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República de los Consejos de Baviera

Cuando en 1919 se formó la «República de los Consejos de Baviera», su moneda -que nunca llegó a emitirse- se llamó, no por casualidad «Freigeld», dinero libre. Libre de interés. Su creador: Silvio Gesell. Un socialista no marxista, católico, economista autodidacta y georgista, partidario de la nacionalización de la tierra y del fomento de la pequeña empresa privada. Un europeo influido por el populismo americano que, viviendo en Buenos Aires y sufriendo la crisis monetaria del 89 dedica su vida al aprendizaje y la crítica de la teoría monetaria. Comienza a publicar en el 91 y no para hasta su muerte en 1930. Keynes en la «Teoría General» le dedica unos párrafos cariñosos reconociendo en su trabajo «la mitad de una teoría sobre el tipo de interés» a falta de un análisis de la «preferencia por la liquidez», fundamental para entender la trampa de liquidez y los mecanismos de las crisis.

¿Qué encuentra Keynes en Gesell realmente interesante? Algo en lo que no puede dejar de identificarse: un socialismo de mercado que ve en el diseño de la política monetaria la forma de generar demanda efectiva. Porque, efectivamente, Gesell pretende «oxidar» el dinero, fomentar el consumo a través de una moneda cuyo valor se erosiona por el hecho de ser retenida, desincentivando la acaparación y aumentando el valor de las inversiones a largo plazo. Persiguiendo el sueño del «dinero sin interés» Gesell había creado en realidad una divisa «inflacionaria por diseño», una divisa con interés… negativo.

Poco después de la muerte de Gesell, en el pueblo de Wörgl, Austria, uno de sus numerosos seguidores, Michael Unterguggenberger (1884-1936), fue elegido alcalde. El pueblo tenía 200 familias sin ningún tipo de ingreso y 500 parados a los que había que sumar un millar más en las proximidades. Unterguggenberger tenía un magro capital municipal: 40.000 chelines austriacos. En vez de gastarlos los puso en un depósito bancario, emitió compromisos de pago con esa garantía y comenzó a pagar con ellos el trabajo en obras públicas locales. La nueva moneda local tenía un -1% de interés mensual, por lo cual quien cobraba con ellos sentía rápidamente el incentivo de gastarlos cuanto antes.

El resultado fue espectacular -el desempleo prácticamente desapareció y el pueblo mejoró notablemente sus infraestructuras públicas- y cientos de pueblos austriacos quisieron seguir el ejemplo. El conflicto con el Banco Central austriaco, que hizo entonces valer su derecho de monopolio en la emisión de dinero acabó con la prohibición legal de emitir «dinero de emergencia». Nacía la leyenda de las «monedas complementarias».

Crickhowell campaña impuestos

En 2015, en un pequeño pueblo turístico de Gales, Crickhowell, los orgullosos y pequeños comerciantes locales decidieron rebelarse y darle una lección al gobierno. Empezó con la apertura de un supermercado perteneciente a una gran cadena. El rechazo al gran distribuidor «de fuera» muchas veces procede de un localismo exacerbado, de un pueblerinismo cansino, pero en este caso, el tema era más interesante.

La idea de que una gran empresa -sea un hipermercado, una planta de ArcelorMittal o una sede de Google- se instale en tu territorio, creando cientos o miles de puestos de trabajo, incluso empleos cualificados, atrae a cualquiera, sobre todo a las administraciones públicas de las que depende que eso se haga realidad y que se llevarán los laureles por ello.

Sin embargo, todos sabemos que la instalación de esa empresa conlleva exenciones impositivas, acuerdos ventajosos para tarifas eléctricas, donaciones de suelo, edificios, etc. En muchos casos, esas negociaciones con la administración se convierten en puro chantaje por parte de las grandes empresas, que amenazan con llevarse su planta a otro lado, dejando a miles de trabajadores en la calle si no se les da lo que piden. A veces, simplemente la empresa factura desde un lugar fiscalmente ventajoso y por tanto no devuelve apenas en impuestos aquello que se regaló. El puesto de trabajo, al final, resulta bastante caro a la administración.

El trabajador de la gran empresa, dependiente por completo de las decisiones de los de arriba, quizá preferirá que se ceda al chantaje. El pequeño empresario, sin embargo, que mientras sostiene al país con sus impuestos ha de sufrir los abusos del Estado, los precios del suelo y luchar por que la factura de la luz y los impuestos no lo arruinen, puede no verlo de la misma manera.
Volviendo a Crickhowell, todo empezó con la preocupación de los pequeños comerciantes locales por una pérdida de clientes ante la llegada de la gran superficie, un viejo debate. Pero la cosa se puso seria cuando éstos descubrieron que la gran cadena no pagaba apenas impuestos gracias a ciertos mecanismos legales de elusión propios de las grandes empresas multinacionales. La indignación pasó a mayores al enterarse de que esta empresa no era una excepción. Cuando uno de ellos descubrió que su pequeño comercio pagaba (proporcionalmente) 7 veces más impuestos que Facebook, decidieron pasar a la acción.

Los pequeños comerciantes locales se unieron. A la cabeza estaban la cafetería, el ahumador local de salmones, la óptica, la tienda de ropa de aventura, la panadería y la librería. Juntos, diseñaron un plan de impuestos DIY que presentaron ante el HMRC (Her Majesty’s Revenue and Customs) y que imita las prácticas de elusión (que no evasión) de grandes empresas como Google, Facebook, Apple, Starbucks o Caffe Néro en Gran Bretaña. Todo legal. El objetivo real, era, sin embargo, que la BBC filmara todo el proceso, que incluyó visitas de los comerciantes a la Isla de Man o a las islas Caimán. El resultado fue un documental, «The Town That Took On The Taxman», que se emitió en BBC 2 en 2016, con la idea de ampliar la campaña de protesta a nivel nacional.
Todos afirmaron que no tienen nada en contra de pagar impuestos y que siempre han pagado hasta el último céntimo exigido por la ley. Lo que no estaban dispuestos a dejar pasar por más tiempo, es que sus competidores más grandes y poderosos jugaran con ventaja mientras ellos financiaban los servicios públicos.

El popular cómico británico, Heydon Prowse, presentador del documental, comentó que «tan pronto como se tapa un agujero en la ley contable, se abre otro. Los comerciantes de Crickhowell están hartos y cansados de soportar la carga de todo el sistema. A ellos no les invitan a esas reuniones íntimas con los jefazos del HMRC, a las que sí van las grandes corporaciones, y sin embargo son la columna vertebral de la economía británica».

Aunque pagar proporcionalmente lo mismo que Google debe producir un gran placer, su innovador plan fiscal no dejaba de ser una reivindicación, una petición para que el gobierno haga más justo el sistema de pago de impuestos para las empresas. Esa fue la razón última del documental y también de su amenaza de compartir ese conocimiento con otras localidades, para dar lugar a una verdadera rebelión fiscal.

Unos meses después de que saltara la noticia, justo antes del estreno del documental, el grupo de comerciantes volvió a aparecer en los medios de comunicación denunciando las presiones de los tories, en concreto del diputado conservador por Gales Lord Crickhowell, que según declararon, se había puesto en contacto varias veces con ellos para instarles a abandonar su campaña y apoyar al ministro Osborne, que según él era una víctima más de un sistema fiscal injusto pero inevitable.
En uno de los e-mails, Lord Crickhowell llegó a amenazar con no apoyar un debate parlamentario sobre el sistema fiscal si el grupo no modificaba su estrategia. Después de una reunión presencial con él, Steve Lewis, dueño del Café del pueblo y líder del grupo en ese momento, se quejó de su condescendencia, su paternalismo y sus aires de superioridad, tratándoles «como a una banda de campesinos que no entienden como funciona ‘el gran juego’».

Lewis afirmó entonces que el resto de comerciantes consideraba el estreno del documental como el final de la campaña mientras que él lo consideraba el principio. Estaba dispuesto a llegar a los tribunales incluso si ello suponía perder el apoyo del resto del grupo. El referendum del Brexit cambió el foco de la atención mediática poco después. La plataforma de recogida de firmas «Fair Tax Town» sigue activa.

Grupo de protesta

En las últimas semanas diversos medios han publicado información sobre el comportamiento fiscal para sus operaciones en Europa de las multinacionales tecnológicas. Los conocidos bajo el acrónimo GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) mantienen una importante diferencia entre el volumen de facturación generado por su actividad y su contribución vía impuestos en los países que operan.

Según datos recabados por Ibercampus para las grandes empresas de la economía digital,

«la imposición sobre ventas dentro de los EEUU no llega en la mayoría de los casos al 20% y en los beneficios tampoco al 50%, pese a las reducciones impulsadas para evitar la deslocalización. Pero en el resto del mundo los impuestos tienden a quedarse para la mayoría por debajo del 2,3% de las ventas y del 10% de los beneficios. »

Impuestos pagados por multinacionales digitales

Son dos los movimientos importantes a los que debemos atender:

  1. A iniciativa de Francia, los ministros de economía de Alemania, Francia, Italia y España han dirigido una carta al jefe del Eurogrupo para parar de una vez con las escandalosas prácticas de elusión fiscal de las grandes tecnológicas americanas, e invitan a sumarse a todos los países «que opinen lo mismo que ellos». Todo esto lo hacen, conscientes de que la ingeniería tributaria de los gigantes tecnológicos está sólidamente cimentada en las políticas de los estados miembros, por lo que no se presumen motivos para cambiar de comportamiento sin que exista obligación para ello.

    Durante la reunión de Tallin, 10 países han suscrito la iniciativa para la creación de una tasa sobre la facturación de las empresas tecnológicas. En contra se han manifestado Reino Unido, Irlanda, Luxemburgo, Chipre, Malta y República Checa

  2. El intercambio automático de información fomentado por la OCDE por fin se pone en marcha. Este mes la Agencia Tributaria recibirá información de residentes con cuentas bancarias en 53 países (Barbados, Bermudas, Guernsey, Islas Caimán, Luxemburgo, Liechtenstein y la Isla de Man, entre otros) y el año que viene de otros 47 países entre los que se incluirán Suiza y Andorra.

Además, las multinacionales españolas con más de 750 millones de euros de facturación deberán informar a la AEAT antes de fin de año de los impuestos pagados en 2016 en cada país, y de su actividad. Esta obligación también afecta a las filiales de empresas extranjeras en nuestro país (con una cifra de negocio superior a este umbral).

Obama y Bo

Publicado exactamente un mes antes de cambio de gobierno pretende quedar como parte del «legado» Obama y mostrar altura de miras histórica. Sin embargo, se percibe también la falta de un sustrato teórico suficiente para entender los cambios que anuncia más allá de los deseos.

El informe sugiere que los diseñadores de políticas deben prepararse para cinco efectos económicos primarios:

  • Contribuciones positivas al crecimiento agregado de la productividad;
  • Cambios en las habilidades demandadas por el mercado de trabajo, incluyendo una mayor demanda de habilidades técnicas de alto nivel;
  • Distribución desigual del impacto, a través de sectores, niveles salariales, niveles educativos, tipos de trabajos y ubicaciones;
  • Agitación del mercado de trabajo a raíz de la desaparición de determinadas profesiones mientras sigue activo el proceso de creación de otras nuevas; y
  • La pérdida de puestos de trabajo para algunos trabajadores en el corto plazo, y posiblemente más tiempo en función de las respuestas políticas.

En términos generales, el informe sugiere tres estrategias para abordar los impactos de la automatización impulsada por la AI en toda la economía estadounidense:

  • Invertir y desarrollar la IA dados sus beneficios;
  • Educar y capacitar a los estadounidenses para los trabajos del futuro;
  • Ayudar a los trabajadores en la transición ofreciendo capacitaciones a los trabajadores que aseguren un crecimiento equilibrado.

Cómo funciona un libro de registro distribuido

La idea de Nakamoto era construir una criptodivisa que no necesitara un registro central, su solución fue el acceso de todos los agentes al registro de transacciones. Dejando de lado el aspecto criptográfico -el verdadero aporte de Nakamoto- la dinámica resulta relativamente sencilla: todos los agentes tienen una copia del registro completo de transacciones y cada agente recibe noticia de cada nuevo grupo de transacciones (bloque) que se realiza con la moneda. Cuando una transacción tiene lugar las partes involucradas la validan y el registro de esa operación (un nuevo bloque) es añadido a la cadena. El registro total no es más que una sucesión cronológica de esos bloques, una «cadena de bloques».

Facebook ha anunciando que comenzará a aplicar un nuevo modelo fiscal para las actividades globales de la compañía. Durante los últimos meses, el escándalo sobre la baja imposición a la que se someten los GAFA (Google, Amazon, Facebook, Apple) ha ido in crescendo. La Unión Europea, la OCDE y EE.UU. han comenzado a impulsar una serie de medidas encaminadas a limitar las prácticas fiscales a la vista del consenso entre países miembros -en el caso de la UE y la OCDE- por un lado y la demanda de empresas y ciudadano que ven como un agravio la disparidad entre sus aportes y las de los gigantes tecnológicos.

Como ejemplo, Facebook Spain opera en España como prestadora de servicios de venta y marketing, no como comercializadora de publicidad. Este objeto social le permite trasladar la facturación de todas las ventas publicitarias a Dublin y, pese a su evidente peso, declarar unas pérdidas de 486.917 euros en el ejercicio de 2016. En consecuencia, la tecnológica únicamente ha pagado 491.000 euros por impuesto de sociedades desde 2012.

Tal vez sea esa presión una de las razones que ha impulsado a Facebook ha cambiar su forma de organización y crear una estructura en cada uno de los países donde desarrolla actividad comercial. Esta decisión significa renunciar a los flujos compensatorios entre filiales y matriz para ajustarse al marco fiscal regulatorio que corresponda a cada una de sus sedes.

Según expresaba el comunicado de la compañía

…en términos simples, esto significa que los ingresos publicitarios generados por nuestros equipos locales ya no serán registrados por nuestra sede internacional en Dublín, sino que serán registrados por nuestra compañía local en ese país

El propio director financiero de Facebook afirmaba que el paso a una estructura de venta local va a proporcionar más transparencia al conjunto de operaciones respondiendo así a las peticiones formuladas por autoridades gubernamentales y organismos multilaterales. La implementación de las medidas se realizará a lo largo de 2018 y se espera que esté operativa para 2019. Las oficinas de Dublín continuarán siendo su sede internacional.

Aunque sin tanta atención mediática, Microsoft no ha tardado en anunciar que hará lo mismo y, al parecer, con más contundencia: no «a lo largo de 2018» como Facebook, sino «desde el primer trimestre de 2018».

Es importante recordar que si ahora se calcula que los GAFA pagan entre un 1 y un 3% de impuestos por sus beneficios, casi todos ellos han triplicado su aportación desde 2015, lo que nos permite hacernos una idea de lo que pagaban hace 4 años.

Estos movimientos nos muestran una nueva cara de la guerra comercial. Con Trump en una decidida política para equilibrar balanzas comerciales país por país, Europa no tiene más remedio que dar un puñetazo encima de la mesa y empezar a presionar a las grandes tecnológicas para que paguen lo que deben, sobre todo cuando la presión interior cada vez es mayor.

Facebook y Microsoft son, probablemente, los adelantados en una tendencia que pretende adelantarse a acciones más contundentes por parte de la Unión Europea contra el abuso de las empresas norteamericanas.

Cornucopia - Teoria Monetaria Moderna

Warren Mossler es el Pierre Menard de la Teoría Económica. Piere Menard es aquel personaje de Borges que escribió el Quijote. Lo escribió porque siglos después y con sus propias inspiraciones, se le ocurrió como una obra original, no porque lo copiara.

En 1993 Mossler, un exitoso «fixed income money manager» en West Palm Beach, comenta las claves de su éxito con Donald Rumsfeld mientras descansan en una sauna del Racquet Club de Chicago. Rumsfeld se queda sin argumentos frente a la idea central de Mossler: el gasto público no está limitado por los ingresos y no debe estarlo ante un gobierno con soberanía monetaria que ve en los impuestos no un ingreso necesario para presupuestar el gasto sino solo una palanca con la que controlar el consumo de las familias y modular la inflación. Es Abba Lenner de nuevo. Solo que ninguno de los dos sabe siquiera que Lenner existió ni qué dijo. Rumsfeld le pone a trabajar en escribir todos esos argumentos y le asigna un equipo. Nacen así los primeros folletos de lo que más tarde será la MMT (Teoría Monetaria Moderna).

Los folletos llegan unos años más tarde a dos académicos jóvenes post-keynesianos: Bill Mitchell, que le dará nombre y L. Randall Wray -un discípulo de Minsky. Ambos hacen parte de una generación de profesores, que ya había dado nombres conocidos globalmente como Steve Keen, que desde las antípodas de los centros decisorios de la economía global empiezan a pensar que el keynesianismo necesita convertirse en un movimiento social si quiere volver al mainstream. Estábamos en las dos décadas de crecimiento exponencial de Internet.

Y la oportunidad llegó con la crisis. Las claves: una fórmula para volver a las políticas de pleno empleo y una nueva concepción del dinero. Para la TMM el dinero no es una mercancía, es tan solo un crédito fiscal. Tampoco es que sea una idea original, puede trazarse sin problemas hasta los años 20. El mismísimo Alexander Bogdanov, el famoso opositor «empirocriticista» de Lenin en la socialdemocracia rusa, lo esboza en 1924 en una de sus novelas de ciencia ficción. Pero a Bogdanov tampoco lo habían leído Mossler ni Rumsfeld y probablemente tampoco ni Mitchel ni Wray.

Pero no es solo un fenómeno americano, en Europa aplicar la TMM significaría salir del euro o construir un gobierno económico europeo con capacidad real para hacer transferencias entre regiones a gran escala. Para un espectro político de referencias vaporosas y electorados tormentosos, la TMM puede ser un asidero tan potente y flexible como en su día el keynesianismo lo fue para la socialdemocracia y la democracia cristiana. De momento, referencias y definiciones de la TMM han calado ya textos teóricos oficiales del Banco de Inglaterra y del Banco Central Alemán.

Pero el fuerte del movimiento está en la esfera pública, en su capacidad para permear la cultura con nuevos medios. «The Nation» dedicaba en mayo de 2017 un largo artículo al «atractivo rockero de la Teoría Monetaria Moderna». El artículo no se molestaba en describir las tesis principales, pero aseguraba que «describe la forma en que funciona el dinero de un modo tal que un niño de ocho años lo capta antes que alguien con un doctorado, lo que es en sí inquietante». Cita a Jamie Galbraith -hijo del que fuera economista de cabecera de toda una generación- para remachar que «el relato [de la economía que hace la TMM] es muy persuasivo» y se centra en el fabuloso ascenso, a fuerza de ciberactivismo y blogs, de lo que era un grupo de economistas post-keynesianos -y por tanto maltratados académicamente- a la influencia social y política.

Y para muestra Stephanie Kelton, la carismática «chief economist» de Sanders en las primarias que lo es también del comité de presupuestos del Senado de EEUU. Kelton representa un nuevo ideal de economista que va más allá del teórico comprometido y polemista, institucional y mediático al estilo de Krugman o Stiglitz. Kelton no vive en un campus neogótico sino en una casa suburbana desde la que entra por videoconferencia en platós y debates públicos; no lidia con las pleitesías de la Ivy League porque es profesora en una Universidad pública con más de un 70% de admisiones, Mizzou; y no firma informes «de expertos» porque se mete en campaña y aplica el mismo tono pedagógico y sensato en la televisión que en sus clases.

Y es que llegados a este punto, la TMM ya no es -ni exclusiva ni principalmente- un objeto de debate académico, sino un arma de batalla política; ya no es heterodoxia, sino «mainstream» alternativo. Y lo es precisamente porque ha superado la barrera del debate teórico y a día de hoy es la promesa de un nuevo «keynesianismo»: una forma estatocéntrica de entender el dinero, útil para el tipo de políticas que cada vez más generadores de opinión, más allá de divisorias económicas, creen que hay que hacer para salir de la crisis.

Bitcoin

En 2009 asistíamos al nacimiento de bitcoin y las criptomonedas. Poco importa que la ideología de fondo sea la opuesta a la del localismo socializante de Gesell y Lietaer. Poco importa que Bitcoin -y después todas las criptomonedas desarrolladas a partir de blockchain, el corazón algorítmico de bitcoin- sea la negación de todo lo aprendido en dos siglos sobre la teoría monetaria. Para el gran público es una esperanza y es eso lo que le da existencia social. Visto desde 2017 podríamos decir sin equivocarnos que bitcoin fue la primera «postverdad» del mundo que se estaba gestando. Un brote inevitable en el terreno abonado del postmodernismo económico para el que no hay teorías a contrastar sino relatos a confrontar o elegir según definamos la identidad -sexual, étnica o ideológica- del hablante.

Porque por supuesto, ningún economista serio se llamaba a engaño. Se trataba de la versión electrónica del mismo patrón oro al que se culpaba de las últimas grandes crisis decimonónicas. Krugman, en un famoso artículo aseguraba:

«Bitcoin has created its own private gold standard world, in which the money supply is fixed rather than subject to increase via the printing press»

Para sus defensores y creadores sin embargo ese era el 50% de su atractivo: quitarle al estado el monopolio de la moneda sustituyendo las divisas nacionales por una moneda deflacionaria por diseño y por tanto útil, de extenderse, como activo financiero. ¿Probabilidades de éxito? Muchas en cuanto el dinero negro entendiera la otra causa por la que la alt-right libertaria americana adoraba al nuevo fetiche electrónico: su intrazabilidad. Una moneda anónima, mejor aun, toda una familia de monedas, a salvo de las investigaciones fiscales, óptima para todo tipo de comercios ilegales. En sí una forma de activismo libertario tan potente que acabó recuperando «joyas perdidas» del underground ultraliberal de los ochenta para ganar su propia marca ideológica: «agorismo».

El mercado especulativo tardó un poco más en darse cuenta. Hizo falta antes que el submundo de los mercados negros chinos, venezolanos o argentinos lo utilizaran masivamente para burlar limitaciones a las transferencias y cambios regulados. Por si eso no bastaba, las ruidosas intervenciones del FBI contra la venta de drogas online acabaron de convencer a propios y extraños de la intrazabilidad de las nuevas divisas. Apostar por bitcoin como activo, con todas sus volatilidades, se convirtió en sinónimo de apostar a que el dinero negro global lo utilizaría cada vez más como depósito. Hoy, a pesar de tener más volatilidad que ninguna gran divisa, sigue revalorizándose espectacularmente semana tras semana.

Monedas locales

Los primeros años de la crisis producen una sensación de colapso no solo económico sino intelectual. Una nueva generación despierta a la vida adulta en un mundo en el que la teoría económica, los partidos tradicionales y sobre todo, los valores y rutinas de pensamiento de la «gran moderación» son puestos en cuestión, cuando no descartados sin más como responsables de una gigantesca promesa incumplida.

Los «Tea Party», «Occupy» y «15M» serán precedidos de una verdadera emergencia de un underground mínimamente reciclado que por primera vez será atendido por audiencias masivas. Libros como «Debt: the first 5000 years» de David Graeber, documentales online como «Money as debt» o el conspiranoico Zeitgeist (2008) se convertirán en fenómenos de masas y referencias comunes.

Y entre todos ellos, uno llegado un poco antes de tiempo: «The future of money» (2001) de Bernard Lietaer, el último epígono de Gesell, teórico y promotor de las monedas locales.

¿Qué ha pasado mientras tanto? La crisis ha condenado a la insolvencia a familias cargadas de deudas, los déficits públicos se multiplican para paliar la violencia de los primeros estadios de la crisis y salvar un sistema financiero en sus más tormentosos momentos. Los bancos cierran el grifo del crédito llevando contra las cuerdas a una masa de PYMEs que sustentan la mayor parte de puestos de trabajo.

La percepción social ve en los rescates bancarios, las reformas y regulaciones a medida de los «campeones nacionales» y la práctica exoneración fiscal que el sistema europeo permite a los gigantes de Internet demostraciones de que el estado no juega con los pequeños a los que ha dejado «solos ante el peligro». No hay que olvidar que, de media, la facturación de las PYMEs se ha reducido en España un 31% entre 2007 y 2014 mientras que en el mismo periodo las grandes empresas aumentaron su facturación en un 17%.

En ese marco de realidades y percepciones es inevitable el giro hacia lo local. Lo local como sinónimo de auténtico, de pequeño, de identificable. Muchos se preguntan si por sí mismos no podrían conseguir aquello que el estado y la banca han dejado de proveer a la economía productiva de pequeña escala: liquidez para financiar la actividad diaria e impulso de la demanda local. Lietaer les dice que sí y bajo el argumentario giselliano late una Economía con visos de sensatez y ejemplos históricos comprobables. El efecto es inmediato: congresos, conferencias, émulos y admiradores; televisiones públicas y privadas se llenan de documentales sobre las nuevas monedas que florecen por toda Europa.

Solo hay un pequeño fallo: la gran mayoría de ellas no son «oxidables», no están garantizadas por un fondo y no tienen un gobierno aceptándolas y entregándolas como medios de pago. Son poco más que bonos de equivalencia, «mortadelos» y «grupones», cuando no formas atractivas de recaudar donaciones de forma encubierta. Lietaer no puede identificarse más allá de las declaraciones tácticas ni dejar de pensar que el viejo Gesell se tiraría de los pelos. Pero el debate sobre el dinero se ha establecido como algo legítimo y la brecha cultural se ha abierto.

El 30 de agosto de 2016, Bruselas concluyó que las ayudas fiscales concedidas por Irlanda a Apple no eran legales y que debía recuperar 13.000 millones de euros que había dejado de cobrar por permitir en su territorio maniobras de elusión fiscal.

Según la comisaria europea Margrethe Vestager, un año después de adoptada la decisión Irlanda no ha movido un dedo. El plazo para que Dublín cumpliera expiró en enero de 2017, cuatro meses después de la comunicación, un plazo normal en este tipo de procedimientos. Ante la inacción del gobierno irlandés, Bruselas ha comunicado hoy su decisión de denunciar a Irlanda ante la Corte Europea de Justicia

Bruselas lamenta que hasta que el dinero no sea ingresado en las arcas públicas, Apple se seguirá beneficiando de una posición injusta respecto a otras empresas. Y a pesar de que hay constancia de que el Gobierno irlandés «ha hecho progresos en el cálculo exacto de las ayudas ilegales concedidas, no planea terminar los trabajos antes de marzo de 2018 como pronto, algo que la comisaria considera «inaceptable».

Irlanda, que califica la denuncia de «lamentable» defiende su sistema fiscal y no quiere ingresar ese dinero, por lo que ha recurrido ante la Justicia Europea la decisión de Bruselas. Las normas comunitarias, sin embargo, indican que aunque haya un recurso en marcha, el dinero ha de ser recuperado, pudiendo ser depositado temporalmente en una cuenta bloqueada.

La UE no puede imponer multas por el retraso del cumplimiento hasta que haya una sentencia del Tribunal al respecto, algo que suele llevar cerca de dos años desde que arranca el proceso.

Fiscalidad GAFA

En las próximas horas se espera que la Comisión Europea cuantifique la cantidad exigida a Amazon por utilización de diferentes tipos de estrategias para reducir su base imponible de cotización y reducir su carga fiscal en la Unión Europea.

Esta decisión se enmarca en el criterio adoptado por la UE en 2014 con el objetivo de impedir que estados miembro concedan acuerdos de favor a grandes multinacionales. Como se ha visto recientemente en casos como el de Google o Apple, la tecnológicas se han caracterizado por adoptar mecanismos varios para camuflar a través de ventas de mercancías y servicios entre empresas de un mismo grupo los beneficios obtenidos de su actividad. A consecuencia de ello, la relación entre la actividad económica real de las empresas y su base imponible existe un desajuste cuanto menos importante.

Los países en los que se han detectado este tipo de acuerdos incluyen a Irlanda, Holanda y Reino Unido además de Luxemburgo.

En el caso concreto de Amazon, la diferencia encontrada tras realizar un análisis a sus cuentas se concentra en el pago de unos 500 millones de euros anuales en concepto de regalías que la sede europea de la empresa, Amazon EU Sarl de Luxembrugo paga a otra filial de la empresa también en Luxemburgo pero que no es sujeto fiscal en el país. El concepto de las regalías son los derechos por el uso de propiedad intelectual. Como la segunda empresa a la que se paga no es sujeto fiscal, de hecho la transferencia de ingresos sirve para reducir los ingresos sujetos a tributación. Para la CE este pacto societario es «cosmético» y por otro lado los cálculos fiscales de Luxemburgo no se ajustan a los principios contables internacionales.

En una década las empresas del grupo que operan en Europa pagaron a la cabecera unos 4.000 millones de euros en regalías por utilizar el nombre y el conocimiento de Amazon. En el mismo periodo las operaciones europeas de Amazon registraron un beneficio de 11 millones de euros sobre ingresos totales de 60.000 millones de euros. Amazon repatrió a Estados Unidos 1.000 millones del total de regalías que quedó sujeto a impuestos y dejó flotando en el extranjero los otros 3.000 millones.

Actualización:
La Unión Europea estima la cifra exigible a Amazon en 250 millones de euros más intereses, aunque puntualiza que debe ser Luxemburgo el que determine la cifra exacta.

El Gran Ducado, por su parte, ha reaccionado de forma inmediata: «Tomamos nota de la decisión de la Comisión Europea. Usaremos los procedimientos apropiados para analizar la decisión y nos reservamos todos nuestros derechos», explica el Ministerio de Finanzas en un comunicado. «La decisión de la Comisión hace referencia a un periodo que se remonta a 2006. Desde entonces, tanto el marco legal luxemburgués como el internacional han evolucionado. Como Amazon ha tributado de acuerdo a las normas fiscales de la época, Luxemburgo considera que la empresa no ha recibido ayuda ilegal de Estado. Hemos colaborado totalmente con la investigación y estamos comprometidos con la transparencia y la lucha contra la dañina evasión fiscal», añade el ministerio.

Por su parte, la empresa defiende que ha respetado todas las leyes. «Creemos que Amazon no ha recibido ningún trato especial de Luxemburgo y que pagamos impuestos en plena conformidad con la legislación tributaria luxemburguesa e internacional. Estudiaremos la decisión de la Comisión y consideraremos las opciones legales, incluyendo una apelación.

Inteligencia Artificial

Los chatbots se han incorporado a la industria del seguro, hasta ahora, de forma mayoritaria en áreas de gestión administrativa y reclamaciones. Tras estas primeras experiencias las empresas estudian cómo incorporar la inteligencia artificial a procesos más complejos como la toma de decisiones.

Seguramente los chatbots con mayor repercusión han venido de la mano de nuevas empresas fintech e Insurtech; es el caso de Lemonade, que tiene a Maya, para suscribir pólizas y a Jin, que se encarga de las reclamaciones. En Europa, SPIXII, se ocupa de la venta de pólizas de automóvil, el nuevo asistente virtual, Kate, puede contestar preguntas sobre coberturas de la póliza y dar información sobre facturas y cargos. Entre las aseguradores tradicionales, Allianz utiliza a Allie para dar asistencia 24/7, Marc es el robot de Credit Agricole para el seguro de salud.

Sin embargo son muchas las que todavía no han dado sus primeros pasos en este mundo y, antes de hacerlo, hay algunas consideraciones básicas a tener en cuenta:

  • Análisis de las cadenas de valor de los seguros para identificar los procesos susceptibles de automatizar.
  • Estudio de las implementaciones realizadas por la competencia, ya sea la empresa tradicional o los nuevos agentes.
  • Desarrollar una estrategia de transformación digital que incluya: objetivos y finalidades; diseño de arquitectura tecnológico; forma de implementación, rediseño de procesos de trabajo, transformación de la cultura corporativa, comunicación a clientes, proveedores, y comunicación pública.
  • Primar al máximo el lenguaje natural de los nuevos empleados-robot.

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