ocurre con las apps orientadas a inversión. Betterment, el caso de éxito por excelencia es la unión de un buen interfaz y unos costes transaccionales menores. Y en esa medida, a pesar de los resultados y el crecimiento, lejos de ser un ejemplo ilumina una cierta forma de fracaso pues aboca casi exclusivamente a la competencia en precio sin establecer una relación de nuevo tipo con las entidades financieras y una reconstrucción de la relación afectiva.

La reducción de las finanzas a commodities, asumida incluso por el regulador, promete una extensión del modelo del «comparador» del seguro a la banca, un camino ya emprendido por decenas de start ups europeas y americanas. Pero si en el sector del seguro puede tener en ciertos casos el atractivo de una reducción del poder de los intermediadores tradicionales, en banca no es así. Por eso otra tendencia, especialmente en Alemania, está siendo llevar el modelo del asesor personal al móvil. Lo que obviamente tampoco funciona, igual que filmar obras de teatro no supuso un paso al «cine de calidad» en los principios del cine mudo.

Una tercera vía apunta a la fusión de la transaccionalidad con las pequeñas inversiones: mercados de capital semilla, utilización de la mal llamada «big data» para descubrir relaciones o intereses en clientes… acercándose más a un nuevo tipo de relación que sin embargo no acaba de encontrar su razón moral, afectiva, emocional, entre los inversores/consumidores.

Por eso seguramente la innovación más reseñable se esté produciendo hoy en los márgenes del sistema, en espacios como Kiva o en los grupos de «lending». La innovación no viene en estos casos de la tecnología -bastante deficiente en muchos casos- ni siquiera de las formas de gestión del riesgo. Sino de algo mucho más revolucionario: tienen en cuenta y utilizan el significado de la interacción para el cliente, que invierte en una causa y se siente «mejor» por ser útil a otros entendiendo la utilidad del sistema financiero a través de ahí y estableciendo una relación de pertenencia personal con la marca.

El futuro del valor diferencial seguramente no esté en la movilidad ni en el interfaz, sino en ese sentido de finalidad. Las herramientas ya se construirán adhoc.

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