Blog

Evasión de capital

Un informe sobre el efecto de la regulación bancaria orientada a reprimir el lavado de dinero llevado a cabo por el regulador británico muestra cómo los bancos han tendido a responder centrándose en su core business y estableciendo filtros que dificultan la asociación íntima con las fintechs.

Este «reenfoque» de la actividad bancaria, separando las capas de la banca minoristas en distintos agentes, alimenta el creciente interés de los APIs bancarios y reposiciona a las fintechs en la capa cliente y la pequeña escala.

Old Banking

Un informe publicado esta semana por el regulador británico adelantaba que las normativas antilavado de capitales están impulsando a los bancos a centrarse en su «core business» y colocar sus relaciones con ONGs y fintechs en planos menos arriesgados que les liberen de responsabilidades de difícil control y muy penadas.

Es decir, la normativa está llevando a los bancos a concebir sus relaciones y colaboraciones en «capas», el modelo que sostiene conceptualmente el Open Banking y que se materializa en APIs más o menos abiertos. No es de extrañar que hayamos detectado la viralización de textos técnicos y de divulgación sobre APIs financieros en la prensa y las redes sociales vinculadas al sector en el mundo anglófono. El API bancario es la forma de no renunciar a la colaboración pero también de enmarcarla en formas de relación y requisitos que liberan a las entidades de riesgos normativos indeseados.

Presentación de Lending Club

El ciclo de crédito es para FT y los medios especializados una verdad tan inconmovible como la muerte o los impuestos… y la realidad subyacente bajo la crisis de Lending Club, además de un motor hacia la normalización -esto es la adopción de prácticas de la banca tradicional por el crédito P2P. Las televisiones y medios generalistas insisten sin embargo en el peligro de los conflictos de intereses en un terreno no tan controlado y regulado como el de la banca tradicional.

Forbes en cambio apuntaba que los resultados eran sorprendentemente buenos pero que la dimisión de Laplanche los había eclipsado, poniendo en crisis todo el sector del crédito p2p.

En cualquier caso, la evolución del valor bursatil de LendIt y la de Lending Club, está mostrando una caída en picado que amenaza con dejar fuera de juego a todo el sector. Sin embargo aunque no faltan los comentarios catastrofistas, los comentaristas más jóvenes recuerdan que «cuando la burbuja puntocom estalló el mundo no volvió a sus viejas máquinas de fax» y que en realidad estaríamos ante un aviso de la necesidad de volver a modelos más claros y originales de préstamo P2P, una idea similar a la que pudimos el martes en el canal de la cadena norteamericana CNBC.

El viernes, en un análisis posterior al referido arriba, Brooke Masters de FT comentaba que «a los novatos se les han pegado los malos hábitos de los viejos» entrando ya en el detalle de los problemas de LendIt (cambio de fechas en créditos para poder venderlos a un banco y opacidad de Laplanche que no había aclarado que tenía intereses personales en una empresa en la que Lending Club se disponía a invertir). Pero sobre todo dando por hecho que, de alguna manera, este escándalo marcaba el fin de la fase en la que todo el sector creía a pies juntillas que las fintech, más ágiles e inmaculadas, iban a comerse buena parte del mundo financiero y traer un aire fresco -y una nueva ética- al sector. Una lectura opuesta («Lending Club era demasiado parecido a un banco tradicional») podía leerse sin embargo con frecuencia en los blogs de desarrolladores y analistas fintech durante toda la semana. Los resultados récord de «los pequeños» no cotizados como BizFi que presentó el martes resultados del primer trimestre de 2016 ($144M$ en crédito generado a 3.605 PYMEs) parecerían darle la razón.

El lunes la situación en los mercados americanos era ya un «meltdown» no solo de las empresas de crédito p2p sino que apuntaba una sangría general a través de las empresas de pequeño crédito como OnDeck. En ese marco, los analistas apuntaban a las empresas europeas -solo Funding Circle cotiza en mercados americanos- como alternativas relativamente seguras a medio plazo por incorporar distintas bases de clientes e innovaciones propias.

El martes se hacía pública la noticia de que el Departamento de Justicia había citado para testificar a la empresa ante el Gran Jurado, a la que el nuevo CEO siguió con una carta a los accionistas explicándoles las medidas en curso que la dirección ha tomado para salir de la crisis y recuperar la confianza de los inversores.

El balance una semana después en Bloomberg es que la Bolsa se dispone a hacer una verdadera purga entre las empresas fintech cotizadas, reduciéndose el valor de aquellas que peor están preparadas para enfrentar el ciclo de crédito, generalmente las que fiaron demasiado al valor aportado por la innovación tecnológica y prestaron demasiada poca atención a la necesidad de tener un conocimiento íntimo de la demanda.

Street food Asia

Servicios como m-Pesa o BKash, en países como Kenia, Bangladesh,Tailandia o Indonesia se presentan gracias a las fintech como el próximo gran negocio del retailing… lo que no queda claro es si harán falta bancos o las fintech podrán bastarse solas y si las regulaciones financieras de estos países, donde el negocio financiero ha estado tradicionalmente tan concentrado como poco extendido entre la base de la pirámide social, podrá evitar inestabilidades significativas. 

Las ideas del Gobernador del Banco Central Tailandés, Suthichai Yoon, asegurando que en buena parte del continente empezando por su país, las fintech sustituirán el papel jugado hoy por la banca, han sido muy comentadas en toda la prensa asiática. Las declaraciones han sido seguidas de una lluvia de análisis en distintos medios especializados asegurando que el futuro de los seguros y la banca vendrán dados por el del fintech y el insurtech en grandes mercados subbancarizados como India, China y América del Sur. Y que la sudafricana Zoona anuncie que ha procesado pagos por más de 1000M$ es señal de que Africa también ha de ser tenida en cuenta, sobre todo cuando en Sudáfrica vemos el ascenso de WiGroup, un gigante de los pagos online desde el mercado local. Y en India Ujjivan, una plataforma de microcréditos online que tiene el 11% de la cuota de mercado local, se convierte en banco con la ayuda de inversores extranjeros en medio de una contratación masiva que se anuncia sobrepasará los 2.300 empleos.

En países periféricos pero desarrollados tecnológicamente y con capitales muy concentrados como Singapur o Corea del Sur sin embargo, los análisis apuntan en sentido contrario: más que erosionar a los agentes tradicionales, las fintech los están reforzando, como hemos visto con la asociación entre Wirecard y VISA. De hecho en algunos países con baja bancarización como Tailandia ese es el discurso que están tomando también los bancos: pudimos leer esta semana al presidente de KBank declarando que «la disrupción fintech tiene que ser reforzada».

Y por si sirve de indicador, GoldMan Sachs anuncia que «sale de compras» por India buscando start ups fintech en las que invertir cantidades relevantes de capital y con las que construir alianzas a largo plazo. Y kueski, la principal app mexicana de microcréditos  ha anunciado esta semana que ha cerrado ya con un grupo de inversores internacionales una ronda de 35M$ entre deuda y participaciones, la mayor inversión hasta el momento en una fintech mexicana.

Banca y robotización

Surgen cada vez más críticas entre los analistas a la perspectiva de la robotización de los asesores financieros.

La crítica financiera focaliza en el «Global Investment Performance Standards» (GIPS), un conjunto de principios éticos estandarizados para toda la industria que provee a los gestores de inversiones de guía para calcular el resultado de sus inversiones y hacer report a sus posibles clientes. La ausencia de informes GIPS sobre robo-asesores se está convirtiendo en un flanco débil cada vez más recurrente.

Desde el punto de vista de relación con el cliente, aseguran otros analistas, los ejemplos de las cadenas de videoclubs o tiendas de música no son válidos en banca. Fueron arrasados por Internet porque ponían personas en el medio de una cadena que podía ser digitalizada y convertida en un servicio directo. Pero no es así con la banca. De hecho, según los estudios sobre banca minorista, los más jóvenes, los «mileniales», son precisamente los más propensos a poner en valor la sucursal y discutir cara a cara.

Y para rematar, desde el MIT apuntan si la ola de bots americanos no serán el resultado de un malentendido sobre el éxito y las funcionalidades de los chatbots chinos, que no son solo específicos, sino muchas veces basados en menús de opciones, lejos de la emulación conversacional que se pretende para servicios avanzados o basados en voz… para los que aun quedaría una década como mínimo.

Y sin embargo otros leen el resultado del informe de CapGemini que comentábamos la semana pasada como una muestra de cómo los esfuerzos por mejorar la experiencia de usuario de los clientes financieros puede aumentar ligeramente la satisfacción de estos, pero no tiene una incidencia perceptible en el volumen de negocio. Es decir, que en realidad no existen incentivos para que el sector mantenga el elevado nivel de coste de las redes de sucursales y los asesores telefónicos. Está por ver sin embargo que la elasticidad de la demanda a la bajada de costes en atención sea tan rígida como lo ha sido al incremento del esfuerzo.

Karl Marx

Escuchando a los banqueros minoristas y leyendo entre líneas los estudios de las consultoras, se hace inevitable un escalofrío: la vieja idea marxista está aquí de nuevo.

Puede que Marx aspirara a «hombre nuevo» y lo idealizara en el Prometeo del «proletario consciente liberado» y la banca se conforme con un «cliente nuevo» idealizado en un «milenial» imaginario, pero la idea -errónea- de base está ahí: cambia la estructura y cambiará la cultura automáticamente sin que tengas que preocuparte por nada más.

Lo que es peor, el fintech está desarrollando un discurso marxista-leninista, soñando una especie de alianza tecnológica de las masas sub-bancarizadas del mundo desarrollado con las masas des-bancarizadas de los países en desarrollo.

Pero al margen de las estructuras mitológicas -por lo que se ve muy persistentes- del siglo XX, la realidad es bien otra: el centro de la reducción de escalas está en la economía productiva, en las nuevas PYMEs -cada vez más protagonistas de la innovación y de la rentabilidad- y sus necesidades. Eso es a lo que no se ha adaptado lo suficientemente rápido Goldman y por lo que sufren sus resultados, no por una supuesta y repentina pauperización de las clases medias norteamericanas imposible de verificar estadísticamente.

Aplicaciones financieras

Los británicos recuperan parte de la confianza en las instituciones financieras pero se tornan más demandantes. A destacar: solo un 20% confía en su aseguradora.

En cuanto al sector en general, solo un 18% estaría satisfecho exclusivamente con servicios online. Sin embargo, uno de los puntos más interesantes es que la experiencia del online es mucho más valorada… aunque no gracias a los bancos y las aseguradoras, sino a los revendedores de productos financieros a través de apps y servicios webs que han sido capaces de generar una experiencia de usuario mucho mejor que la dada por el estándar de bancos y aseguradoras.

La principal ventaja de bancos y aseguradoras: la confianza sobre la seguridad de los datos personales. Un 86% percibe que sus datos personales están más seguros en un banco o aseguradora que en ninguna otra empresa o institución.

¿Qué demandan los clientes? Según Matt Hutchkins, director de UKI Assurance: personalización y nuevos canales. Y lanza un mensaje muy claro en el estudio: cuánto más sofisticado es el cliente, más digital es. Un marco que renueva la apuesta de Accenture por el «Robo-advice», el consejo robotizado en la atención al pequeño inversor y cliente de aseguradoras.

Satisfacción del cliente en banca

El estudio preguntó a 16 mil clientes por la satisfacción general con su banco, la importancia de disponer de canales específicos para la ejecución de diferentes tipos de transacciones y su comportamiento hacia el uso de productos y servicios de empresas Fintech.

Como conclusiones a destacar, el informe apunta que los clientes están experimentando innovaciones en un gran cantidad de actividades de su día a día, pero no con sus bancos. A pesar del aumento de protagonismo de las fintech el índice de satisfacción de cliente con su banco sube un 2,9% en relación al estudio realizado en 2015.

Cuota de mercado: Cerca de dos tercios de clientes a nivel global afirman estar usando productos y servicios de fintechs. 
Confianza: El 87.9% de clientes confía en gran medida o completamente en sus proveedores fintech. 
Conocimiento de marca: El 54,9% de los clientes es capaz de nombrar a su proveedor fintech, frente al 38,4% de clientes que conoce cuál es su banco
Previsión ejecutivos de banca: Las áreas de crecimiento de las empresas fintech están en tarjetas y pagos según el 84% de los ejecutivos de banca consultados. En segundo lugar, estarían los créditos a los que el 55% de los ejecutivos le ven un espacio potencial de crecimiento en manos de las fintech.

El informe apuesta por la alianza de bancos con empresas tecnológicas para el desarrollo de productos, y la definición del futuro de la tecnología en el ecosistema bancario.

Realidad Virtual

En el fondo del bullicioso debate fintech de la última semana, cruzando los estudios y las encuestas de las consultoras aparece, cada vez más definido, el horizonte de una «banca invisible» que evoluciona hacia marca blanca de si misma.

Las fintech no solo han mordido ya una parte considerable del negocio potencial futuro (los usuarios no bancarizados de rentas bajas en países segmentos sociales periféricos) sino que empiezan a erosionar los mercados de mayor valor para las entidades financieras en los países desarrollados. Un reciente estudio australiano levantó todas las alarmas al mostrar que el 64% de los consumidores que han utilizado algún servicio bancario fintech independiente no creen que vuelvan nunca a pisar una sucursal, es decir, serán difícilmente recuperables por los «cuatro grandes» bancos minoristas australianos.

La banca se ve en un dilema: por un lado entiende que el futuro pasa por la reducción de escalas, tanto en los clientes -acercándose a los sistemas automatizados de crédito rápido- como las propias, robotizando la atención al cliente online y cerrando sucursales.

Pero se siente en desventaja y con razón: lo que las fintech venden es una experiencia y no solo un servicio. Este el marco del debate «colaboración o competición» que con tintes a veces sensacionalistas alientan las grandes consultoras y jalean los medios especializados.
Si unimos esto a la depresión anímica del sector tras la crisis de 2008 entendemos por qué se está afianzado como tendencia la invisibilización de los bancos. Los bancos saben muy bien hacer APIs, sistemas a los que otros sistemas e interfaces ajenos (como las fintech) pueden hacer preguntas obteniendo datos y creando una capa entre la operativa y el cliente. A fin de cuentas llevan casi dos décadas haciéndolo en forma de pasarelas de pago. Se sienten seguros ahí y lo que es más importante: los clientes finales confían en ellos para eso. Según el informe sobre banca minorista de Cap Gemini el 87.9% de clientes confía en gran medida o completamente en sus proveedores fintech, pero según un informe de Accenture sobre el consumidor británico aparecido también esta semana, el 86% de los clientes totales percibe que sus datos personales están más seguros en un banco o aseguradora que en ninguna otra empresa o institución.

La tentación obvia es la colaboración invisibilizadora: dejar que las fintech agreguen una experiencia al servicio, innoven en interfaz y atención al cliente… y darles el servicio como una suerte de nuevos mediadores.

Este modelo de banca API o banca invisible es el que está testando Saxo Bank en su expansión en China. Ha anunciado esta semana un acuerdo con proveedores de contenidos y servicios chinos que convierte al banco en una API prácticamente invisible al usuario final que utiliza los servicios bancarios a través de sus proveedores de información financiera y experiencia online.

¿Es el futuro del banco ser un API mientras otros agentes online luchan por captar clientes y atenderlos?

Es también el modelo de JPMorgan Chase’s asociándose con OnDeck y parece tener tan solo la alternativa de BBVA comprando Simply y otras fintech «de interfaz». Es decir, la alternativa se dirime entre un API abierto a varios proveedores de nicho o de experiencia y un API interno con plataformas fintech propiedad del propio banco. En todo caso lo que parece claro es que la banca empieza a asumir el modelo de «capas» común en el mundo de las start ups tecnológicas: y la capa de servicios es cada vez más autónoma de la capa de atención y captación de clientes.

World Economic Forum

Una llamada de atención sobre la necesidad de crear nuevos estándares globales para que las oportunidades creadas por el sector no se desborden y desestabilicen al sector financiero en su conjunto. En resumen seis grandes riesgos:

  1. Que las finanzas p2p independientes descompongan el tejido financiero tradicional
  2. Que los algoritmos determinen el mercado
  3. Que incremente el cibercrimen
  4. Que incremente el uso ilícito de los datos de los clientes
  5. Que los agujeros en los sistemas de pagos tuerzan las políticas monetarias
  6. 6. Que la regulación se base en clasificaciones de los agentes y no tanto en su actividad, llevando a algunos a la quiebra

Y cuatro ejes de trabajo:

  1. Clarificar los límites del uso de los datos
  2. Una versión financiera del WTF
  3. Mejor regulación y supervisión
  4. Corporatización y autoregulación industrial

Impulsamos organizaciones más abiertas y democráticas