Análisis

Crickhowell campaña impuestos

En 2015, en un pequeño pueblo turístico de Gales, Crickhowell, los orgullosos y pequeños comerciantes locales decidieron rebelarse y darle una lección al gobierno. Empezó con la apertura de un supermercado perteneciente a una gran cadena. El rechazo al gran distribuidor «de fuera» muchas veces procede de un localismo exacerbado, de un pueblerinismo cansino, pero en este caso, el tema era más interesante.

La idea de que una gran empresa -sea un hipermercado, una planta de ArcelorMittal o una sede de Google- se instale en tu territorio, creando cientos o miles de puestos de trabajo, incluso empleos cualificados, atrae a cualquiera, sobre todo a las administraciones públicas de las que depende que eso se haga realidad y que se llevarán los laureles por ello.

Sin embargo, todos sabemos que la instalación de esa empresa conlleva exenciones impositivas, acuerdos ventajosos para tarifas eléctricas, donaciones de suelo, edificios, etc. En muchos casos, esas negociaciones con la administración se convierten en puro chantaje por parte de las grandes empresas, que amenazan con llevarse su planta a otro lado, dejando a miles de trabajadores en la calle si no se les da lo que piden. A veces, simplemente la empresa factura desde un lugar fiscalmente ventajoso y por tanto no devuelve apenas en impuestos aquello que se regaló. El puesto de trabajo, al final, resulta bastante caro a la administración.

El trabajador de la gran empresa, dependiente por completo de las decisiones de los de arriba, quizá preferirá que se ceda al chantaje. El pequeño empresario, sin embargo, que mientras sostiene al país con sus impuestos ha de sufrir los abusos del Estado, los precios del suelo y luchar por que la factura de la luz y los impuestos no lo arruinen, puede no verlo de la misma manera.
Volviendo a Crickhowell, todo empezó con la preocupación de los pequeños comerciantes locales por una pérdida de clientes ante la llegada de la gran superficie, un viejo debate. Pero la cosa se puso seria cuando éstos descubrieron que la gran cadena no pagaba apenas impuestos gracias a ciertos mecanismos legales de elusión propios de las grandes empresas multinacionales. La indignación pasó a mayores al enterarse de que esta empresa no era una excepción. Cuando uno de ellos descubrió que su pequeño comercio pagaba (proporcionalmente) 7 veces más impuestos que Facebook, decidieron pasar a la acción.

Los pequeños comerciantes locales se unieron. A la cabeza estaban la cafetería, el ahumador local de salmones, la óptica, la tienda de ropa de aventura, la panadería y la librería. Juntos, diseñaron un plan de impuestos DIY que presentaron ante el HMRC (Her Majesty’s Revenue and Customs) y que imita las prácticas de elusión (que no evasión) de grandes empresas como Google, Facebook, Apple, Starbucks o Caffe Néro en Gran Bretaña. Todo legal. El objetivo real, era, sin embargo, que la BBC filmara todo el proceso, que incluyó visitas de los comerciantes a la Isla de Man o a las islas Caimán. El resultado fue un documental, «The Town That Took On The Taxman», que se emitió en BBC 2 en 2016, con la idea de ampliar la campaña de protesta a nivel nacional.
Todos afirmaron que no tienen nada en contra de pagar impuestos y que siempre han pagado hasta el último céntimo exigido por la ley. Lo que no estaban dispuestos a dejar pasar por más tiempo, es que sus competidores más grandes y poderosos jugaran con ventaja mientras ellos financiaban los servicios públicos.

El popular cómico británico, Heydon Prowse, presentador del documental, comentó que «tan pronto como se tapa un agujero en la ley contable, se abre otro. Los comerciantes de Crickhowell están hartos y cansados de soportar la carga de todo el sistema. A ellos no les invitan a esas reuniones íntimas con los jefazos del HMRC, a las que sí van las grandes corporaciones, y sin embargo son la columna vertebral de la economía británica».

Aunque pagar proporcionalmente lo mismo que Google debe producir un gran placer, su innovador plan fiscal no dejaba de ser una reivindicación, una petición para que el gobierno haga más justo el sistema de pago de impuestos para las empresas. Esa fue la razón última del documental y también de su amenaza de compartir ese conocimiento con otras localidades, para dar lugar a una verdadera rebelión fiscal.

Unos meses después de que saltara la noticia, justo antes del estreno del documental, el grupo de comerciantes volvió a aparecer en los medios de comunicación denunciando las presiones de los tories, en concreto del diputado conservador por Gales Lord Crickhowell, que según declararon, se había puesto en contacto varias veces con ellos para instarles a abandonar su campaña y apoyar al ministro Osborne, que según él era una víctima más de un sistema fiscal injusto pero inevitable.
En uno de los e-mails, Lord Crickhowell llegó a amenazar con no apoyar un debate parlamentario sobre el sistema fiscal si el grupo no modificaba su estrategia. Después de una reunión presencial con él, Steve Lewis, dueño del Café del pueblo y líder del grupo en ese momento, se quejó de su condescendencia, su paternalismo y sus aires de superioridad, tratándoles «como a una banda de campesinos que no entienden como funciona ‘el gran juego’».

Lewis afirmó entonces que el resto de comerciantes consideraba el estreno del documental como el final de la campaña mientras que él lo consideraba el principio. Estaba dispuesto a llegar a los tribunales incluso si ello suponía perder el apoyo del resto del grupo. El referendum del Brexit cambió el foco de la atención mediática poco después. La plataforma de recogida de firmas «Fair Tax Town» sigue activa.

Big Fish

Un nuevo informe publicado por KPMG, «Empower for the future, insurance reinvented», asegura que solo la mitad de los aseguradores encuestados creen que pueden obtener algún valor real de las iniciativas de transformación mientras que el 57% confesaba que sus esfuerzos hasta el momento no habían producido los resultados deseados.

Casi un tercio de los encuestados declaró que buscaba inspiración en otros sectores. Distintos analistas de KPMG insisten en que las aseguradoras están demasiado enfocadas en el cumplimiento regulatorio y están perdiendo de vista las necesidades de los clientes, una opinión que encaja con la idea de que serán los cambios tecnológicos, de la mano del fintech, los que propiciarán los cambios en los modelos de negocio.

Por otro lado PWC ha publicado otro informe de similar temática, «Opportunities await: How InsurTech is reshaping insurance». Según este informe un 48% de los aseguradores temen que hasta un 20% de su negocio se pierda a manos de empresas fintechs de nicho durante los próximos cinco años. Casi dos tercios (68%) de las compañías encuestadas dicen que han dado pasos concretos para enfrentar los retos y oportunidades fintech.

Vida rural

MetLife ha publicado recientemente dos estudios realizados en EE.UU. Uno de ellos relacionado con uno de los nichos de mercado que mas claramente despuntan en el seguro de salud: El envejecimiento.

Comunidades y relaciones intergeneracionales son los principales modelos que analiza el estudio para mostrar su impacto positivo en la salud y bienestar de las personas mayores. Por otro lado, el estudio analiza cómo las personas establecen los compromisos financieros en relación a sus familias.

Óscar Herencia, director general de MetLife para el mercado ibérico subraya que las decisiones familiares

«son tomadas en base a responsabilidades y obligaciones que difieren entre generaciones. Es curioso verificar, por ejemplo que los mileniales, están más dispuestos a ofrecer apoyo financiero a sus hijos para que cumplan sus objetivos.»

Igualmente es interesante observar cómo un porcentaje de las personas que tienen un seguro de vida aumenta a medida que avanza la edad. Los mileniales (55%) representan un segmento muy interesante de la sociedad. Parece tener sentido redoblar los esfuerzos para concienciar sobre la importancia de contar con un seguro de vida y dirigirse desde las compañías aseguradoras a una franja de edad más joven. Algo que según apuntan desde MetLife ya vienen haciendo con iniciativas en el área de educación financiera.

Modelos de negocio seguros p2p

Bajo la etiqueta «seguros p2p» existen al menos cuatro modelos de negocio diferenciados entre las startups europeas y norteamericanas.

  1. Los grupos de compra de seguros sobre perfiles comunes como Bought by Many en GB
  2. Los que complementan a las aseguradoras organizando comunidades de amigos y ofreciéndoles reducciones de las cuotas de hasta un 40% si no reportan siniestros, como Friendsurance en Alemania.
  3. Los que cubren mediante la asociación de grupos de amigos riesgos complementarios a los cubiertos por las aseguradoras. Entre estos Inspeer en Francia.
  4. Los que ofrecen seguros «completos» como Guevara (automóvil) y Cycle Sindicate (bicicletas) en GB, Be Sure y Gatherins (PYMEs) en Canadá o Common Easy en Holanda (discapacidad)

El fin del dinero físico

Esta semana nuestra fintech destacada es Plastc, una tarjeta realizada con tinta electrónica en la que, al deslizar el dedo por su superficie el usuario elige cuál de sus tarjetas va a usar. Dotada con un sistema automático de bloqueo, la tarjeta «dice» a su propietario dónde está en cada momento y se bloquea sola si este se separa físicamente de ella. Es una materialización muy ilustrativa de la creciente virtualización de los medios de pago.

Desde hace una década el uso de tecnologías RFID en Japón permitió invisibilizar los medios de pago. La inserción subcutánea de chips monedero se convirtió en el país asiático en un símbolo de la cultura teenager y en la base de una nueva forma de relación entre padres e hijos. En Occidente sin embargo, fundamentalmente por motivos culturales, este sistema nunca llegó siquiera a plantearse y solo ahora están tomando masividad las tarjetas contactless, que usan una tecnología similar. Pero la propuesta de valor de estas tarjetas no es realmente diferencial. Por eso la compra de patentes de sistemas de pagos por Fitbit, la más popular de las pulseras tomadoras de datos para apps de fitness, es una de las grandes novedades de esta semana. En un futuro inmediato Fitbit y otros weareables competirán con empresas como Plastc por liberar el bolsillo de los usuarios de sus tarjetas tradicionales.

Pero ¿y si el futuro es que la tarjeta no sea siquiera un «complemento» de nuestra ropa? ¿Y si la tarjeta está «en las cosas que nos rodean»? Esta es, al menos en parte, la apuesta de Samsung. Samsung está jugando con dos barajas: por un lado dar potencia de pago a sus teléfonos móviles. Su sistema de pagos Samsung Pay tiene ya 5 millones de usuarios entre EEUU y Corea y su asociación con Alipay le da acceso a 450 millones de usuarios más, solo en China. Pero lo interesante es que la estrategia del gigante coreano no se queda solo en los pagos móviles. Su asociación con MasterCard se orienta sobre todo a dar capacidades de compra a los electrodomésticos de cocina en torno a los cuales quiere centralizar proveedores y compras. La idea: es la nevera la que hace las compras y las encarga previa sugerencia y proyección de datos de sus contenidos. Es un enfoque que, una vez más, impulsa la virtualización: tarjetas contactless o fitbits encajarían con naturalidad en ellas.

Pero al poner el centro de los medios de pago en lugares familiares y comunitarios Samsung nos evoca otro cambio que está surgiendo con fuerza: el pago social. Paypal ha sido seguramente la primera en ver este nicho de negocio y consagrarle una start up propia: Venmo. Venmo está marcando la diferencia en la evolución de resultados de Paypal: ha crecido un 154% en un año y procesado en el primer trimestre de 2016 3200M$ en pagos. ¿Qué hace? Permitir pagar a partes iguales desde el móvil compras online. Venmo es la app que usan los amigos para comprar unas pizzas y unas cervezas cuando quedan para ver un partido, la app para hacer el «amigo invisible» o los pequeños regalos de cumpleaños en la oficina. Cubre el nicho de la pequeña compra en grupo aunque también puede usarse para pagarle un taxi a una visita, organizar los gastos corrientes de un evento o transferirle dinero a un amigo en un apuro. Venno es la traducción fintech de la experiencia social de eBay y Paypal.

Singapur fintech

Según un texto de orientación del MIT los próximos early adopters de prácticamente todas las nuevas tecnologías características de nuestra década, están en países en desarrollo. ¿La razón del cambio? La reducción de las escalas de inversión necesarias para adoptar las innovaciones características de la «cuarta revolución industrial»

¿Cómo afecta este marco general a la banca? Los sistemas de pago digitales se están extendiendo rapidamente entre los desbancarizados de Africa y Asia, ganando complejidad y llevando a una experimentación acelerada a los bancos establecidos en la periferia, hasta ahora un «estanque» más que un mercado si hacemos caso a Sonny Singh, de Oracle Financial Services. El tema es que hay un cierto consenso en que por primera vez, es la periferia global (Sudeste Asiático, Suráfrica) quien marca la tendencia a seguir a la banca de los países centrales. Por eso la conexión del sandbox regulatorio británico con Sigapur es tan interesante para ambos mercados y por eso Paypal abre su incubadora en Singapur antes que en California o Europa.

FT dedica un artículo al desarrollo masivo del credito fintech sin colaterales en Africa, entrevistando a líderes de proyectos como Finca, con más de 1.8M de clientes. Finca, por otra parte, ha anunciado el martes su asociación con una empresa de microfinanzas para desarrollar un sistema que mejore el cálculo de riesgos de sus clientes cruzando los datos que tiene la propia plataforma con las bases de datos de uso de telefonía móvil, incluyendo los datos de impagos, etc.

Por otro lado, la previsible inflación de precios de los alimentos en todo Asia debido al fenómeno del Niño, puede convertir este año en el año del crédito fintech en todo el Sudesteasiático.

La explosión de estos sistemas de cálculo instantáneo de riesgos sobre perfiles y estilos de vida, podría transformar profundamente el mercado global minorista, abocando a los bancos europeos a nuevos productos, sistemas de riesgos y formas de relación con los clientes.

Seguros a demanda

No es la primera vez que hablamos de microseguros como un emergente. La extensión del seguro a segmentos de población donde la previsión no estaba contemplada, unida a la masificación del uso de móviles conectados a la red ha dado lugar a un jugoso mercado en el que están surgiendo nuevos competidores que comienzan jugando bajo estas reglas. El concepto de asegurar cosas concretas en un momento determinado cuenta además con otro gran apoyo en el segmento opuesto de la población: jóvenes, tekis, chicos cool que abrazan una nueva forma de consumo al calor de la economía colaborativa.

El pago por uso se está convirtiendo en una tendencia bien acogida por los usuarios. En 2015 AXA apareció para «solucionar» un problema operativo de BlablaCar y sentó precedente. Hace poco apareció Next Seguros, que tras lanzar el seguro de auto basado en pago por uso anunciaba seguir en el camino de productos a la carta y mercados B2B.

Trov es la primera aseguradora a la carta del mundo. Es una plataforma on demand que permite a los usuarios comprar seguros para productos específicos durante un determinado tiempo. Es un pago por uso, que no se limita a la oferta que realiza la aseguradora, como en el caso de los autos. Trov ofrece asegurar los objetos que el cliente decida en cada momento. El desarrollo tecnológico necesario no es menor, pues supone habilitar espacio en un servidor virtual donde cada usuario puede tener una galería de los objetos que necesitará asegurar, clasificados en cuatro categorías: electrónica, entretenimiento, moda y artículos del hogar. Para activar el seguro de un objeto sólo es necesario acceder a la aplicación, seleccionarlo y establecer el tiempo de uso. La aplicación calcula el precio e inicia el proceso de pago. Para establecer el valor de los productos, Trov solicita marca, modelo y fecha de compra de cada uno. El usuario tiene posibilidad de realizar una copia de seguridad de toda su información.

Por su modo de funcionamiento, Trov, más que una aseguradora es un representante autorizado. En determinadas regiones, se asocia con compañías aseguradoras para operar. A sus socios les aporta usuarios actuando como broker, éstos le cubren el riesgo de balance financiero y riesgo regulatorio, pero todos los pagos y reclamaciones se gestionan a través de la aplicación. Dadas las características de su target de cliente, utilizan bots para evitar someter a sus usuarios a llamadas telefónicas. En Trov se definen como un equipo de personas que están reinventando el seguro para la generación de usuarios digitales, haciéndolo simple, flexible y transparente.

«En un mundo donde tengo el control absoluto sobre el entretenimiento, la banca y otros servicios, por qué no puedo escoger las cosas que me importan y protegerlas durante el tiempo que necesite», declara su fundador, Scott Walchek. En lugar de tomar el viejo modelo del seguro, Trov está actuando como puente para las compañías tradicionales ayudándolas a crear productos atractivos para la nueva generación que huye de la lógica todo o nada que opera en el seguro, para adaptar los servicios a las necesidades, según sus propios términos.

AXA será el partner para el despliegue de Trov el próximo año en Gran Bretaña. Fundada en San Francisco en 2012, Trov anunció esta semana el cierre de una ronda de capital por 25,5 millones de dólares.

Usuarios de metro

Las herramientas para el análisis de datos que están disponibles para todas las compañías no son un store restringido de las startups. De hecho, las empresas parten de una ventaja a priori generada a lo largo de años por el desarrollo de sus actividades en el mercado: interacciones con clientes, proveedores, socios… Las tres evidencias que demuestran el principio de la ventaja son: (i) Los datos provienen de una actividad real, no de simulaciones, modelos o estudios; (ii) Los datos tienden a generar más datos; (iii) Las plataformas tienden a ganar.

Sin embargo, no todos los datos son igual de válidos. Todas las actividades producen información, pero ésta no se transforma en datos a menos que involucren una aplicación, un dispositivo o un sensor. Cuando Google desplegó su flota de coches para fotografiar medio mundo poco imaginaron que estaba en marcha una estrategia para ofrecer una nueva gama de servicios a partir de los datos recopilados de los usuarios finales y empresas de su inocente Google Maps. Es difícil saber a ciencia cierta cuáles son las actividades que reportarán mejores datos desde el punto de vista comercial, lo que es seguro es que la información transformada en datos es el nuevo capital de las empresas, si éstas lo saben aprovechar. Es un caso en el que el coste de oportunidad de «no estar» es mucho mayor que el coste de implementar una estrategia que se demuestra errónea. Si no eres parte de una transacción o una interacción cuando ésta ocurre, tu oportunidad de capturar sus datos se perderá para siempre. 

Los primeros movimientos de capitalización de datos están ocurriendo en el ámbito de la investigación científica bio-neurológica. Se está produciendo un aumento considerable de la inversión en el sector tecnológico en el ámbito de la neurociencia. Un paraguas amplio en el que se están englobando disciplinas de neurología, psiquiatría y ciencias del comportamiento. Este interés está relacionado con la búsqueda de soluciones basadas en la inteligencia artificial para la automatización de procesos. Los resultados iniciales, aún rudimentarios, toman la forma de bots. Pero aún queda mucho desarrollo hasta alcanzar una experiencia que pueda sustituir a las personas en entornos conversacionales complejos. Y para conseguirlo será necesario utilizar mucho «big data psicológico». Los agentes que dispongan de información en cantidad suficiente como para someterla a procesos de análisis útiles para el diseño de herramientas tecnológicas conseguirán una posición de ventaja en el mercado. Bajo este enfoque cabe pues preguntarse, si podría resultar interesante ofrecer determinados productos, y además de segmentar la oferta de servicios, estar en disposición de realizar un posterior aprovechamiento de los datos.

Resulta además llamativo encontrar aplicaciones de autoayuda, control de estrés o depresión entre las apps móviles más demandadas por los usuarios y las declaradas de mayor utilidad por los profesionales médicos. Entre sus usuarios destaca un segmento de edad joven que, una vez integrados en el mercado laboral no encuentran acomodo de acuerdo a sus expectativas. En España, donde el uso de terapeutas aún no termina de estar normalizado, resulta más sencillo seguir pautas a través de un dispositivo móvil que acudir al soporte personal y hacer pública una derrota.

Generación Millennial

Hay una constante en las informaciones que hemos destacado esta semana: el choque entre los modelos de negocio nacidos al amparo del discurso del fintech y la cultura de unos consumidores e inversores a los que ninguna consultora ha preguntado por sus valores.

En primer lugar, empieza a ser un consenso de la industria que el modelo de crecimiento de las start up no funciona en el fintech. Y cuando parece hacerlo -como en el caso de Acorn- hay que desconfiar. Esto es algo que aprendieron ya, con sangre, Lendit y las p2p que salieron al mercado y que no han dejado de perder valor desde entonces. Un artículo de The Atlantic sobre la relación entre la clase media americana y el dinero explicaba por qué: la tendencia a jugar con nuestros ahorros o los familiares no depende exclusivamente de las ofertas, de las comisiones y de los tipos. Nuestra relación con la fortuna familiar es más que una función maximizadora, incluso en las sociedades más influidas por el calvinismo. Mientras se siga ignorando en los planes de negocio es muy difícil que cumplan expectativas.

En segundo lugar, es más que dudoso que la robotización vaya a obtener una respuesta positiva por parte de los clientes de banca minorista y seguros. La tendencia cultural está cambiando en buena parte del mundo: los «early adopters» son cada vez más reticentes a probar o privilegiar nada por ser simplemente nuevo, innovador o incorporar una nueva tecnología por revolucionaria que sea. De hecho puede que cuanto más revolucionaria peor porque se vea como «menos auténtica». Si el típico perfil del «early adopter» empieza a criticar la falta de autenticidad de los hoteles «high tech», no es probable que vaya a sustituir de buena gana a su asesor en el banco por un robot. 

Cuando las compañías de seguros avanzan hacia la robotización total de los seguros de vida en el mercado británico, argumentando que los clientes contrastan a los mediadores con la información que obtienen en Internet, seguramente erran el tiro. No es que el consumidor empoderado no quiera o no necesite una relación humana directa. Es que desconfía de la experiencia de relación histórica con los mediadores y con los gestores financieros. 

Cuando tu gestor en la sucursal cambia cada seis meses es el banco el que está degradando y temiendo constantemente que el cliente establezca una relación personal con la institución, no el cliente el que desdeña la fidelización. El sector financiero necesita con sus clientes una verdadera «terapia de pareja», no poner una pantalla led entre su back office y ellos. 

A partir de ahí invocar el fantasma de la generación del milenio pasa a ser una púdica excusa. Entre otras cosas porque si hacemos caso a los publicistas la generación del milenio es la más larga y homogénea de la historia. En teoría nació para definir a aquellos que cumplieron veinte años alrededor del cambio de siglo, pero los anunciantes la han ido desplazando hasta los quinceañeros de hoy. Curiosamente, a pesar de la diferencia de experiencias vitales entre esos dos bloques de edad -en especial en relación con la crisis- las etiquetas y valores asociados seguirían siendo los mismos. Son cada vez más los sociólogos que no solo rechazan el concepto y la supuesta homogeneidad de perfiles, sino que  lo reducen a un segmento cada vez más acotado dentro del mercado norteamericano. El abuso de la idea «milenaria» por los publicistas se parece demasiado al cambio climático para ser verdad: hace obligatorio aquello que nuestras buenas intenciones, nuestra pereza para innovar realmente y sobre todo nuestra mala conciencia, presentan como deseable.

Pero la realidad es tozuda y al final solo prospera en el mercado aquel que lidera el cambio cultural. Dos luces esta semana: Trov y WealthSimple.

Trov ha hecho de un oxímoron («seguros sólo cuando los necesitas») su producto. Y triunfa. A consecuencia de ello no solo reduce a las grandes compañías locales a un API, sino que les dice cómo ha de ser ese API y las reduce a poco menos que gestoras de sus carteras y productos. Un modelo que nos recuerda demasiado a la relación que establecieron en su día Blackberry y Apple con las operadoras de telefonía. Las operadoras siguen lamentándose hoy de que al haber quedado atrás en la innovación se les «colara» un extraño entre ellos y sus clientes. Pero si quedaron atrás entonces y quedan atrás ahora las aseguradoras no es por no invertir suficiente en innovación, sino por no entender las tendencias subyacentes en el cambio cultural. El usuario de los noventa quería llevar el mail consigo. El cliente de aseguradoras de hoy no quiere comprar seguros prediseñados para sus objetos cotidianos sino comprarlos a medida, sin rituales comerciales y cuando los estrena.

La canadiense WealthSimple, ganadora esta semana de un premio Webby a la mejor web financiera, está haciendo algo muy sencillo que la banca minorista nunca supo hacer: convertir la inversión en valores en algo «cool» renegando de cualquier explicación técnica y a las finales convirtiendo la gestión de carteras en una caja negra que el usuario no necesita conocer, solo disfrutar. Es otra aplicación del modelo Apple de producto cerrado que hace gala de ser opaco a un cliente que solo quiere ver resultados. Aceptémoslo: Linux es un producto que refleja como nos gustaría que fuera la clase media y profesional (transparente, sólido, flexible, universal, cargado de valores, socialmente útil y fiable); Apple hace productos para el modo de vida que la clase media entiende como deseable (vistoso pero rígido, muchas veces banal, casi siempre opaco y siempre, aún en lo masivo, pretendidamente elitista). Linux se ha convertido en el estándar de la industria, la inteligencia que corre bajo los sistemas fiables (desde Google a la NASA o la OTAN) pero Apple es el que ha triunfado entre los profesionales y la mesocracia. Seguramente en fintech lo inteligente es hacer productos «estilo Linux» para la banca minorista, pero para ganar al consumidor de productos financieros de clase media, el modelo triunfador está más cerca de WealthSimple.

Aplicaciones financieras

Los británicos recuperan parte de la confianza en las instituciones financieras pero se tornan más demandantes. A destacar: solo un 20% confía en su aseguradora.

En cuanto al sector en general, solo un 18% estaría satisfecho exclusivamente con servicios online. Sin embargo, uno de los puntos más interesantes es que la experiencia del online es mucho más valorada… aunque no gracias a los bancos y las aseguradoras, sino a los revendedores de productos financieros a través de apps y servicios webs que han sido capaces de generar una experiencia de usuario mucho mejor que la dada por el estándar de bancos y aseguradoras.

La principal ventaja de bancos y aseguradoras: la confianza sobre la seguridad de los datos personales. Un 86% percibe que sus datos personales están más seguros en un banco o aseguradora que en ninguna otra empresa o institución.

¿Qué demandan los clientes? Según Matt Hutchkins, director de UKI Assurance: personalización y nuevos canales. Y lanza un mensaje muy claro en el estudio: cuánto más sofisticado es el cliente, más digital es. Un marco que renueva la apuesta de Accenture por el «Robo-advice», el consejo robotizado en la atención al pequeño inversor y cliente de aseguradoras.

Satisfacción del cliente en banca

El estudio preguntó a 16 mil clientes por la satisfacción general con su banco, la importancia de disponer de canales específicos para la ejecución de diferentes tipos de transacciones y su comportamiento hacia el uso de productos y servicios de empresas Fintech.

Como conclusiones a destacar, el informe apunta que los clientes están experimentando innovaciones en un gran cantidad de actividades de su día a día, pero no con sus bancos. A pesar del aumento de protagonismo de las fintech el índice de satisfacción de cliente con su banco sube un 2,9% en relación al estudio realizado en 2015.

Cuota de mercado: Cerca de dos tercios de clientes a nivel global afirman estar usando productos y servicios de fintechs. 
Confianza: El 87.9% de clientes confía en gran medida o completamente en sus proveedores fintech. 
Conocimiento de marca: El 54,9% de los clientes es capaz de nombrar a su proveedor fintech, frente al 38,4% de clientes que conoce cuál es su banco
Previsión ejecutivos de banca: Las áreas de crecimiento de las empresas fintech están en tarjetas y pagos según el 84% de los ejecutivos de banca consultados. En segundo lugar, estarían los créditos a los que el 55% de los ejecutivos le ven un espacio potencial de crecimiento en manos de las fintech.

El informe apuesta por la alianza de bancos con empresas tecnológicas para el desarrollo de productos, y la definición del futuro de la tecnología en el ecosistema bancario.

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