Análisis

Cornucopia - Teoria Monetaria Moderna

Warren Mossler es el Pierre Menard de la Teoría Económica. Piere Menard es aquel personaje de Borges que escribió el Quijote. Lo escribió porque siglos después y con sus propias inspiraciones, se le ocurrió como una obra original, no porque lo copiara.

En 1993 Mossler, un exitoso «fixed income money manager» en West Palm Beach, comenta las claves de su éxito con Donald Rumsfeld mientras descansan en una sauna del Racquet Club de Chicago. Rumsfeld se queda sin argumentos frente a la idea central de Mossler: el gasto público no está limitado por los ingresos y no debe estarlo ante un gobierno con soberanía monetaria que ve en los impuestos no un ingreso necesario para presupuestar el gasto sino solo una palanca con la que controlar el consumo de las familias y modular la inflación. Es Abba Lenner de nuevo. Solo que ninguno de los dos sabe siquiera que Lenner existió ni qué dijo. Rumsfeld le pone a trabajar en escribir todos esos argumentos y le asigna un equipo. Nacen así los primeros folletos de lo que más tarde será la MMT (Teoría Monetaria Moderna).

Los folletos llegan unos años más tarde a dos académicos jóvenes post-keynesianos: Bill Mitchell, que le dará nombre y L. Randall Wray -un discípulo de Minsky. Ambos hacen parte de una generación de profesores, que ya había dado nombres conocidos globalmente como Steve Keen, que desde las antípodas de los centros decisorios de la economía global empiezan a pensar que el keynesianismo necesita convertirse en un movimiento social si quiere volver al mainstream. Estábamos en las dos décadas de crecimiento exponencial de Internet.

Y la oportunidad llegó con la crisis. Las claves: una fórmula para volver a las políticas de pleno empleo y una nueva concepción del dinero. Para la TMM el dinero no es una mercancía, es tan solo un crédito fiscal. Tampoco es que sea una idea original, puede trazarse sin problemas hasta los años 20. El mismísimo Alexander Bogdanov, el famoso opositor «empirocriticista» de Lenin en la socialdemocracia rusa, lo esboza en 1924 en una de sus novelas de ciencia ficción. Pero a Bogdanov tampoco lo habían leído Mossler ni Rumsfeld y probablemente tampoco ni Mitchel ni Wray.

Pero no es solo un fenómeno americano, en Europa aplicar la TMM significaría salir del euro o construir un gobierno económico europeo con capacidad real para hacer transferencias entre regiones a gran escala. Para un espectro político de referencias vaporosas y electorados tormentosos, la TMM puede ser un asidero tan potente y flexible como en su día el keynesianismo lo fue para la socialdemocracia y la democracia cristiana. De momento, referencias y definiciones de la TMM han calado ya textos teóricos oficiales del Banco de Inglaterra y del Banco Central Alemán.

Pero el fuerte del movimiento está en la esfera pública, en su capacidad para permear la cultura con nuevos medios. «The Nation» dedicaba en mayo de 2017 un largo artículo al «atractivo rockero de la Teoría Monetaria Moderna». El artículo no se molestaba en describir las tesis principales, pero aseguraba que «describe la forma en que funciona el dinero de un modo tal que un niño de ocho años lo capta antes que alguien con un doctorado, lo que es en sí inquietante». Cita a Jamie Galbraith -hijo del que fuera economista de cabecera de toda una generación- para remachar que «el relato [de la economía que hace la TMM] es muy persuasivo» y se centra en el fabuloso ascenso, a fuerza de ciberactivismo y blogs, de lo que era un grupo de economistas post-keynesianos -y por tanto maltratados académicamente- a la influencia social y política.

Y para muestra Stephanie Kelton, la carismática «chief economist» de Sanders en las primarias que lo es también del comité de presupuestos del Senado de EEUU. Kelton representa un nuevo ideal de economista que va más allá del teórico comprometido y polemista, institucional y mediático al estilo de Krugman o Stiglitz. Kelton no vive en un campus neogótico sino en una casa suburbana desde la que entra por videoconferencia en platós y debates públicos; no lidia con las pleitesías de la Ivy League porque es profesora en una Universidad pública con más de un 70% de admisiones, Mizzou; y no firma informes «de expertos» porque se mete en campaña y aplica el mismo tono pedagógico y sensato en la televisión que en sus clases.

Y es que llegados a este punto, la TMM ya no es -ni exclusiva ni principalmente- un objeto de debate académico, sino un arma de batalla política; ya no es heterodoxia, sino «mainstream» alternativo. Y lo es precisamente porque ha superado la barrera del debate teórico y a día de hoy es la promesa de un nuevo «keynesianismo»: una forma estatocéntrica de entender el dinero, útil para el tipo de políticas que cada vez más generadores de opinión, más allá de divisorias económicas, creen que hay que hacer para salir de la crisis.

Monedas locales

Los primeros años de la crisis producen una sensación de colapso no solo económico sino intelectual. Una nueva generación despierta a la vida adulta en un mundo en el que la teoría económica, los partidos tradicionales y sobre todo, los valores y rutinas de pensamiento de la «gran moderación» son puestos en cuestión, cuando no descartados sin más como responsables de una gigantesca promesa incumplida.

Los «Tea Party», «Occupy» y «15M» serán precedidos de una verdadera emergencia de un underground mínimamente reciclado que por primera vez será atendido por audiencias masivas. Libros como «Debt: the first 5000 years» de David Graeber, documentales online como «Money as debt» o el conspiranoico Zeitgeist (2008) se convertirán en fenómenos de masas y referencias comunes.

Y entre todos ellos, uno llegado un poco antes de tiempo: «The future of money» (2001) de Bernard Lietaer, el último epígono de Gesell, teórico y promotor de las monedas locales.

¿Qué ha pasado mientras tanto? La crisis ha condenado a la insolvencia a familias cargadas de deudas, los déficits públicos se multiplican para paliar la violencia de los primeros estadios de la crisis y salvar un sistema financiero en sus más tormentosos momentos. Los bancos cierran el grifo del crédito llevando contra las cuerdas a una masa de PYMEs que sustentan la mayor parte de puestos de trabajo.

La percepción social ve en los rescates bancarios, las reformas y regulaciones a medida de los «campeones nacionales» y la práctica exoneración fiscal que el sistema europeo permite a los gigantes de Internet demostraciones de que el estado no juega con los pequeños a los que ha dejado «solos ante el peligro». No hay que olvidar que, de media, la facturación de las PYMEs se ha reducido en España un 31% entre 2007 y 2014 mientras que en el mismo periodo las grandes empresas aumentaron su facturación en un 17%.

En ese marco de realidades y percepciones es inevitable el giro hacia lo local. Lo local como sinónimo de auténtico, de pequeño, de identificable. Muchos se preguntan si por sí mismos no podrían conseguir aquello que el estado y la banca han dejado de proveer a la economía productiva de pequeña escala: liquidez para financiar la actividad diaria e impulso de la demanda local. Lietaer les dice que sí y bajo el argumentario giselliano late una Economía con visos de sensatez y ejemplos históricos comprobables. El efecto es inmediato: congresos, conferencias, émulos y admiradores; televisiones públicas y privadas se llenan de documentales sobre las nuevas monedas que florecen por toda Europa.

Solo hay un pequeño fallo: la gran mayoría de ellas no son «oxidables», no están garantizadas por un fondo y no tienen un gobierno aceptándolas y entregándolas como medios de pago. Son poco más que bonos de equivalencia, «mortadelos» y «grupones», cuando no formas atractivas de recaudar donaciones de forma encubierta. Lietaer no puede identificarse más allá de las declaraciones tácticas ni dejar de pensar que el viejo Gesell se tiraría de los pelos. Pero el debate sobre el dinero se ha establecido como algo legítimo y la brecha cultural se ha abierto.

República de los Consejos de Baviera

Cuando en 1919 se formó la «República de los Consejos de Baviera», su moneda -que nunca llegó a emitirse- se llamó, no por casualidad «Freigeld», dinero libre. Libre de interés. Su creador: Silvio Gesell. Un socialista no marxista, católico, economista autodidacta y georgista, partidario de la nacionalización de la tierra y del fomento de la pequeña empresa privada. Un europeo influido por el populismo americano que, viviendo en Buenos Aires y sufriendo la crisis monetaria del 89 dedica su vida al aprendizaje y la crítica de la teoría monetaria. Comienza a publicar en el 91 y no para hasta su muerte en 1930. Keynes en la «Teoría General» le dedica unos párrafos cariñosos reconociendo en su trabajo «la mitad de una teoría sobre el tipo de interés» a falta de un análisis de la «preferencia por la liquidez», fundamental para entender la trampa de liquidez y los mecanismos de las crisis.

¿Qué encuentra Keynes en Gesell realmente interesante? Algo en lo que no puede dejar de identificarse: un socialismo de mercado que ve en el diseño de la política monetaria la forma de generar demanda efectiva. Porque, efectivamente, Gesell pretende «oxidar» el dinero, fomentar el consumo a través de una moneda cuyo valor se erosiona por el hecho de ser retenida, desincentivando la acaparación y aumentando el valor de las inversiones a largo plazo. Persiguiendo el sueño del «dinero sin interés» Gesell había creado en realidad una divisa «inflacionaria por diseño», una divisa con interés… negativo.

Poco después de la muerte de Gesell, en el pueblo de Wörgl, Austria, uno de sus numerosos seguidores, Michael Unterguggenberger (1884-1936), fue elegido alcalde. El pueblo tenía 200 familias sin ningún tipo de ingreso y 500 parados a los que había que sumar un millar más en las proximidades. Unterguggenberger tenía un magro capital municipal: 40.000 chelines austriacos. En vez de gastarlos los puso en un depósito bancario, emitió compromisos de pago con esa garantía y comenzó a pagar con ellos el trabajo en obras públicas locales. La nueva moneda local tenía un -1% de interés mensual, por lo cual quien cobraba con ellos sentía rápidamente el incentivo de gastarlos cuanto antes.

El resultado fue espectacular -el desempleo prácticamente desapareció y el pueblo mejoró notablemente sus infraestructuras públicas- y cientos de pueblos austriacos quisieron seguir el ejemplo. El conflicto con el Banco Central austriaco, que hizo entonces valer su derecho de monopolio en la emisión de dinero acabó con la prohibición legal de emitir «dinero de emergencia». Nacía la leyenda de las «monedas complementarias».

Posicionamientos de reguladores, banca y consultoras sobre la adopción de Blockchain 

Algunos bancos centrales están mirando con interés al blockchain como sistema para disminuir el riesgo de fraude y bloquear transacciones sospechosas. De entre ellos, el Banco Popular de China y el Banco de Inglaterra han expresado su interés en el uso de monedas blockchain y digitales. Por su parte, Bank of America hacía público en el mes de enero su solicitud de 15 patentes relacionadas con blockchain.

El Banco de Inglaterra muestra cautela ante la implementación de blockchain en el sistema financiero

El Banco de Inglaterra aboga por explorar vías que aporten resiliencia a la infraestructura financiera, fórmulas más eficaces para las transacciones comerciales y nuevas maneras de codificar, compartir y analizar datos. Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra anunció que la entidad está ya explorando tecnologías descentralizadas tipo blockchain en el core de sus actividades, incluídas las operaciones de liquidación bruta en tiempo real (RTGS, por sus siglas en inglés).

«Distribuir el mayor significa liberar múltiples copias al sistema. Se puede seguir operando aunque alguna de sus partes se caiga, eliminando el riesgo de fallo en un único nodo que conllevan los sistemas centralizados»

Carney afirmó también que un registro distribuido y abierto podría abrir la posibilidad a la creación de moneda digital por los bancos centrales. Esta posibilidad es algo que están contemplando otros bancos centrales como el de Canadá, Australia y China. 

Los expertos del banco han estado trabajando con consultores de PwC en la realización de la «prueba de concepto». Los resultados sobre la prueba de concepto ya han sido publicados por el banco. El objetivo principal declarado es evaluar la capacidad potencial de transformación de los sistemas de registro distribuído en el sector financiero, más que sus capacidades comerciales.

Metolodología: El equipo de tecnología del banco creó e integró una plataforma de libro mayor distribuido sobre el protocolo Ethereum. Las pruebas se orientaron a la capacidad de la tecnología en soportar y resolver cuestiones relacionadas con los mecanismos de consenso, resiliencia del sistema, transparencia, soporte de contratos inteligente e integridad de los datos.

Conclusiones: Aunque la tecnología se muestra todavía inmadura, podría aportar beneficios en un futuro y ser complementaria a los sistemas existentes, aportando mayor resiliencia a la infraestructura por las características inherentes de una red descentralizada.

El equipo de trabajo se propone en sus siguientes pasos, explorar las siguientes áreas:

  • Escalabilidad: Es necesario asegurar que el sistema tiene capacidad para soportar un gran volumen de operaciones manteniendo la integridad de los datos y la velocidad de procesos que requieren las operaciones de un banco central. 
  • Seguridad: Comprobar que los datos distribuidos a través del sistema de libro mayor distribuido no pueden ser comprometidos por ciberataques.
  • Privacidad: Los protocolos actuales requieren un delicado equilibrio entre privacidad y resistencia. Para que el sistema pueda ser utilizado en cualquier aplicación del banco central, necesita demostrar un alto nivel en ambas características.
  • Interoperabilidad: Orientada a entender cómo los estándares de los datos existentes pueden interactuar con las plataformas de registros distribuidos.
  • Sostenibilidad: Los sistemas de libro mayor distribuido utilizan más capacidad de proceso, requieren mayores volúmenes de almacenamiento y consumen mucha más energía. Es una consideración importante, por lo tanto, cómo puede ser minimizado el consumo de recursos a medida que aumentan la escala.

A la vista de los primeros resultados y las próximas fases de trabajo, el Banco de Inglaterra plantea abrir líneas de trabajo con otras empresas para superar los desafíos encontrados a través de su aceleradora fintech. Declara además que son áreas prioritarias de su interés: Nuevas formas de estructurar y analizar grandes volúmenes de datos obtenidos de la operativa y de los informes regulatorios; inteligencia artificial con capacidad aprendizaje y en especial el diseño de patrones para la detección de anómalos.

Así mismo, el Banco de Inglaterra se muestra abierto a escuchar propuestas para participar/actuar como observador o socio en proyectos piloto existentes sobre sistemas de libro mayor distribuido, siempre que se desarrollen en escenarios del mundo real. Y, por supuesto, en explorar las implicaciones potenciales de la regulación en esta materia.

Otros proyectos en la aceleradora del banco son los desarrollados con:

  • Bitsight: Uso de datos de dominio público para evaluar la capacidad de ciber-resiliencia de las empresas -esto es, recuperación tras un ataque- , que incluye además el desarrollo de programas para la búsqueda de malware, y vulnerabilidades en los sistemas. La prueba de concepto evaluará la ciber-resiliencia del propio banco.
  • Privitar: Uso de herramientas para anonimizar y desensibilizar datos. Las pruebas de concepto también se realizarán en el banco y examinarán el conjunto de datos e información acumulada internamente para ver si estas herramientas permitirían ofrecer un mayor acceso a los datos sin comprometer la privacidad.

El Banco de Canadá experimenta con el CAN-Coin

Durante la conferencia Payments Panorama celebrada la semana pasada en Canadá, Bank of Canada, Royal Bank of Canada y Canadian Payments Association presentaron un proyecto experimental desarrollado sobre tecnología blockchain.

El principal objetivo del banco central era entender en profundidad el funcionamiento del sistema de libro mayor distribuido. Para ello crearon una versión digital de la moneda nacional, el CAN-Coin y se realizaron operaciones interbancarias. El banco central puso gran énfasis en asegurar que no está planeando emitir moneda digital de uso público, sino probando las implicaciones que para la banca puede tener operar en entornos virtuales. 

En una de sus diapositivas se pudo ver el diagrama de una operación en la cual un agente que participa en la plataforma pignora una cierta cantidad en efectivo en una cuenta especial en el banco central, quien convierte ese valor en CAN-Coin y lo envía a la cuenta del agente. Cuando un miembro de la red, que tiene que haber sido aprobado previamente, convierte el CAN-Coin a otra moneda, el banco central destruye esa cantidad de CAN-Coin eliminando su registro. En el experimento participaron los 5 grandes bancos de Canadá: Bank of Montreal, Canadian Imperial Bank of Commerce (CIBC), RBC, Toronto-Dominion Bank y Scotiabank. El proyecto fue desarrollado por el consorcio R3.

Por otro lado Nanopay, la fintech de Toronto que compró MintChip, el primer sistema de moneda virtual basado en libros mayores públicos desarrollado por la Casa de la Moneda canadiense, lanza a partir del día 23 de junio su primera app para el sistema, presentado como la app de referencia de pagos móviles, ofreciendo transferencias p2p gratuitas y descuentos del 20% en todas las compras.

Banco Central de Rusia

El pasado mes de diciembre el presidente Putin presentaba la hoja de ruta y la creación de un grupo de trabajo para la implementación de monedas digitales y sistemas de libro mayor distribuido. Desde entonces pocas noticias han trascendido sobre los avances de este grupo. Sin embargo, el responsable de Future Banking en el Banco Central de Rusia ha afirmado hace unos días que de acuerdo a las estimaciones realizadas por el banco, las redes cerradas e híbridas de registros de libro mayor, esto es con estricta identificación y normativa propia, tienen un gran potencial de desarrollo en el sector financiero. 

Para el representante del Banco, es fundamental distinguir entre blockchain y otras formas de registros distribuidos, como ocurre con Ripple: Blockchain es una cadena de bloques de transacciones que contienen los registros de todas las transacciones de la red. Los sistemas de libro mayor distribuidos son una tecnología de intercambio de datos no necesariamente basada en blockchain.

Mercados y blockchain

Hace unos días, Benedicte Nolens, jefe del riesgo y la estrategia para la Comisión de Valores y Futuros de Hong Kong, posicionaba a favor de implementar la tecnología blockchain por su capacidad para asegurar el cumplimiento por parte de los bancos de la normativa anti blanqueo de capitales. Según Nolens, los protocolos KYC y AML han evidenciado problemas e ineficiencias, aludiendo a las multas a la que han sido sometido diferentes bancos a nivel mundial.  Se muestra así partidario de utilizar un libro de contabilidad distribuido que podría reducir además de forma significativa los costes de transacción.

Nolens sostiene que si bien la regulación sobre este tema puede llevar un tiempo, las instituciones financieras deben asegurar cualquier uso de la tecnología que permita un mejor cumplimiento de las normas y ve factible su extensión a áreas como Trade Finance y operaciones societarias. Dadas las características de blockchain afirma que su implementación es idónea en aquellos bancos que aún no han desarrollado su propia tecnología de back office.

Considera que hay un espacio de desarrollo a futuro mucho más amplio que el Fintech, y que tiene que ver con la consolidación de la banca digital, el abordaje del crowdfunding o la gestión de valores. Ámbitos que, por estar menos consolidados en la actividad financiera experimentarán un mayor desarrollo y evolución.

Por otro lado, David Rutter, fundador del consorcio R3 para la extensión de blockchain alerta de la creciente burbuja en torno a la transformación digital de la banca y advierte que muchas empresas que están trabajando en el desarrollo de aplicaciones para bancos no serán capaces de alcanzar prototipos funcionales.

En el proyecto R3 está integrado ya por 42 bancos, entre ellos: Bank of America, Barclays, BBVA, Banco Santander, BNP Paribas, BNY Mellon, CIBC, Citi, Commerzbank, Credit Suisse, Deutsche Bank, Danske Bank, Intesa Sanpaolo, Goldman Sachs, HSBC, ING Bank, JP Morgan, Mitsubishi UFJ Financial Group, Mizuho Financial Group, Morgan Stanley, Nordea, Royal Bank of Canada, Royal Bank of Scotland, SEB, Societé Generale, State Street, Toronto-Dominion Bank, UBS, UniCredit y Wells Fargo.

R3 ha formado grupos de trabajo conjuntos y organiza reuniones periódicas para centrarse en el desarrollo de aplicaciones comerciales que la tecnología blockchain puede ofrecer a la industria de servicios financieros globales. El proyecto tratará de establecer normas y protocolos coherentes con el fin de facilitar la adopción más amplia y obtener un efecto de red.

Libros de contabilidad distribuidos

El protocolo Ripple es un sistema de pago, cambio de divisas y una red de remesas que se basa en un sistema distribuido, con protocolo de código abierto, libro de consenso y con una criptomoneda propia, conocida como XRP. Es compatible con cualquier moneda fiduciaria (euros, dólares, yenes, etc), criptomonedas (bitcoin, litecoin, etc), materias primas o de cualquier otra unidad de valor.

La red Ripple pretende activar «transacciones financieras globales seguras, instantánea y casi libres de cargos». Patrick Griffin, vicepresidente ejecutivo de desarrollo de negocio de Ripple Labs, sostiene que la gran ventaja es que los bancos más pequeños ya no tendrían que tratar con «bancos corresponsales» (JP Morgan & Co., HSBC Holdings, Standard & Chartered y Wells Fargo) para hacer de intermediarios. Permitirá reducir los costes adicionales que esto implica, los costes en cambios de divisa y, sobre todo, eliminar los grandes compromisos de garantías que los bancos más grandes exigen periódicamente para actuar como intermediarios. Para Griffin, «esta es la primera alternativa viable a la banca corresponsal en unos 40 años».

Han firmado acuerdos con Ripple: Santander, CBW Bank, Cross River Bank y Fidor Bank. A través de Santander Innoventures, Banco Santander ha invertido 32 millones de dólares en Ripple para un mercado de servicios financieros al que le asigna un valor de 20 billones de dólares.

Esquema de funcionamiento de Ripple

El proyecto de pagos del consorcio W3C

En octubre de 2015, el consorcio W3C anunciaba la creación de un grupo de trabajo para el desarrollo de un estándar de medios de pago para la web. El grupo de trabajo pretende asentar el funcionamiento de métodos de pago incluyendo tarjetas de débito y crédito, sistema de pago móvil (Alipay), custodias, bitcoin o sistemas blockchain. El proyecto contempla el desarrollo de APIs que fijarán el proceso de comprobación de la transacción aportando mayor seguridad en las operaciones a ambas partes.

Estas API permiten a los usuarios registrar los instrumentos de pago (tarjetas de crédito o servicios de pago) y seleccionar el tipo de pago directamente a través del navegador, hacer pagos más rápido, más seguro y más fácil, sobre todo en dispositivos móviles.

Desde su creación el grupo ha mantenido varios encuentros, uno de ellos en las instalaciones de Google, el próximo se celebrará en Londres durante los días 7 y 8 de julio con el patrocinio de Visa y contará con la participación de Bank of England. En el grupo de trabajo permanente participan, entre otras, Ripple, Apple, Bloomberg, China Mobile, Deutsche Telecom, Rabobank, Worldpay y Google. En sus reuniones como invitados han participado también Facebook, Intel, Netflix y Samsung. 

Aunque no es muy conocido, el protocolo HTTP, incluye desde su origen un código para pagos con la idea de convertir el navegador en un medio de pago. El grupo de trabajo espera presentar la API antes de finales de año.

¿Qué reside bajo el repentino interés de los bancos centrales en blockchain?

Según un informe publicado en diciembre por el Gobierno de Gran Bretaña, es importante separar las critpmonedas de la tecnología blockchain. Bitcoin genera suspicacias entre bancos, agentes institucionales y ciudadanos por su asociación a redes criminales, transacciones delictivas y operativas en la dark Internet. Sin embargo, las tecnologías de libro mayor distribuido y monedas virtuales están siendo miradas con interés por los bancos centrales dadas las eficiencias potenciales que supondría para el sistema financiero el uso de «dinero digital».

¿Es el «libro mayor distribudido», distribuido?

El término distribuido puede dar lugar a confusión, como de hecho está ocurriendo en el tratamiento mediático de las noticias sobre blockchain e incluso en algunos informes especializados. Algo es distribuido cuando no hay un control, autoridad o propiedad única absoluta sobre ello. Por lo tanto, el grado de centralización del sistema de libro mayor dependerá de su diseño.

Diagrama de flujos de blockchain

En la práctica, hay un amplio espectro de modelos de libro mayor distribuido, con diferentes grados de centralización y con diferentes tipos de control en el acceso para adaptarse a las necesidades de cada negocio. Estos pueden ser libros de contabilidad «sin permisos» abiertos a todo el mundo para aportar datos al libro mayor y no puede ser de propiedad de nadie; o libros de contabilidad «con permiso» que pueden tener uno o muchos propietarios que sólo pueden agregar registros y verificar el contenido del libro mayor.

La cuestión clave es que, tanto instituciones públicas como sector privado pueden elegir el diseño que mejor se adapte a un fin determinado, buscando el equilibrio entre la seguridad y el control centralizados con la oportunidad que supone compartir datos entre instituciones e individuos.

Otro elemento a considerar el capacidad de proceso, que, para grandes volúmenes de datos hace imposible manejar las cadenas de bloque a agentes con infraestructuras medias. Es decir, la característica de distribuida pura que permite el diseño de red abierta es difícil de asegurar. En el funcionamiento real lo que hace es concentrar las operaciones en unos pocos agentes.

¿Cuáles son los tiempos que se están manejando en las transacciones sobre blockchain?

El proceso de funcionamiento de blockchain necesita tiempo para sincronizar transacciones entre una gran cantidad de copias del libro mayor distribuido. Es dependiente del volumen, a más copias, más tiempo necesita. Así por ejemplo, para bitcoin, un nuevo bloque de transacciones puede ser añadido a la cadena más o menos cada 10 minutos. A su vez, los bloques son de tamaño limitado, por lo que sólo puede contener un cierto número de transacciones. El rendimiento máximo actual de bitcoin es de 5 a 7 transacciones por segundo (la red VISA es unas 10.000 veces más rápido).

Erect Gravestone

En las últimas inversiones significativas en capital semilla en Europa (Alemania, Suiza, Gran Bretaña, Francia) pero también en India llama la atención la participación de family offices con inversiones que van entre los 200.000 y el millón de euros. 

Los family offices se están convirtiendo en un vector importante en la detección de oportunidades emergentes, pero también en un potencial cliente de servicios especializados y un aliado para los ecosistemas fintech nacientes de las entidades financieras.

Productividad y escalas

Esta semana se han publicado los bocetos y se han abierto las consultas públicas de los «regulatory sandboxes» de AustraliaAbu Dhabi y Singapur. India ha abierto una serie de grupos de trabajo y EEUU publicó el primer programa de su «Financial Service Roundtable». Corea anunció la puesta en marcha de un banco de inversiones para apoyar a las fintech locales con capital semilla y riesgo. Japón aprobó su ley para regular las monedas virtuales y los nuevos medios de pago…

La «carrera regulatoria» abierta por el regulador británico se ha convertido en un verdadero sprint. Llama la atención el retraso de los bancos centrales europeos y del propio BCE en un momento en el que ya podemos hablar de un consenso global: la regulación del fintech es un elemento central para impulsarlo como sector de desarrollo.

El país más avanzado de Europa en fintech, Gran Bretaña, ya ve el fintech como industria estratégica para recuperar el crecimiento de la rentabilidad y entiende que lo «disruptivo» es ante todo la capacidad del sector para fortalecer el tejido productivo PYME. Un camino que en Francia está liderando AVIVA y su utilización de los préstamos online a micro, pequeñas y medianas empresas como forma de inversión de un nuevo fondo que posiblemente llegue a los 100M€. Es más que marketing. Es un cambio emergente de paradigma en la escala y la forma de gestionar los riesgos en un momento en el que el crédito no está fluyendo hacia el tejido productivo de pequeña y media escala.

Submarino expedición

Los movimientos de esta semana de Apple, Baidu, Paypal y Samsung pueden parecer tímidos o limitados, pero reflejan tomas de posición que a medio plazo pueden llegar a desplazar de nichos de negocio importantes a bancos y aseguradoras. De hecho podrían ser la primera gota de agua de una tormenta por venir.   

Es especialmente interesante el abordaje de Baidu, seguramente el actor chino más parecido a Google y Facebook en Occidente. Baidu asegura haber incorporado algoritmos que le permiten, a través del proceso de la ingente cantidad de datos que almacena sobre sus usuarios, reducir el riesgo de los seguros de automóvil gracias a un «profiling» mucho más preciso que el de los habituales cálculos actuariales de las aseguradoras. A partir de ahí elabora una estrategia basada en su ventaja con el público más joven y su capacidad para ofrecer precios más bajos… y la liga a los cambios por venir en el automóvil (coche conectado a Internet, nuevas cartografías digitales, coche sin conductor, Internet de las cosas) en los que está invirtiendo.

¿Quedará ahí o será un ensayo para otros campos del sector seguro con mayores márgenes?

Búho

Que una gran consultora investigue e invierta en fintech es, sin duda una buena noticia. Pero es obvio que si esta inversión se centra en una única tecnología, puede comprometer la orientación prestada a los clientes. 

El problema de fondo es la no separación entre los productos de observatorio e inteligencia y la provisión de servicios tecnológicos. En un ámbito tan cambiante y todavía indefinido como las fintechs, aquellos que generan expectativas y prescriben tecnologías deberían tener un cierto recato a la hora de plantearse convertirse en canal.

A día de hoy los informes de algunas consultoras globales adolecen de escoras reseñables. En primer lugar una escora cultural y geográfica que desmiente su carácter global, por ejemplo en el análisis de tecnologías y empresas de roboadvising y chatbots. No tener en cuenta el papel de la lengua en la atención al público va más allá de lo arriesgado. En segundo lugar la evolución de los tradicionales informes y «surveys» a verdaderos promocionales destinados a orientar expectativas que están en colusión directa con las inversiones tecnológicas de la firma.

La solución, como casi siempre, está en el lado del cliente. La contratación de empresas de inteligencia independientes e incluso la internalización de los procesos y observatorios parece cada vez más el camino sensato.

El fin del dinero físico

Esta semana nuestra fintech destacada es Plastc, una tarjeta realizada con tinta electrónica en la que, al deslizar el dedo por su superficie el usuario elige cuál de sus tarjetas va a usar. Dotada con un sistema automático de bloqueo, la tarjeta «dice» a su propietario dónde está en cada momento y se bloquea sola si este se separa físicamente de ella. Es una materialización muy ilustrativa de la creciente virtualización de los medios de pago.

Desde hace una década el uso de tecnologías RFID en Japón permitió invisibilizar los medios de pago. La inserción subcutánea de chips monedero se convirtió en el país asiático en un símbolo de la cultura teenager y en la base de una nueva forma de relación entre padres e hijos. En Occidente sin embargo, fundamentalmente por motivos culturales, este sistema nunca llegó siquiera a plantearse y solo ahora están tomando masividad las tarjetas contactless, que usan una tecnología similar. Pero la propuesta de valor de estas tarjetas no es realmente diferencial. Por eso la compra de patentes de sistemas de pagos por Fitbit, la más popular de las pulseras tomadoras de datos para apps de fitness, es una de las grandes novedades de esta semana. En un futuro inmediato Fitbit y otros weareables competirán con empresas como Plastc por liberar el bolsillo de los usuarios de sus tarjetas tradicionales.

Pero ¿y si el futuro es que la tarjeta no sea siquiera un «complemento» de nuestra ropa? ¿Y si la tarjeta está «en las cosas que nos rodean»? Esta es, al menos en parte, la apuesta de Samsung. Samsung está jugando con dos barajas: por un lado dar potencia de pago a sus teléfonos móviles. Su sistema de pagos Samsung Pay tiene ya 5 millones de usuarios entre EEUU y Corea y su asociación con Alipay le da acceso a 450 millones de usuarios más, solo en China. Pero lo interesante es que la estrategia del gigante coreano no se queda solo en los pagos móviles. Su asociación con MasterCard se orienta sobre todo a dar capacidades de compra a los electrodomésticos de cocina en torno a los cuales quiere centralizar proveedores y compras. La idea: es la nevera la que hace las compras y las encarga previa sugerencia y proyección de datos de sus contenidos. Es un enfoque que, una vez más, impulsa la virtualización: tarjetas contactless o fitbits encajarían con naturalidad en ellas.

Pero al poner el centro de los medios de pago en lugares familiares y comunitarios Samsung nos evoca otro cambio que está surgiendo con fuerza: el pago social. Paypal ha sido seguramente la primera en ver este nicho de negocio y consagrarle una start up propia: Venmo. Venmo está marcando la diferencia en la evolución de resultados de Paypal: ha crecido un 154% en un año y procesado en el primer trimestre de 2016 3200M$ en pagos. ¿Qué hace? Permitir pagar a partes iguales desde el móvil compras online. Venmo es la app que usan los amigos para comprar unas pizzas y unas cervezas cuando quedan para ver un partido, la app para hacer el «amigo invisible» o los pequeños regalos de cumpleaños en la oficina. Cubre el nicho de la pequeña compra en grupo aunque también puede usarse para pagarle un taxi a una visita, organizar los gastos corrientes de un evento o transferirle dinero a un amigo en un apuro. Venno es la traducción fintech de la experiencia social de eBay y Paypal.

Jugada de gol

En Reino Unido una empresa o profesional autónomo tarda una media de 72 días en cobrar los servicios realizados. España supera 2,6 veces la media europea, situándose a la cabeza de retrasos en el pago de facturas según el informe europeo de pagos realizado en junio de 2015. Las consecuencias son obvias. La necesidad de atajarlo ha llevado al establecimiento de nuevas normativas relativas a pagos y morosidad, aunque con escaso impacto en la práctica. 

Ante una necesidad tan evidente, son varias las aplicaciones que han dado el paso a ofrecer servicios que transforman un problema de tesorería en un servicio financiero. Cabe resaltar que el estallido ha sido posible gracias a la liberación de la API de Xero, uno de los servicios más extendido de contabilidad en la nube en el mundo anglo. Con el acceso a la información contable de sus clientes, los servicios se multiplican. 

Es el caso de Chaser, una aplicación que unida a Xero ofrece el servicio de gestión de facturas adeudadas. A diferencia de los agentes tradicionales, se comprometen a utilizar un tono educado aunque persuasivo a un coste bajo. Su receta de éxito se basa en la automatización humanizada, que se traduce en un sistema de recordatorios a través de correo electrónico programados para mantener el tono educado en todo momento y no dudar en enviar otro mensaje más hasta lograr su objetivo.

Resultado de la pérdida de confianza, triunfa Drangon Bill. Ligada a PayPal, establece un sistema de doble conforming entre cliente proveedor. Así, el comprador de un servicio realiza el depósito por adelantado por el total de la factura. A la entrega, y tras mostrar ambos su acuerdo, la cantidad se libera al proveedor. 

La lista continuaría con las aplicaciones que ofrecen intercambio de facturas entre clientes y proveedores con el fin de adquirir diferentes servicios sin mermar la tesorería, o acceder al cobro inmediato a cambio de descuentos. En realidad lo que está ocurriendo en estos momento es que es tanta la demanda entre las empresas de asegurar pagos y cobrar facturas, que cualquier aplicación que salga al mercado tiene grandes posibilidades de triunfar. A la cabeza estamos encontrando nuevamente empresas de Reino Unido, y algunas en Australia. Su nicho es claramente el ámbito de influencia que le da su idioma, lo que nos deja ante grandes mercados desatendidos en el mundo del español y del portugués. 

Street food Asia

Servicios como m-Pesa o BKash, en países como Kenia, Bangladesh,Tailandia o Indonesia se presentan gracias a las fintech como el próximo gran negocio del retailing… lo que no queda claro es si harán falta bancos o las fintech podrán bastarse solas y si las regulaciones financieras de estos países, donde el negocio financiero ha estado tradicionalmente tan concentrado como poco extendido entre la base de la pirámide social, podrá evitar inestabilidades significativas. 

Las ideas del Gobernador del Banco Central Tailandés, Suthichai Yoon, asegurando que en buena parte del continente empezando por su país, las fintech sustituirán el papel jugado hoy por la banca, han sido muy comentadas en toda la prensa asiática. Las declaraciones han sido seguidas de una lluvia de análisis en distintos medios especializados asegurando que el futuro de los seguros y la banca vendrán dados por el del fintech y el insurtech en grandes mercados subbancarizados como India, China y América del Sur. Y que la sudafricana Zoona anuncie que ha procesado pagos por más de 1000M$ es señal de que Africa también ha de ser tenida en cuenta, sobre todo cuando en Sudáfrica vemos el ascenso de WiGroup, un gigante de los pagos online desde el mercado local. Y en India Ujjivan, una plataforma de microcréditos online que tiene el 11% de la cuota de mercado local, se convierte en banco con la ayuda de inversores extranjeros en medio de una contratación masiva que se anuncia sobrepasará los 2.300 empleos.

En países periféricos pero desarrollados tecnológicamente y con capitales muy concentrados como Singapur o Corea del Sur sin embargo, los análisis apuntan en sentido contrario: más que erosionar a los agentes tradicionales, las fintech los están reforzando, como hemos visto con la asociación entre Wirecard y VISA. De hecho en algunos países con baja bancarización como Tailandia ese es el discurso que están tomando también los bancos: pudimos leer esta semana al presidente de KBank declarando que «la disrupción fintech tiene que ser reforzada».

Y por si sirve de indicador, GoldMan Sachs anuncia que «sale de compras» por India buscando start ups fintech en las que invertir cantidades relevantes de capital y con las que construir alianzas a largo plazo. Y kueski, la principal app mexicana de microcréditos  ha anunciado esta semana que ha cerrado ya con un grupo de inversores internacionales una ronda de 35M$ entre deuda y participaciones, la mayor inversión hasta el momento en una fintech mexicana.

Banco de pruebas virtual

Las preocupaciones regulatorias derivadas de la expansión de las fintech han sido uno de los temas recurrentes de esta semana. La FCA británica («Financial Conduct Authority»), ha anunciado un laboratorio («regulatory sandbox»). Pero ¿cuáles son sus claves?

El laboratorio se da dentro de un proyecto para fomentar la innovación en el mercado de servicios financieros del Reino Unido, tanto de los participantes en el mercado fintech como de las instituciones financieras ya establecidas, con el objetivo de que la regulación futura promueva la competencia a través de la innovación disruptiva. Este espacio de experimentación regulatoria tiene como objetivo proporcionar un espacio seguro para el ensayo de productos y servicios innovadores sin que se dispare el conjunto aplicable de consecuencias reglamentarias. El objetivo es fomentar la innovación mediante la reducción de las barreras administrativas y los costes para las pruebas de productos y servicios innovadores, al tiempo que garantiza que los riesgos de las pruebas no se transfieren a los consumidores. Por eso todas las empresas, tanto las financieras como las tecnológicas pueden participar. 

Las fintech podrán obtener una autorización restringida para probar productos o servicios innovadores sin tener que obtener autorización completa. Cualquier actividad regulada posteriormente fuera del entorno limitado todavía requerirá autorización completa, pero la FCA espera que la plena autorización de un producto o servicio que ya ha sido probado en el laboratorio se pueda obtener más rápido y más fácilmente.

Quienes deseen probar un producto o servicio innovador que pueda no encajar fácilmente en el marco regulador existente, pueden desear obtener una mayor claridad acerca de las reglas aplicables antes de la prueba. Para estas empresas, la FCA prevé la prestación de asistencia de las siguientes maneras:

  • La emisión de orientación individual sobre la interpretación de ciertas normas en el contexto de la prueba. 
  • La concesión de exenciones o modificaciones a las reglas de la FCA, aunque obviamente no a las reglas europeas.
  • La emisión de cartas de exención activa. La FCA considerará la utilización de este instrumento con mucho cuidado y sólo para los casos en que no sea capaz de emitir una guía individual o conceder excepciones. Siempre y cuando el destinatario de la carta colabore estrechamente con la FCA, se mantenga dentro de los parámetros de prueba acordados y trate a sus clientes de manera justa, no se enfrentará a medidas disciplinarias de la FCA, incluso si algo va mal inesperadamente durante la prueba. Sin embargo, la carta sólo se aplicaría durante la duración de la prueba en el laboratorio.

Criterio de elegibilidad

Los parámetros exactos de cada prueba serán acordados con la empresa pertinente sobre una base de caso por caso. Sin embargo, la FCA ha desarrollado y publicado ya un conjunto de estándares en los siguientes campos:

  • La firma o el modelo de negocio debe estar en el ámbito de la FCA
  • El producto o servicio debe ser una auténtica innovación
  • Tiene que haber un beneficio para el consumidor
  • Tiene que ser necesaria la necesidad de la empresa de probar su producto en clientes reales porque el proceso regulatorio estándar sería demasiado complejo o costoso.
  • El producto debe estar listo para su prueba con usuarios reales

Los parámetros exactos de cada prueba serán acordados con la empresa pertinente sobre una base de caso por caso. Sin embargo, la FCA ha desarrollado y publicado ya un conjunto de estándares en los siguientes campos:

  • Duración, generalmente de tres a seis meses
  • Número de clientes: El tamaño de la prueba y el número de clientes participantes se limitará estrictamente. Sin embargo, la FCA reconoce que el número de clientes debe ser lo suficientemente grande como para obtener datos estadísticamente relevantes.
  • La selección del cliente: La empresa debe encontrar a los clientes para la prueba. El tipo de clientes debe ser apropiado para el producto o servicio a ensayar, el mercado previsto y el riesgo que implica.
  • Garantías de los clientes: Las empresas deben tener garantías de los clientes. La lista y perfil de cliente será acordada con la FCA sobre una base caso por caso.
  • Consentimiento informado: Las empresas deben revelar información sobre la prueba y la compensación disponible (incluso en caso de quiebra de las empresas) para los clientes que están participando bajo el consentimiento informado.
  • Datos: La FCA afirma que no es responsable del uso de los datos de los clientes.
  • Planes de pruebas: los planes de prueba deben establecer claramente el calendario, los principales hitos, medidas de éxito, parámetros de prueba, las salvaguardas de los clientes, una evaluación del riesgo y una estrategia de salida para los clientes que participan en el examen para evitar consecuencias negativas para estos clientes.

La FCA espera informes semanales con los hitos y principales resultados de gestión del riesgo. Una vez terminada la prueba, las empresas tendrán que producir y presentar a la FCA un informe final. La FCA tiene como objetivo publicar los resultados de las pruebas aunque reconoce que tendrá que revisar lo que se puede publicar caso por caso para asegurar que cualquier información comercialmente sensible está protegida.

Inicialmente, la FCA ha previsto que dos grupos de empresas al año sean aceptadas en el programa.

Al introducir el «regulatory sandbox» en la «Innovate Finance Global Summit 2016» Christopher Woolard, director de Estrategia y Competencia de la FCA, afirmó que la FCA fue el primer regulador en el mundo en poner en marcha un programa de esta naturaleza: «un proyecto audaz y complejo para cualquier regulador». Pero como remarcó, si el regulador tiene que afrontar la innovación del mismo modo que lo hace el sector financiero y tecnológico: innovando para no quedar atrás.

Bancos blockchain 2016

Dos «mineras» Antpool con un 23,52% del procesamiento de bloques y DiscusFish/F2Pool con un 23’06% acaparan más de la mitad de los bloques creados. A base de electricidad gratuita y potencia de cálculo tienen ya capacidad para modificar las reglas a su antojo. Todo porque el sistema de minería tiende a centralizar el funcionamiento del blockchain de bitcoin.

Mientras, cada vez más analistas comienzan a ver más interesante el uso de blockchain en el sector del seguro que en banca porque ven en él una forma de separar el aseguramiento del reaseguramiento. Sin duda se trata de algo distinto y separado de bitcoin, pero las limitaciones técnicas y la posibilidad de captura del blockchain obligan a replantear el diseño de infraestructuras de base. La solución más sencilla es la centralización en consorcios liderados por grandes bancos o entidades financieras. Es el camino que ha seguido por ejemplo Barclays que ha tomado cabeza en la carrera por explorar este sistema alimentando start ups y grupos de trabajo que le han permitido presentar ya su primera generación de contratos digitales basados en blockchain.

Lo que da un nuevo sentido a las para algunos sorprendentes declaraciones de la Reserva Federal norteamericana que preparan una regulación pública… y global.

World Economic Forum

Una llamada de atención sobre la necesidad de crear nuevos estándares globales para que las oportunidades creadas por el sector no se desborden y desestabilicen al sector financiero en su conjunto. En resumen seis grandes riesgos:

  1. Que las finanzas p2p independientes descompongan el tejido financiero tradicional
  2. Que los algoritmos determinen el mercado
  3. Que incremente el cibercrimen
  4. Que incremente el uso ilícito de los datos de los clientes
  5. Que los agujeros en los sistemas de pagos tuerzan las políticas monetarias
  6. 6. Que la regulación se base en clasificaciones de los agentes y no tanto en su actividad, llevando a algunos a la quiebra

Y cuatro ejes de trabajo:

  1. Clarificar los límites del uso de los datos
  2. Una versión financiera del WTF
  3. Mejor regulación y supervisión
  4. Corporatización y autoregulación industrial

Inteligencia artificial

Un estudio publicado esta semana por «Citi» evalúa en hasta un 30% las reducciones de plantilla medias a las que llevará el desarrollo de los bots en la relación con clientes en banca minorista y «pequeña banca de inversión» y patrimonios. La ligazón entre la ansiada reducción de escala y la robotización está bien establecida y sin embargo ni las start ups fintech parecen dar en el clavo ni los bancos se animan a experimentar mientras no vean un retorno más claro en los productos que les llegan.

Y es que la robotización está levantando poco a poco una verdadera marejada social… sin haber tenido instalaciones significativas.

No es solo entre los trabajadores ni puede reducirse a un brote ludista. Es claro que toda reducción de escalas en un sector que históricamente ha creado el tipo de empleos que definían a la clase media profesional, como la banca comercial, va a producir desazón y resistencias, sobre todo en un contexto de crisis, «bad economy» y subempleo.

Lo interesante es que el discurso contrario a la robotización está emergiendo desde relatos de consumo, como expresión de un miedo cada vez más explícito del consumidor a la ausencia de flexibilidad en los procedures de relación con el cliente. Ya se criticaba la reducción de lo humano a un interfaz en la atención técnica y comercial de las telecos y es ese modelo -ejemplo de frustración permanente y objeto de sátiras y chistes- es el que da el molde para la imaginación por el consumidor de una banca robótica. El detalle más destacable es que los tradicionales cajeros automáticos no aparecen como referencia en estos relatos que llegan ya a los «think tanks» especializados en Internet y cambios sociales que proponen cada vez con más claridad la idea del «open source» como punto de encuentro con lo que entienden una tendencia imparable.

El código libre y el open source en relación con el cliente bancario tiene ya un cierto recorrido a través de la experimentación con APIs, protocolos de comunicación abiertos al público que permiten la integración de sistemas del banco (o de agentes nacidos de la oleada tecnológica anterior como Paypal) en otras webs y servicios.

La idea emergente es que si se manejan unos estándares abiertos, las inflexibilidades del procedimiento de un banco concreto podrían ser suplidas por desarrollos particulares externos a él. Dicho en claro, podría aparecer un mercado de «interfaces», apps creadas por start ups que suavizaran esos procedures con ayuda personalizada, y formas de representación más agradables para el cliente final. Es decir, la capa de servicio se podría separar de la capa de atención al público que constituiría todo un negocio en si mismo.

Desde esa perspectiva, las compras de BBVA en EEUU, Gran Bretaña o Finlandia de lo que no son más que interfaces para la interacción entre el cliente y el servicio financiero, sería en realidad un paso atrás, no un avance. Porque al final no se trataría de tener la capa-cliente más competitiva, sino tener la mejor integración posible para que otros compitan por los clientes usándola.

Bitcoin

Durante los últimos años las start ups han configurado un verdadero mercado de innovación para la banca minorista. Bien ofreciendo servicios marca blanca, bien ofreciéndose para posibles compras en vistas a integrarse en el modo de trabajo de bancos asentados en el mercado. Las compras de Simple en EEUU primero y Atom en GB después por BBVA serían el ejemplo más claro de este segundo modo: comprar innovación. Es una respuesta correcta ante lo que parece un nuevo consenso: las apps transaccionales de los bancos no prenden y están perdiendo el tren en un mercado -el del usuario móvil- que ha multiplicado por tres durante el último año el tráfico de datos.

El balance de este tipo de orientación sigue sin embargo siendo negativo para la banca minorista. Seguramente porque a pesar de las esperanzas, por lo general van poco más allá de lo que el usuario hacía ya con su banco. Solo transforman el cómo, mejorando el lenguaje gráfico y la interacción, pero no aportando un nuevo tipo de relación.

Algo parecido ocurre con las apps orientadas a inversión. Betterment, el caso de éxito por excelencia es la unión de un buen interfaz y unos costes transaccionales menores. Y en esa medida, a pesar de los resultados y el crecimiento, lejos de ser un ejemplo ilumina una cierta forma de fracaso pues aboca casi exclusivamente a la competencia en precio sin establecer una relación de nuevo tipo con las entidades financieras y una reconstrucción de la relación afectiva.

La reducción de las finanzas a commodities, asumida incluso por el regulador, promete una extensión del modelo del «comparador» del seguro a la banca, un camino ya emprendido por decenas de start ups europeas y americanas. Pero si en el sector del seguro puede tener en ciertos casos el atractivo de una reducción del poder de los intermediadores tradicionales, en banca no es así. Por eso otra tendencia, especialmente en Alemania, está siendo llevar el modelo del asesor personal al móvil. Lo que obviamente tampoco funciona, igual que filmar obras de teatro no supuso un paso al «cine de calidad» en los principios del cine mudo.

Una tercera vía apunta a la fusión de la transaccionalidad con las pequeñas inversiones: mercados de capital semilla, utilización de la mal llamada «big data» para descubrir relaciones o intereses en clientes… acercándose más a un nuevo tipo de relación que sin embargo no acaba de encontrar su razón moral, afectiva, emocional, entre los inversores/consumidores.

Por eso seguramente la innovación más reseñable se esté produciendo hoy en los márgenes del sistema, en espacios como Kiva o en los grupos de «lending». La innovación no viene en estos casos de la tecnología -bastante deficiente en muchos casos- ni siquiera de las formas de gestión del riesgo. Sino de algo mucho más revolucionario: tienen en cuenta y utilizan el significado de la interacción para el cliente, que invierte en una causa y se siente «mejor» por ser útil a otros entendiendo la utilidad del sistema financiero a través de ahí y estableciendo una relación de pertenencia personal con la marca.

El futuro del valor diferencial seguramente no esté en la movilidad ni en el interfaz, sino en ese sentido de finalidad. Las herramientas ya se construirán adhoc.

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